Manuel Alcántara: “EL SISTEMA POLÍTICO DEMOCRÁTICO ES EL ÚNICO QUE SE EROSIONA A SÍ MISMO”

Tuvimos la oportunidad de entrevistar Manuel Alcántara durante el V Congreso Colombiano de Ciencia Política, realizado en agosto pasado en la ciudad de Medellín. Conversó sobre diversos temas de interés para América Latina, los estudios de Ciencia Política en la actualidad, la crisis contemporánea de la democracia, y las situaciones internas de algunos de los países de la región.
Compartimos esta interesante y extensa entrevista realizada por nuestro investigador, Patricio Gomez Talavera (1) junto a los colegas, Anthony Medina Rivas Plata (2) y Freddy Alpalá Cuesta (3).

Manuel Alcántara Sáez es catedrático de la Universidad de Salamanca y miembro fundador de FLACSO-España. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología (1976) y Doctor en Ciencias Políticas (1984) por la Universidad Complutense de Madrid. Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Salamanca desde 1993, impulsó el desarrollo del Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal de la misma Universidad, hoy Instituto de Iberoamérica, del que fue director hasta 2007. También se desempeñó como vicerrector de Relaciones Internacionales y Cooperación de la Universidad de Salamanca (2007-2009). Es doctor honoris causa de la Universidad de San Martín en Argentina, así como le ha sido concedida la Medalla de la Orden de Bernardo O’Higgins, otorgada por la presidenta chilena Michelle Bachelet.
Autor de diversos libros, artículos y ensayos sobre política latinoamericana, Alcántara es uno de los mayores representantes de la disciplina politológica en la región.

AM: Manuel, muchas gracias por la oportunidad. Primero quisiéramos discutir contigo la relevancia actual que tiene la Ciencia Política como disciplina académica en la América Latina de hoy. En los últimos años hemos visto cómo se ha multiplicado el número de Congresos organizados asociaciones nacionales e internacionales como la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP), la Latin American Studies Association (LASA) y otros. ¿Sientes que estos eventos generan un aporte real a la disciplina o, en su lugar, ves un conjunto de lugares comunes que se repiten continuamente y requieren ser superados?
MA: Sin duda hay una evolución importante en los últimos 20 años. Entonces, la Ciencia Política en Colombia estaba reducida a dos o tres Universidades; a diferencia de hoy, que existe una oferta en expansión a lo largo de todo el país. La Ciencia Política, como disciplina global, cuenta con ciertos países en los que se ha desarrollado más frente a otros en los que la evolución ha sido menor; y eso sucede también en el mundo latinoamericano. En principio es necesario examinar los avances tanto a nivel de docencia (en pre y postgrado), como en investigación (básica y aplicada); dos mundos que no van necesariamente siempre de la mano. Ya hay ciertas líneas establecidas para la docencia alrededor del mundo, mientras que sí se pueden hallar amplias diferencias en el ámbito de la investigación. También se debe considerar que hay una correlación importante entre el nivel de ingreso per cápita en un país y el surgimiento de escuelas de Ciencia Política, esto es así porque existe un mayor empoderamiento e interés de la ciudadanía en estudiar los asuntos públicos cuando la renta supera un cierto nivel pues entonces surge un mercado de ‘productores’ y ‘consumidores’ de investigación e información en Ciencia Política.

AM: En ese sentido, ¿consideras que la Ciencia Política está estrechamente vinculada a la democracia como procedimiento y como forma de gobierno?
MA: El factor democrático es clave. Por ejemplo, Arabia Saudí y los países del Golfo poseen algunas escuelas de Gestión y Administración Pública desde un punto de vista muy ‘técnico’, es decir, con el objetivo de formar a su cuerpo de funcionarios con el objetivo de desempeñar funciones prestablecidas desde el gobierno, pero sin una mayor reflexión o análisis crítico sobre sus bases. Es cierto que Sciences Po y varias Universidades norteamericanas tienen sedes ahí también, pero hay que recordar que esos países lo permiten sólo en tanto y en cuanto les facilita formar a sus élites. En dichos países, sin duda, reciben una formación académica muy sólida teóricamente, pero siempre obviando aspectos básicos sobre el funcionamiento y el ejercicio del poder, que es la raíz de la Ciencia Política.

