¿ES EL MOMENTO DE LA BOLETA ÚNICA PAPEL?

El contexto de pandemia ha obligado a todos los países que tenían previsto llevar adelante su calendario electoral durante este año, a adaptarse a la nueva coyuntura para garantizar las mejores condiciones en las que la ciudadanía concurre a las urnas para evitar exponerla a posibles contagios, adaptando y agilizando los procedimientos y extremando las medidas de seguridad e higiene con protocolos especialmente diseñados para garantizar el derecho al sufragio de la ciudadanía.

¿Qué medidas podría adoptar nuestro país para  garantizar que las próximas elecciones de medio término sean libres, transparentes y viables desde el punto de vista sanitario?

En esta oportunidad, compartimos el articulo de Jorge Zàrate, abogado por la Universidad Nacional del Litoral y estudioso del Derecho Constitucional, Electoral, Político y Parlamentario, donde se pregunta si en nuestro paìs no es hora de implementar a nivel nacional la Boleta Única Partidaria.

¿Es el momento de la Boleta Ùnica Papel?

*Por Abog. Jorge Zarate

Siempre lo es. Pero hoy, más que nunca, es el momento de darle una oportunidad a la Boleta Única en formato papel. Es tiempo de su debut, que descuento sería exitoso, en las elecciones nacionales 2021.

La Cámara Nacional Electoral, como ya lo ha hecho antes, pone nuevamente sobre la mesa la posibilidad de contar con la Boleta Única papel para la próxima competencia electoral.

El escenario de pandemia (o, con suerte, de pospandemia) y la necesidad constitucional y democrática de llevar adelante elecciones libres, seguras y transparentes, a la vez que sanitariamente “viables” en estos posibles contextos epidemiológicos, ha llevado a la CNE a tomar y recomendar ciertas medidas a la hora de pensar en la organización y desarrollo del proceso electoral del año que viene (Acordada  33/20).

Si bien en ese documento no se menciona expresamente esta preocupación, se sabe que la CNE está realizando consultas con especialistas y que todas las fichas están puestas en la posibilidad de adoptar el mecanismo de Boleta Única papel, aunque ello no depende directamente del organismo electoral, sino de la voluntad y los acuerdos políticos a que puedan arribar los Poderes Ejecutivo y Legislativo para sancionar una norma legal en ese sentido.

A la hora de sopesar pros y contras de su implementación, y de las ventajas comparativas respecto de la BUElectrónica, esta cuestión – la sanción de una ley que la establezca como mecanismo de votación para las elecciones nacionales (renovación de ambas Cámaras)-, puede jugar a favor de la BU papel, en tanto solo requeriría de la modificación de unos pocos artículos del Código Electoral, que refieren a la oficialización de boletas. La BUE, mas allá de las opiniones desfavorables que recoge desde diversos ámbitos y de las dificultades que se vienen verificando en los procesos electorales en que se aplica, implicaría una modificación sustancial del proceso, con aplicación de tecnologías, desarrolladas por empresas ajenas al Estado, siendo este ítem el mas resistido y el que mas cuestionamientos recibe por parte de los especialistas en TICs, en derecho electoral y desde los partidos políticos. La transparencia de la elección, su auditabilidad, su simpleza y el resguardo del secreto del voto le dan otro punto a favor a la Boleta Única papel.

BUpapel 2 – BUE 0.

¿Podría mantenerse para 2021 el mecanismo de votación de la boleta partidaria, tal como sucede hasta ahora, a nivel nacional?. Ciertamente. Pero esta coyuntura de excepción, social, política, epidemiológica-sanitaria y económica, en mi opinión, permite sostener que,  razonable e indefectiblemente debería comenzar a pensarse, con la debida anticipación, en la adopción de la Boleta Única en formato papel.

Todos aquellos males, inconvenientes o cualidades negativas que históricamente se le endilgaron a la boleta partidaria, se actualizan en este nuevo escenario dominado por la prevalencia y persistencia de la pandemia, que repercute necesariamente en el proceso electoral en ciernes. Y esa repercusión condiciona, negativamente, dos aspectos centrales de este, o de cualquier otro, proceso electoral. Por un lado, el más “sensible”, el aspecto humano. Por el otro, la no menos importante cuestión económica. Y cuando refiero a la cuestión económica no lo hago desde la visión simplista de “cuanto cuesta la política”,  “cuanto nos cuesta a los argentinos la democracia” o razonamientos por el estilo.

La democracia cuesta lo que tiene que costar. Fin de la discusión.

Decía irónicamente Clemenceau que “Gobernar dentro de un régimen democrático sería mucho más fácil si no hubiera que ganar constantemente elecciones.” Pero las elecciones  son el medio por el cual el pueblo soberano elige a quienes gobiernan. Son, pues, la esencia misma de la democracia. Y sin hombres y mujeres que elijan o sean elegidos/as por las mayorías, la democracia no existiría.

