Deroguemos las PASO bonaerenses, aumentemos la fragmentación

ANALISIS Si se derogara la ley sin incorporar nuevas reglas para la conformación de partidos políticos, podríamos presenciar una proliferación de listas en la elección general.

El sistema de primarias en la provincia de Buenos Aires puede haber llegado a fin. Oficialistas y opositores bonaerenses empezaron a diagramar un acuerdo la semana pasada: las excusas para su caída irían desde el costo que acarrea llevarlas a cabo, como el descrédito social que algunos afirman que poseen, junto con una dosis de estrategia política perseguida por el oficialismo provincial. Sin embargo, lejos de ser tan costosas y rechazadas, las primarias no son secundarias en la competencia política provincial.

Es cierto: en la provincia de Buenos Aires, las EPAOS (Elecciones Primarias, Abiertas, Obligatorias y Simultáneas) no han logrado cumplir uno de sus principales objetivos. No sólo no se redujeron la fragmentación partidaria, sino que la cantidad de fuerzas políticas que compiten en primarias se incrementó. Pero, aunque cada vez más partidos participan, la cantidad de fuerzas que acceden a la elección general se mantiene estable e incluso se redujo. Desde 2011 hay más partidos que se presentan a las primarias, pero son pocos los que logran superar el piso legal del 1,5% necesario para acceder a la elección general. Las elecciones de 2015 y 2017 fueron un reflejo de esta situación: de 11 y 13 fuerzas que compitieron en primarias en cada año, respectivamente, solo cinco accedieron a las generales.

¿Por qué sucede esto? Las EPAOS tenían entre sus argumentos principales “ordenar la oferta”, entendido como una reducción de la fragmentación partidaria. Sin embargo, en la letra de la ley esto se tradujo en dos aspectos principales: una demostración anual de las afiliaciones partidarias y la prohibición de las listas espejo (listas de partidos diferentes que llevaban los mismos candidatos), relegando la inclusión de nuevos requisitos al momento de conformar partidos políticos.

Las primarias no evitaron el surgimiento de los microemprendimientos electorales. Así surgió, por ejemplo, la Alianza Unión Federal, en 2017. Compuesta por dos fuerzas que pueden ser caracterizadas como “sellos de goma” (Partido Popular y Dignidad Popular), estuvo en el foco de los medios de comunicación por presentar cerca de 8 listas por sección electoral, con el objetivo de beneficiarse de los recursos otorgados por el Poder Ejecutivo provincial para cubrir la impresión de boletas.

Por otro lado, las EPAOS también establecieron de manera obligatoria la simultaneidad de la elección primaria provincial con la primaria nacional, lo que hace prácticamente imposible el desdoblamiento de la elección general y por ende, deja atada la suerte de candidatos a gobernadores, legisladores e intendentes con lo que suceda en la competencia nacional.

En definitiva, eliminar las EPAOS significaría aumentar la fragmentación en la elección general. Si se derogara la ley sin crear nuevas reglas que el costo de entrada a la competencia electoral (para la conformación de partidos políticos), podríamos presenciar una proliferación de listas en los cuartos oscuros de la elección general. El retorno de las listas espejo podría incluso aumentar aún más la fragmentación.

Asimismo, eliminar las primarias dotaría de un poder significativo a la gobernación para aislar el plano electoral provincial del nacional al permitir el desdoblamiento de los comicios. En un contexto donde el peronismo se encuentra intentando resolver quien será su candidato presidencial, celebrar la elección local de la provincia más poblada de manera separada de la nacional podría complicar los intentos de unidad.

El argumento del ahorro económico tampoco parece ser lo suficientemente convincente. Por un lado, porque en caso de derogarse las EPAOS de la Provincia de Buenos Aires, los bonaerenses deberán asistir igualmente a las PASO a nivel nacional (no suena factible pensar la eliminación de las primarias nacionales en el corto plazo), de modo que el principal ahorro sería en los aportes de impresión de boletas, dejando altos costos en logística. Por otro lado, mientras las normas para crear partidos provinciales sigan siendo laxas, el gasto electoral continuará siendo significativo.

¿Se usan las primarias para resolver candidaturas?

La pregunta tiene puede tener dos respuestas diferentes, según se mire la competencia por bancas en la Legislatura o por la gobernación.

En el Senado y Diputados de la provincia, las internas se resuelven antes de la elección. Tomando la salvedad que cada sección tiene una dinámica propia, 2 de las 9 fuerzas (22%) que compitieron en las primarias de 2011 resolvieron sus internas mediante el uso de primarias; en 2013, lo hizo solo una de 8 (12,5%); en 2015, 2 de 11 (18%) y en 2017, una de 13 (8%).

                Pero cuando el juego tiene solo un ganador, el uso de las primarias cambia. En el primer ensayo de las EPAOS (2011), un solo partido decidió someter a sus precandidatos a una interna: el Frente Para la Victoria (FPV) presentó dos listas, encabezadas por el intendente de José C. Paz, Mario Ishii, y el entonces gobernador Daniel Scioli. El triunfo del gobernador fue arrasador y dejó a la luz una disputa sin verdadera competitividad.

En 2015, el panorama cambió. El cambio de ciclo estimuló el uso de las primarias para resolver candidaturas y 3 de 10 (30%) frentes electorales que compitieron por la gobernación decidieron ir a internas.

El fuego amigo en la disputa entre Julián Domínguez y Aníbal Fernández (FPV) dejó una primaria interesante y principalmente competitiva, donde el ex intendente de Quilmes se impuso por el leve margen del 4%. Otro caso fue el del trotskismo. La democracia será burguesa, pero también es competitiva: el Frente de Izquierda enfrentó a dos de sus históricos candidatos, Néstor Pitrola y Christian Castillo, y Pitrola ganó la pulseada con un – no tan – estrecho 14% de diferencia. El tercer frente que se animó a la primaria fue Progresistas, donde Jaime Linares venció a su correligionario Jorge Ceballos de manera más sencilla: el margen entre ambos fue de un 35%.

La interna tiene premio. Los frentes mencionados fueron 3 de los 5 que lograron superar el umbral y competir en la elección general. La realización de internas para el máximo cargo Ejecutivo en la Provincia parece haber mostrado que no sólo no existe un rechazo popular hacia las primarias, sino que, en el caso de 2015, quienes se atrevieron a abrir sus candidaturas recibieron un plus electoral frente a otras fuerzas que les permitió acceder a la elección general.

Para confirmar esta teoría será necesario ver si esta situación se vuelve tendencia o bien si fue un suceso aislado producto de la coyuntura. ¿Tendremos la posibilidad de comprobarlo o será el fin de las primarias obligatorias en territorio bonaerense?