AM: ¿Verías entonces amplias diferencias entre hacer Ciencia Política desde Europa y América Latina?
MA: Es un tema complicado, ya que no sólo existen diferencias de carácter intelectual, sino personal. Como en otros aspectos de la vida humana, en el mundo académico también existen envidias y recelos personales que van más allá de lo profesional. Tras conocer algunos de los mundos académicos existentes en Europa, puedo decirte que son muy híbridos y mestizos. Esta idea de una ‘Ciencia Política del Norte’ frente a una ‘Ciencia Política del Sur’ tiene mucho de equívoco. Sin duda hay problemas que exigen un método y una disciplina de análisis; pero es importante marcar una distinción entre el desarrollo disciplinario “en sí” y la ‘lucha de clases’ discursiva que ese desarrollo pueda generar (colonialistas vs. postcoloniales, agringados vs. acholados, etc.). En última instancia, la discusión de fondo está no sólo en quién publica libros, sino en quién gana las plazas dentro de los espacios que ofrecen Universidades, Institutos o Centros de investigación, así como los sueldos que se asignan. En Europa, América Latina y el resto del mundo, la mayoría de la gente siempre quiere tener el mejor puesto y el mejor sueldo, así de claro. Si mis antiguos alumnos de Ciencia Política en Madrid hubieran tenido mejores plazas docentes quizás se hubieran centrado más en su trabajo docente e investigador que en su militancia en PODEMOS. El final de la década pasada era un contexto muy difícil en el que las plazas escaseaban y la actividad docente comenzaba a estar proletarizada. Esto es distinto a lo que ocurría en los años 80, por ejemplo, en donde hubo muchos colegas en la Universidad Complutense de Madrid que llegaron al más alto rango docente con 32 años. Era una época de vacas gordas, sin duda.

“(…) Si mis antiguos alumnos de Ciencia Política en Madrid hubieran tenido mejores plazas docentes quizás se hubieran centrado más en su trabajo docente e investigador que en su militancia en PODEMOS”.

Existe otra discusión más epistemológica, sobre el tipo de Ciencia Política que hacemos y el paradigma que manejamos, y en ese sentido hay una pugna por la excelencia y por tener el reconocimiento de estar entre los mejores politólogos. Esto no es un concurso por quién publica más, sino por la calidad explicativa de las publicaciones generadas. El problema surge, repito, al momento de definir esto. ¿Quién es el(la) mejor politólogo(a)? ¿El(la) más citado(a)? Ese podría ser un criterio, sin embargo, surge otro problema, ya que siendo las realidades de cada país distintas (debido a su cultura, idiosincrasia, etc.), los marcos teóricos para interpretar esas realidades también deberían serlo. ¿Se puede hablar de una Ciencia Política peruana o colombiana frente a, por ejemplo, una Ciencia Política coreana? Esa es una pregunta válida y recurrente. Si fuera yo de Madrid a Lima a hablar sobre la realidad peruana, un(a) colega de allí podría increparme: “No intentes explicarnos lo que pasa en Lima, ya que somos nosotros los que vivimos aquí. Tú explícanos lo que pasa en Madrid”. Yo no acepto esa posición en el mundo actual. Yo puedo estar más al día de lo que pasa en Lima mejor que tú, ya que leo a diario una cantidad de periódicos, además de que poseo una mejor red de contactos que me cuenta lo que está pasando. Y, además de ello, está la perspectiva metodológica que puedo adoptar para confrontar un determinado problema cuyo rango es universal. En ese sentido, la velocidad de las comunicaciones en línea ha ido borrando esas limitaciones que antes estaban claramente determinadas por la geografía. Lo que importa hoy es el tipo de teorías, métodos de análisis y datos que manejes.

