Un año electoralmente importante para la región

Sin dudas este año entrante nos convoca a un escenario político incierto y a la vez complejo no solo a nivel nacional, sino a nivel regional debido a que es un año en el que se desarrollan procesos electorales significativos. Por Julián Álvarez Sansone y Lucía Otegui.

América Latina se encuentra actualmente inmersa en lo que parece ser un nuevo ciclo político caracterizado por el retroceso de los gobiernos de izquierda (aún presentes en Bolivia, Chile, Ecuador y Venezuela) que predominaron la década pasada. El llamado Socialismo del Siglo XXI es hoy más frágil que nunca y los gobiernos de derecha denominados conservadores (en Argentina, Perú, Colombia, Brasil y Paraguay) se abren paso por la hegemonía regional. Este año, que comenzó hace cuatro meses, puede ser clave en la culminación o no del “giro hacia la derecha” en América Latina.
El momento actual parece ser duro para la izquierda latinoamericana. Además de los fallecimientos de grandes referentes (Fidel Castro, Néstor Kirchner y Hugo Chávez) se suma la llegada al poder de varios gobiernos de tinte neoliberal/conservador: Temer en Brasil, el de Macri en Argentina y el de Pedro Pablo Kuczinsky en Perú.

Del PPK, se espera que siga una línea continuista en relación al legado del gobierno predecesor, que inició alineado con los Socialismos del Siglo XXI pero viró progresivamente hacía una política más liberal en lo económico. Su mandato, estará determinado por su habilidad para formar alianzas con los antifujimoristas y tender puentes con los propios fujimoristas en temas importantes, ya que, al igual que Mauricio Macri, Kuczinsky no cuenta con mayoría en el Congreso, de modo que la oposición tiene una gran capacidad de aprobar o rechazar las leyes que se presentan desde el oficialismo.

En Argentina, la elección de Macri ha supuesto una mayor ruptura con los lineamientos políticos anteriores de la ex presidenta Cristina Fernández. El nuevo gobierno de Cambiemos ha implicado una notable apertura económica en busca de lograr aumentos en la inversión extranjera y un mejor posicionamiento exterior en un mundo que aún se rige por las reglas del juego del libre mercado. No obstante, Macri enfrenta y enfrentará grandes dificultades en lo que respecta a la reducción de una deuda que ha ido en aumento desde que llegó al poder. Cabe mencionar que la suba de precios de productos y servicios (producida por la inflación y la quita de subsidios) ha propagado una gran disconformidad y conflictividad social a lo largo y ancho del país. Esto es algo clave, ya que, de no encontrar el modo de revertir esta situación, es altamente probable que pierda las elecciones de medio término y abriendo las puertas para una posible vuelta de la izquierda a gobernar el país a partir del 2019.

Desde que el nuevo presidente argentino llegó a la Casa Rosada, se realizaron diversas protestas contra sus dichos y políticas. La semana del 24 de marzo ha sido probablemente la semana con mayor movilización social en contra de su gobierno. Hemos visto, entre otras, marchas en contra de los despidos y la flexibilización laboral, y marchas a favor de la educación pública y a favor de un aumento mayor al ofrecido para los docentes. También hemos presenciado la primera marcha de apoyo explicita al gobierno el #1A (primero de abril).

Como se mencionó, en nuestro país habrá elecciones legislativas, en el mes de agosto las P.A.S.O (primarias abiertas simultaneas y obligatorias), donde se elegirán los candidatos, y en el mes de octubre se llevarán a cabo las elecciones generales donde el voto será definitorio para la distribución de bancas. Por un lado, podrían representar una convalidación del cambio, en caso contrario traerá ciertas dificultades para la aprobación de los proyectos que presente el oficialismo. Todavía no se han definido candidaturas a ciencia cierta, si se ha especulado con ciertos nombres tanto del oficialismo como de la oposición y las posibles alianzas, como es el caso del G.E.N., liderado por Margarita Stolbizer, con el Frente Renovador, liderado por Sergio Massa. Sin duda es un mes decisivo respecto al armado de listas y candidatos.

