Soria, Foulkes, Gennuso y Tortoriello van por el salto grande, por Facundo Matos Peychaux (*)

Los intendentes de General Roca, Viedma, Bariloche y Cipolletti intentarán catapultarse a la gobernación desde sus ejecutivos municipales. Una hazaña que solo 35 dirigentes lograron en Argentina; cuatro de ellos, rionegrinos.

Cuatro nombres ya están apostados en la carrera por la gobernación de Río Negro en 2019. Martín Soria, del PJ-FpV; José Luis Foulkes, de la UCR en Cambiemos; Gustavo Gennuso, de Juntos Somos Río Negro; y Aníbal Tortoriello, de la Coalición Cívica-ARI en Cambiemos; aspiran a convertirse en sucesores de Alberto Weretilneck. Todos ellos, con perfiles e identidades partidarias diferentes, pero con un mismo rasgo en común: los cuatro son, actualmente, intendentes. Un origen que suele ser un obstáculo para el salto a la gobernación en la mayor parte del país, aunque no así en Río Negro, donde ese movimiento ha sido la regla, antes que la excepción.

Los antecedentes nacionales

La preferencia por las carreras ejecutivas progresivas en Argentina –es decir, el salto de un cargo ejecutivo a otro de un nivel de gobierno más alto– es la regla entre quienes aspiran a la Presidencia. A decir del politólogo Miguel de Luca, las gobernaciones funcionan en Argentina como “incubadoras de presidentes”.

De los seis mandatarios electos por el voto popular desde 1983, solo dos (Ricardo Alfonsín y Cristina Fernández) no habían ocupado una gobernación provincial o la jefatura de Gobierno porteña previo a asumir el Poder Ejecutivo Nacional. Los candidatos presidenciales que no consiguieron su objetivo en las últimas décadas también tenían un pasado ejecutivo a nivel subnacional, en su mayoría.

Pero la comparación llevada a las provincias no rinde los mismos frutos. O no en todos los distritos por igual, al menos.

De los más de 200 gobernadores que dieron las 24 provincias en las últimas tres décadas y media, apenas 35 habían tenido anteriormente una experiencia ejecutiva municipal; y más de la mitad de ellos provinieron de las mismas cinco provincias: Santa Fe (4), Río Negro (4), Entre Ríos (4), Mendoza (3) y Tierra del Fuego (3, en solo 25 años de elección popular de gobernadores). En el otro polo, Formosa, Jujuy, Salta, La Rioja y Neuquén no han permitido el ascenso de ningún intendente a sus gobernaciones desde el regreso de la democracia.

El porqué

Los factores probables detrás de esta marcada heterogeneidad, mostramos en un trabajo presentado en el XVIII Congreso de la SAAP, se vinculan con los niveles de democracia subnacional que presenta cada uno de los distritos, así como el nivel de distribución geográfica, medida por el porcentaje de concentración de población en la ciudad más populosa de la provincia.

La posibilidad de la reelección indefinida (Formosa) o la alternancia obligatoria (Mendoza y Santa Fe), el grado de discrecionalidad en la transferencia de recursos discrecionales a los municipios, la mayor o menor existencia de prácticas de patronazgo, clientelismo y personalismo ejercidas desde quien ocupa la gobernación y los niveles de restricción de la libertad de expresión o acceso a medios masivos de comunicación a la oposición, entre otros puntos, están estrechamente vinculados a la democraticidad existente, y tienen efectos concretos sobre las posibilidades de los intendentes de acceder a las gobernaciones.

Asimismo, el nivel de dispersión geográfica de la población asegura una mayor cantidad de polos de poder y un número más alto de potenciales trampolines, ya que la inmensa mayoría de los gobernadores provienen de ciudades grandes.

El caso rionegrino

En los 35 años de historia democrática reciente, Río Negro tuvo cuatro gobernadores con paso previo por intendencias: Pablo Verani, Miguel Saiz, Carlos Soria y Alberto Weretilneck. A contramano de lo que sucedió en la mayoría de las provincias argentinas, los casos donde este fenómeno no se dio fueron la excepción antes que la regla: solo los radicales Osvaldo Álvarez Guerrero (1983-1987) y Horacio Massaccesi (1987-1995) no llegaron a la gobernación tras haber ocupado una intendencia.

Los niveles relativamente elevados de democracia en la provincia (13,2 en el Índice de Democracia desarrollado por el politólogo Carlos Gervasoni, que va de 0 en San Luis a 21 en CABA) y la dispersión geográfica que arroja la multiplicidad de ciudades grandes parecen sustentar lo que la experiencia histórica demuestra empíricamente: que la gobernación rionegrina es terreno fértil para el movimiento que Soria, Foulkes, Gennuso y Tortoriello buscarán concretar el año que viene. La particularidad rionegrina parecería destinada a continuar.

(*) Periodista