“(…) ¿Se puede hablar de una Ciencia Política peruana o colombiana frente a, por ejemplo, una Ciencia Política coreana? Esa es una pregunta válida y recurrente. Si fuera yo de Madrid a Lima a hablar sobre la realidad peruana, un(a) colega de allí podría increparme: “No intentes explicarnos lo que pasa en Lima, ya que somos nosotros los que vivimos aquí. Tú explícanos lo que pasa en Madrid”. Yo no acepto esa posición en el mundo actual. Yo puedo estar más al día de lo que pasa en Lima mejor que tú, ya que leo a diario una cantidad de periódicos, además de que poseo una mejor red de contactos que me cuenta lo que está pasando”.

AM: Si bien es muy frecuente hablar sobre la ‘crisis de la democracia’ y sus efectos, es innegable que en buena parte del mundo se vive una ‘coyuntura populista’ en la que los viejos sistemas de partidos son criticados bajo un mismo guión; siguiendo tendencias progresistas de un lado, y claramente reaccionarias del otro. De un lado PODEMOS, Syriza o Bernie Sanders, y del otro a Marine Le Pen, Geert Wilders, Aurora Dorada o Donald Trump. Y si bien existen muchas diferencias entre ambos lados, también comparten un conjunto de semejanzas con respecto al carácter innegablemente económico de la crisis política. ¿Qué hacer al respecto?
MA: El sistema político democrático es el único que se erosiona a sí mismo; porque es el único que está permanentemente abierto a la crítica y al cuestionamiento. De un lado, eso es lo maravilloso de la democracia. Recordemos a Voltaire cuando hablaba sobre la libertad de pensamiento y decía que la democracia era el único sistema donde se permitía que se critique a la democracia. Por otra parte, la democracia permite que existan elementos claramente antisistémicos, como Donald Trump o Marine Le Pen; y bastaría recordar que Adolf Hitler llegó al poder a través de mecanismos democráticos.


Respecto a esto, si bien la democracia posee sus propios instrumentos para depurar a esta clase de elementos, a veces éstos no son suficientes. Si no hubiera habido una II Guerra Mundial, probablemente Hitler jamás habría abandonado el poder en Alemania. Yo no sé cómo va a terminar el gobierno de Nicolás Maduro, sin embargo, Maduro ha agotado hasta tal punto las posibilidades de la democracia, que ya no se permite la aparición de mecanismos regeneradores. Ya no hay brotes democráticos en el país porque Maduro los ha asfixiado todos; como en su momento lo hizo Hitler. No los estoy comparando, ya que Hitler o Stalin eran líderes totalitarios, y hay que tener muy clara la diferencia entre totalitarismo y autoritarismo, como señalaba Hannah Arendt. Por ejemplo, como advirtió Juan Linz, el régimen de Franco fue autoritario, pero no totalitario. Franco permitía ciertos matices de pluralismo dentro de su régimen que eventualmente podían florecer o no, mientras que Hitler tuvo que perder la guerra para abandonar el poder. Otra cosa que quiero resaltar, y que quizás los jóvenes de hoy no notan tanto, es que los cambios radicales que se están dando en el mundo empiezan a salirse de los manuales y libros de texto de quienes estudiábamos la política hace 30 años. A mí me daría vergüenza ir a dictar un curso de Partidos Políticos y volver a contar la historia desde el punto de vista de lo que en su momento escribieron Sartori o Duverger. Sin duda siguen siendo válidos e interesantes y los estudiantes tienen que conocerlos, pero ya hay otra realidad. En Perú, por ejemplo, eso lo tienen muy claro, y de hecho Perú ha sido un país ‘de avanzada’ en ese sentido porque ahí desaparecen los partidos políticos en 1990. El ‘fenómeno Fujimori’ ha sido tan arrasador que no se han vuelto a regenerar los partidos desde entonces. Luego de la caída de Fujimori, todos los gobiernos sucesivos han venido de partidos políticos distintos, muy volátiles y relativamente débiles, por lo que no se percibe que esto vaya a cambiar. ¿De qué sirve en Perú hablar de partidos políticos dentro de la tradición ‘sartoriana’? De poco. Igualmente, el partido creado por Emmanuel Macron no tiene nada que ver con la tradición histórica de los partidos políticos en Francia.