En Brasil, Michel Temer es considerado una figura controvertida, ya que, además de haber reemplazado a Dilma Rousseff (quien fue expulsada de su cargo a través de un proceso de juicio político), el actual presidente (y parte de su gabinete) está relacionado a varios escándalos de corrupción (entre ellos el caso Oderbrecht). Las protestas en su contra se suceden y expanden por todo el territorio pidiendo su dimisión, lo que augura que el dirigente esté descartado como candidato para las elecciones del 2018. Sin embargo, las elecciones municipales de octubre pasado dieron como resultado una clara derrota del partido de Dilma y Lula (Partido de los Trabajadores) a favor del partido conservador “Partido de la Social Democracia Brasileña” (PSDB).
Una referente de los medios en Brasil, Carol Pires, considera que la corrupción es el problema fundamental para la sociedad brasilera. Según ella, “la corrupción convirtió a un país que no tenía cultura de protesta en uno que vive en constante convulsión social. Nuestra economía pasó de ser considerada potencia en ascenso a una recesión sin precedentes. Cuando la crisis política desembocó en el juicio político de Rousseff, todos volvieron la vista al Congreso, donde los acusadores eran también acusados”.
Con relación a este año, habrá elecciones presidenciales en Ecuador, Chile y Honduras, y legislativas en Argentina y de gobernador en México y Venezuela.

La izquierda tendrá un año complejo. Hace unas semanas se llevó a cabo la segunda vuelta o ballotage Ecuador entre los candidatos Lenin Moreno (alianza País) y Guillermo Lasso (Alianza Creo-Suma). El primero de los candidatos representa la continuidad del oficialismo, mientras que el segundo de ellos representa un cambio. No es menor que este último es a fin al actual presidente de la Nación Mauricio Macri y lleva el portavoz de un cambio, como también prometió el actual presidente en su campaña electoral en el año 2015. El resultado dio como ganador al candidato Lenin Moreno con el 51, 16% de los votos. Este resultado simboliza por un lado la continuidad en su perspectiva económica y política, pero condicionada por el estrecho margen final. Cabe destacar que estos resultados han sido cuestionados por la oposición, quienes no asumen el resultado electoral y piden un recuento de votos.

En Chile, por ahora el candidato de la derecha Piñera parecería salir victorioso ante el ex mandatario Ricardo Lagos (quien representaría a la coalición de centroizquierda de la actual presidenta Michelle Bachelet). En Honduras el actual presidente Juan Orlando Sánchez parecería imponerse en las elecciones de noviembre. Otro país donde se desarrollarán elecciones (regionales y locales) es Venezuela, quien ha sido noticia en los últimos días, debido a que la Corte Suprema había disuelto el poder legislativo otorgándose sus facultades. Finalmente, en horas más recientes la Corte revoco esta decisión dando marcha atrás con la decisión por pedido expreso del Presidente Maduro.

No es casual que en el contexto actual que ciertos políticos alejados de la izquierda aparezcan hoy como favoritos de cara a las próximas elecciones, por varias razones. En primer lugar, se debe a que la finalización del boom de las commodities generó serios problemas en los países que anteriormente se habían favorecido (estancamiento en Argentina y Brasil, y aumento de la pobreza en Venezuela, por ejemplo). Otro factor se relaciona con que ante crecientes olas de inseguridad en éstos países, la sociedad demanda más mano dura, algo que no suele caracterizar a gobiernos de izquierda. Otra causa (que no está muy presente en Argentina, pero si en otros países) tiene que ver con un nuevo auge regional del catolicismo (en parte con la llegada de Francisco, el primer Papa Latinoamericano, al Vaticano) lo cual hace a la sociedad más conservadora en rechazo de ciertos planteos de la izquierda reformista, como el aborto y el matrimonio igualitario. A todo esto, debemos sumarle las causas de corrupción que manchan al gobierno de Cristina Fernández y Dilma Rousseff; pero que no exceden a sus sucesores.

Dicho esto, se concluye que más allá del color de los gobiernos latinoamericanos, muchas cosas parecen señalar que será un año importante para la región, ya que los resultados electorales que se perciban durante este año podrían influir en los resultados de las elecciones del 2018, las cuales marcarán el rumbo de países importantes como Colombia, Brasil, Venezuela y México.