Con esta idea, tenemos que entender que, como comunidad organizada, regida por la Constitución y las leyes, debemos obediencia a ellas, y aun más en esta nueva realidad que nos toca en suerte. La Constitución conserva toda su fuerza obligatoria, y es ella la que ordena realizar las elecciones. Toca a quienes gobiernan definir el cómo.

En esa definición les cabrán a los gobernantes dos enormes responsabilidades: garantizar plenamente los derechos políticos electorales de toda la ciudadanía a través de elecciones transparentes y seguras que legitimen la voluntad popular, y velar por la salud de aquel por el cual esas elecciones adquieren sentido y trascendencia: el pueblo. La preservación de la salud pública adquiere, en esta oportunidad, una relevancia mayúscula

Los procesos electorales y sus instancias previas implican la afectación de miles de ciudadanos a la realización de tareas propias de organización y desarrollo de aquellos (funcionarios, empleados de organismos electorales, representantes de partidos, autoridades de mesa, fiscales, fuerzas de seguridad) y  la participación, además, el día de los comicios, de todos los electores. Luego de eso, además, todo el operativo de despliegue logístico previo a los escrutinios, y los escrutinios mismos.

La escasez de recursos económicos obliga, en esta particular situación, a asignar estos, preferentemente, a protocolos dirigidos a la protección de la salud de la población, sin que ello implique dejar de atender a las erogaciones que demandan la organización y el desarrollo del proceso electoral.  Deberán considerarse seriamente, entonces, opciones que permitan llevar adelante elecciones seguras con recursos limitados.

Y así, entre la boleta partidaria y la Boleta Única papel, la decisión es, creo yo,  simple y fácil:

La complejidad que representa la boleta partidaria versus la simpleza de la Boleta Única Papel

El costo económico de la boleta partidaria, que incluye la asignación de millones de pesos a los partidos políticos, destinados a su impresión, distribución, utilización en campaña, y en cantidades equivalentes a varios padrones nacionales (aunque la ley establece que la DiNE solo entrega fondos para 1,5 padrones por partido), multiplicado por dos elecciones y cientos de listas, versus los costos reducidos de la Boleta Única Papel, con impresión y distribución a cargo del propio Estado, custodiadas por el Estado y en cantidades acotadas a lo sumo al equivalente a un padrón y poco más, en conjunto, para todos los partidos.

Los varios cuerpos o categorías de boleta partidaria para cada partido versus todos los candidatos de cada categoría electiva de todos los partidos en  una sola Boleta Única.

A esta “conveniencia económica” de la Boleta Única que va, no en desmedro o perjuicio de la transparencia, seguridad y legitimidad del proceso eleccionario, sino mas bien a favor de ellas, se le pueden sumar otras bondades comparativas que, sin duda, pueden coadyuvar, en conjunto con otros protocolos, a reducir los riesgos sanitarios que representan estas actividades, tanto previas a la elección, como contemporáneas y posteriores a ellas.

La centralización de la impresión de Boletas Únicas reduce notoriamente los ámbitos en que ello se lleva a cabo, con la consiguiente reducción de personas abocadas a esa tarea, a su control, manipulación y distribución.

Ello simplifica las tareas de control sanitario de las personas, de sanitización/desinfección de instalaciones, elementos de trabajo y de las propias boletas, y, de ser necesario, la trazabilidad de potenciales casos sospechosos y/o contagios

El “manoseo” de boletas partidarias, y los riesgos de transmisión de la enfermedad, especialmente en este caso puntual en que las recomendaciones básicas para evitar contagios se centran en el lavado de manos, se reducen casi absolutamente con la Boleta Única Papel. Se evita la entrega domiciliaria o callejera de boletas para la campaña. En las mesas de votación, las Boletas Únicas les llegan a sus autoridades dentro de las urnas, con todas las medidas de higiene aseguradas y son manipuladas solo por el presidente de mesa y por cada elector. Las boletas partidarias son llevadas a cada mesa por los fiscales de partidos, y una vez en el cuarto oscuro pueden ser manipuladas por muchos electores.

Podemos seguir enumerando beneficios de la implementación de la Boleta Única Papel, pero lo dicho basta para mostrar y demostrar que la considerable reducción de costos que significa este sistema o mecanismo en relación con la boleta partidaria, como dije antes, no va nunca en detrimento de la calidad institucional, ni de la transparencia e integridad de las elecciones, sino a favor de ellas  y de una mejor y mas eficiente asignación de los recursos del Estado (todos nosotros) y del necesario redireccionamiento y aplicación de ese ahorro (que en definitiva no lo será, dicho esto para aquello que piensan en que hay que retacear recursos) a otras acciones, protocolos y medidas de seguridad, sanitarias y epidemiológicas, que refuercen y aseguren lo hecho hasta ahora, para garantizar aquellos dos objetivos iniciales: la salud pública y la realización de elecciones democráticas, transparentes, integras y seguras.

 

Articulo publicado en electorando.blogspot.com