“(…) En Perú, por ejemplo, eso lo tienen muy claro, y de hecho Perú ha sido un país ‘de avanzada’ en ese sentido porque ahí desaparecen los partidos políticos en 1990. El ‘fenómeno Fujimori’ ha sido tan arrasador que no se han vuelto a regenerar los partidos desde entonces. Luego de la caída de Fujimori, todos los gobiernos sucesivos han venido de partidos políticos distintos, muy volátiles y relativamente débiles, por lo que no se percibe que esto vaya a cambiar. ¿De qué sirve en Perú hablar de partidos políticos dentro de la tradición ‘sartoriana’? De poco”.

PGT: En 2007-2008, En Estados Unidos hubo una crítica muy fuerte hacia los economistas por su rol en no ver la crisis. ¿Algo parecido puede estar pasando hoy en la ciencia política europea en el contexto actual, o se ha logrado una mejor interpretación?
MA: Yo creo que los politólogos somos más modestos que los economistas. No conozco a ningún politólogo que plantee escenarios de ‘esto va a ser así’, entre otras cosas, porque eso no significaría ganar dinero, mientras que los economistas al hacer sus predicciones habitualmente ganan dinero. Siempre hemos hecho análisis a ‘toro pasado’. Los fenómenos que vive la humanidad hoy me preocupan desde una perspectiva muy específica que no es otra, en términos epistemológicos, que la perspectiva de la representación. Cómo articular un sistema político en el que se pide a la gente cada cuatro años que participe en elecciones. La representación, recordemos, surge porque el ‘demos’ no podía estar presente, y por tanto, se elegían una serie de individuos, que iban a Lima, a Madrid, a Santiago o adonde fuera que estuviera el Poder político. Pero eso es lo que ya ha desparecido, porque yo estoy presente a través de mi celular. El representante puede preguntar: “Oye, tú que me votaste, qué piensas que debo hacer en la votación de la semana que viene en el Congreso sobre la ley de aguas, sobre la ley del aborto, etc.”. La pregunta académica relevante es cómo articular eso. Yo decía en la conferencia de ayer que, si puedo hacer una transferencia desde mi celular de 5 mil dólares con toda la seguridad, ¿cómo no puedo contestar una pregunta de mi diputado? ¿Y que mi diputado no sepa que efectivamente es Manuel Alcántara el que está preguntando y no una persona interpuesta? Cómo articular esa posición, sabiendo que los políticos son necesarios, y esa es una convicción muy firme que tengo desde hace por lo menos ocho años. Yo reivindico al político profesional. Porque a lo mejor, Manuel Alcántara no quiere preocuparse por la ley del agua. Entonces yo confío en ti que has decidido ser mi representante, en que eres una persona honrada, preparada, dedicada a su trabajo. Y por eso vas a ser profesional. Pero eso no significa que renuncie a mi soberanía. La pregunta es cómo articular todo eso.

“(…) Yo creo que los politólogos somos más modestos que los economistas. No conozco a ningún politólogo que plantee escenarios de ‘esto va a ser así’, entre otras cosas, porque eso no significaría ganar dinero, mientras que los economistas al hacer sus predicciones habitualmente ganan dinero”.

