La paradójica relación de Lilita en Cambiemos

En las últimas semanas se vio tensada la relación entre Carrió y algunos funcionarios del gobierno nacional. Sin embargo, en las negociaciones sobre el armado de cara a los comicios legislativos nacionales ocurre que la Coalición Cívica (CC) se ve alineado al Pro en la puja con el radicalismo por las ubicaciones. Por lo tanto cabe preguntarse: ¿cuál es el rol de la CC? ¿Apoyo logístico-territorial al pro o el de “fiscal republicano”? ¿Cuál es el principal incentivo para que Carrió siga siendo parte fundamental del gobierno?

 Recientemente, ante la pregunta de María O´Donnell sobre Elisa Carrió, Beatriz Sarlo contestó audazmente: “Carrió no es política de ningún partido. Cumple el rol de ´fiscal de la república´”. Los lectores pueden acordar o no con la pensadora,  pero sin duda la respuesta es un disparador para pensar el rol de la CC dentro de Cambiemos.

Si nos remontamos a los orígenes del frente oficialista, su nacimiento fue producto de la ecuación “carisma + territorio”. Esto es, el PRO tenía al candidato no peronista que mayor cantidad de votos podía sacar, mientras que la UCR tenía penetración territorial en todos los lugares donde el pro no llegaba. ¿Y la CC?

Una primera respuesta es la confianza que Lilita depositó en la figura de Mauricio, un poco enmarcado en lo nuevo (al no ser ni peronista ni radical) y otro poco por ser el único candidato que podía vencer al peronismo, en cualquiera de sus versiones (FR o FPV). Nunca tuvo territorio para sumar pero sí transparencia en un país que venía arrastrando varias sospechas de corrupción.

Una segunda contestación, en línea con su capital político valuado en la transparencia y la denuncia de hechos de corrupción, es que Carrió representa la figura ideal en la grieta planteada contra el kirchnerismo entre lo viejo y lo nuevo.

Ahora bien, en el armado de listas para diputados y senadores nacionales, se observan casos como CABA, Chaco, Jujuy o Misiones donde la UCR pone y deshace a postulantes a piacere. Este fenómeno no solo marca la firme tendencia de territorialización de nuestro sistema de partidos políticos sino que también forma parte de cierta revancha de algunos dirigentes del partido centenario por no tener la participación deseada en puestos ejecutivos nacionales.

Si a lo dicho le sumamos que el concepto de “coalición” nuestro sistema político presidencialista lo adopta de los parlamentarismos europeos, la CC cumple la función del partido “pivote” dentro de la coalición gobernante. Esto es: es el más chico, con menos incidencia territorial, pero clave a la hora de torcer la balanza a favor de uno los partidos en pugna.

Por todo lo expuesto, me permito afirmar que Macri tendrá que seguir soportando fuertes dolores de cabeza. Porque sabe que, con poco, la CC (en la figura de Carrió) es un compañero esencial para fortalecer el peso de Cambiemos. Una relación simbiótica en la que el PRO gana mucho más que lo que pierde.