PGT: La segunda pregunta más bien es un pedido de una reflexión sobre las fake news, las nuevas tecnologías de la información, y los riesgos implícitos a los mismos. Este nuevo fenómeno de la participación con vehículo en plataformas digitales como lleva adelante PODEMOS o el Movimiento Cinco estrellas en Italia, ¿es una vía de reconducir en democracia esos riesgos o entrañan un peligro aún mayor?
MA: Yo en eso soy muy optimista. Lo veo en mis estudiantes. Cuando estás en el aula, tienes la ventaja de ver pasar a las diferentes generaciones. Evidentemente los muchachos, que están digitalizados, que tienen 20 años, esa gente va a trabajar de esa manera. Es muy diferente a los que tienen 40 ó 50 años, y ni digamos con respecto a los que tienen 60 ó 70 años. Ahí hay un problema de tiempos. Pero yo creo que el camino abierto por PODEMOS en este sentido, es el buen camino. Además, es un camino ideal sugestivo, porque es el de los ciudadanos verdaderamente empoderados. Ciudadanos comprometidos que dicen: ‘yo voy a dar mi opinión’. Eso presupone que tenemos ese tipo de ciudadanos, algo que a veces no es así. Porque la mayoría de ciudadanos no están preocupados por eso. Soy optimista porque creo que poco a poco, lo van a estar. Y porque, además, no les va a quedar otro camino. ¿Tiene riesgos? Si, tiene riesgos de manipulación, ahí está el ejemplo de Cambridge Analytica. Pero la gente va a saber encontrar las contraseñas y configuraciones para sobreponerse a eso.

PGT: La última pregunta por mi parte tiene que ver con la relación entre políticos y redes sociales. ¿las redes sociales son usadas por los políticos para instalar nuevas agendas o para reforzar sus propias ideas preconcebidas?
MA: Lo segundo. Todos los trabajos hechos van en esa dirección. La gente al final esta encapsulada en Redes Sociales en las que escucha lo que quiere escuchar. Los dirigentes políticos tienen su grupo de aduladores y a sus gestores de redes sociales que les hacen oír lo que quiere oír, y eso es un peligro, claro. Y lo es porque le hacen vivir en un mundo que es falso. El buen político tiene que tener gente que le diga “oye, no, mira, esto es por aquí, sí, pero no tienes la mayoría”.

FA: Aterrizando nuestra entrevista en lo concerniente a la política de Colombia ¿Qué retos ve usted en torno al nuevo gobierno de Iván Duque en comparación del gobierno saliente de Juan Manuel Santos?
MA: Bueno, el principal reto que va a tener Iván Duque, es el de confrontar los acuerdos de Paz en una dirección que los obstaculice, que los bloquee y que genere una sensación de desconfianza en la aplicación de lo pactado, que suponga reavivar fuegos todavía no totalmente apagados. Ese es el principal reto, es decir, no ser consiente, Iván Duque, que Colombia ha avanzado enormemente en los últimos tres años, que el país ha adquirido una reputación internacional impensable hace nada. Yo les digo a los colombianos, ¡es que no tienen idea de cuál era la imagen del país hace 8 años o 9 años!, en comparación con cuál es la imagen que tiene Colombia hoy. Estaba leyendo ahora mismo, en El País de Madrid, en la edición de América Latina, una noticia a propósito de la reforma agraria y la entrega de tierras a la gente, y cómo eso está teniendo una repercusión internacional. Que aquí en Colombia no se sea consciente de eso, creo que es un reto muy relevante.

Segundo reto: que el presidente Duque, no olvidemos, va actuar en un escenario en el que ha habido una reforma constitucional por la que él no va a ser reelegido por lo que es un presidente de un término, como antiguamente en Colombia. Hemos tenido 16 años en total con Uribe y Santos; algo insólito en la historia del país, pero ahora se vuelve a la vieja tradición de un solo periodo. Esto significa que lo que todo lo que haga lo tiene que hacer en el primer año, durante el lapso que se llama ‘de luna de miel’. Ese reto es importante, puesto que tiene que actuar muy rápidamente, porque después ya va a empezar a ser un “pato cojo” y la gente de su propio gabinete empezará a abandonarle yéndose con otros posibles candidatos. Esto es un tema que cambia la dinámica de la vida política colombiana.
Luego están los asuntos vinculados a las políticas públicas. Yo creo que Colombia sigue teniendo un reto muy importante con respecto al tema del narcotráfico, puesto que es obvio que la producción de narcóticos, según los datos indican, se ha disparado. Un tema muy importante es la inversión en infraestructura, sobre todo de infraestructuras viales; pues Colombia es un país muy desintegrado, es un país grande, que ha invertido muy poco en carreteras, y veo que eso es una cuestión muy relevante. Por última está el desarrollo de políticas que ayuden a mitigar la desigualdad social, una de las mayores en América Latina.

“(…) Hemos tenido 16 años en total con Uribe y Santos; algo insólito en la historia del país, pero ahora se vuelve a la vieja tradición de un solo periodo. Esto significa que lo que todo lo que haga lo tiene que hacer en el primer año, durante el lapso que se llama ‘de luna de miel’. Ese reto es importante, puesto que tiene que actuar muy rápidamente, porque después ya va a empezar a ser un “pato cojo” y la gente de su propio gabinete empezará a abandonarle yéndose con otros posibles candidatos. Esto es un tema que cambia la dinámica de la vida política colombiana”.

FA: En ese sentido, siguiendo con el tema de los nuevos gobernantes, quisiera preguntarle también por los retos del presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador.
MA: Yo creo que hacer creíble la alternancia, es decir, que realmente, la alternancia que se ha producido en México, sea una alternancia que cambie, por lo menos, aunque solo sea el 10% de lo que ha dicho que va a cambiar. Yo tengo mis reservas.

FA: He oído de colegas de la comunidad politológica que López Obrador por el discurso que usa para llegar al poder, podría ser, dado el caso, ya como gobernante en ejercicio convertirse en el nuevo Ollanta Humala. ¿Usted lo considera así?
MA: Bueno, pues entonces pensamos exactamente igual. Yo estuve en la jornada electoral e hice una nota que posteriormente se publicó en “Política Exterior” que es un blog en Madrid, que titulé, “Las tres horas que formalizaron el cambio político en México” (ver AQUÍ).


A mí me resultó impactante. Eran las 8 de la noche, por primera vez en la historia de México, el candidato del PRI (Partido Revolucionario Institucional) salió para reconocer la derrota y decir que brindaba su apoyo al nuevo presidente electo, a los 5 minutos salió el candidato del PAN (Partido de Acción Nacional) para hacer lo mismo, una hora más tarde salió el Presidente de la Confederación de Empresarios para reconocer el triunfo y decir que esperaba que cumpliera la promesa de que se iba a mantener la libre empresa. A las 11 de la noche salió el Presidente del INE (Instituto Nacional Electoral) para decir los resultados del conteo rápido, tal cual y por consiguiente con una gran confiabilidad ese era el resultado que se iba a dar. Según terminó de hablar él, apareció el Presidente Peña Nieto, para reconocer el triunfo y brindarle el apoyo y decir que iba a haber una transición segura, y terminó de hablar Peña Nieto y salió López Obrador, para decir que: Aquí todos tranquilos, los mercados tranquilos, los contratos tranquilos, que solo se iban a revisar aquellos que pudieran tener ciertas condiciones a examinar, entonces la economía de mercado quedaba asegurada. ¡Eso fue impresionante! ¡Era como un guion de Hollywood! Si le decíamos a Steven Spielberg que diera su opinión cinematográfica, él hubiera dicho: ¡Perfecto!
Otra idea, en México en estas elecciones han matado a más de 100 candidatos de todos los niveles. México tiene una tradición de asesinato de candidatos presidenciales y Andrés Manuel López Obrador iba sin escoltas entre la gente, con la gente estaba pegada a él, incluso tocándole. Ahora bien, al continuar con esta opinión de que López Obrador podría repetir el mismo accionar de Ollanta Humala, yo también lo creo. O sea, México en ese sentido es un país fascinante por su capacidad barroca, de bajar y después alcanzar la gloria. En cualquier caso y esa sí que es una gran diferencia, el contexto internacional es muy diferente del de Perú hace diez años con el de México hoy.

AM: En el año 2012 tuvimos la oportunidad de compartir panel en un congreso de Ciencia Política en Lima. En ese tiempo yo le decía que yo veía una ‘dinámica estructural de la traición’ que explicaría el giro conservador de Ollanta Humala, a diferencia de lo que pasaba en Venezuela, Bolivia y Ecuador, donde se combinaba se la crisis económica con una ruptura del sistema de partidos.
En Venezuela se acaba el Pacto de Punto Fijo, en Ecuador se cierra el ciclo de golpes de Estado que vino luego de la caída de Bucaram, como también las ‘Guerras del Agua’ en Bolivia. En Perú se tenía una coyuntura crítica similar, pero sin crisis económica. Si bien ya se tenía un sistema de partidos quebrado desde 1990, cuando Ollanta Humala gana las elecciones en 2011, el Perú ya había firmado seis tratados de Libre Comercio, por lo que la inversión extranjera directa ya estaba ‘sellada’; y por esto entonces Humala habría hecho un cálculo de costo beneficio, inclinándose a la derecha. De otro lado, usted me hizo varias observaciones a esa teoría, diciéndome que dependía mucho el liderazgo personal, y que lo más inteligente para Hugo Chávez hubiera sido entenderse con Alan García y colocarlo a él como el candidato del bolivarianismo en el Perú. Hoy, seis años después, ¿usted profesor Alcántara halla algún matiz a esta discusión? ¿Considera que existen algunos ciertos condicionantes estructurales que hacen que los candidatos vayan por una dirección y luego por otra?
M.A. : Totalmente, y jugando con la idea sobre qué habría pasado si Ollanta ganaba las elecciones del 2006; en una América Latina efervescente con proceso con Lula da Silva, Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, habría sido otra cosa. Lo mismo se hubiera podido decir de López Obrador si ganaba las elecciones de ese año.

P.G.T. Ya para terminar, y prosiguiendo con casos nacionales, voy con el caso argentino. Nosotros estamos en Cambiemos, una experiencia totalmente innovadora, es una derecha democrática, que llega con mecanismos democráticos, proponiendo ideas de centro derecha, no es algo reconvertido como ocurrió con Menem, por ejemplo. ¿Es una experiencia híbrida transicional o hay elementos que permiten ver la consustanciación de la emergencia de un partido o de una coalición del estilo chileno de centro derecha que puede estabilizarse como alternativa?
M.A.: Yo creo que, así como México tiene unas características estructurales, Argentina también tiene otras características estructurales en las que no habría elementos para el surgimiento de dicha coalición, debido a que la sociedad argentina es tan activa, y a la vez tan desestructuradora. Yo no veo que haya capacidad de consolidar esto en la dirección que usted Profesor Gómez lo menciona. Es más, como una transición que se comporta en clave de híbrido transicional, yo lo veo así.

AM/PGT/FA: Muchas gracias, profesor Alcántara por la oportunidad.

MA: Muchas gracias a ustedes.

 

(1)Historiador y Magíster en Estadística. Consultor en la Dirección Electoral Nacional y Profesor en la Universidad de Buenos Aires (Argentina).
(2)Politólogo y Magíster en Políticas Públicas. Investigador del Instituto de Estudios Políticos Andinos y Profesor de la Universidad Católica de Santa María.
(3)Bachiller en Ciencia Política de la Universidad del Valle (Colombia).