El Colegio Electoral en Estados Unidos, y la representación democrática en Argentina

En esta oportunidad invitamos a Santiago Alles -PhD candidate in Political Science (Rice University), Magíster en Estudios Latinoamericanos (Universidad de Salamanca) y Licenciado en Ciencia Política (UCA)- quien realiza un interesante análisis de la importancia de las “reglas” electorales, extrapolando el sistema de Colegio Electoral de los Estados Unidos a las elecciones argentinas.

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Santiago Alles
Rice University
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El lunes pasado concluyó la elección presidencial estadounidense cuando 538 electores se reunieron en las capitales de los estados para emitir su voto, en medio de una intensa controversia sobre el carácter democrático del Colegio Electoral. El modelo presidencial estadounidense influyó profundamente en las constituciones de toda América Latina, pero mientras la elección indirecta desapareció progresivamente en los demás países, el Colegio Electoral sobrevivió en los Estados Unidos, tal como fue concebido en 1788 en The Federalist Papers, no. 68. El Colegio Electoral era parte del compromiso federal y Alberdi lo importó en sus Bases. Así, Argentina eligió sus presidentes por medio de un Colegio Electoral hasta no demasiado tiempo atrás; y también tres provincias, Corrientes, Mendoza, y Tucumán, aun elegían sus gobernadores por medio de colegios provinciales en los años 80. La reforma constitucional de 1994 reemplazó la elección indirecta por una elección en dos vueltas, y de forma similar desaparecieron sus similares provinciales.

¿Qué es un Colegio Electoral (CE)? En una línea, el CE es una institución formado con el único rol de elegir al futuro presidente (o gobernador). Los miembros del CE, respetando la concepción inicial de Hamilton, no pueden ser miembros de ningún otro poder, a fin de evitar la interferencia de otras ramas de gobierno en la elección. La concepción subyacente era contra-democrática: el rol del CE era asegurar que la elección popular no derivara en la elección de un demagogo y los electores tenían la responsabilidad de asegurar las cualidades del presidente electo: [electors] “shall assemble within the State, and vote for some fit person as President.” Sin embargo, además de las consideraciones sobre su naturaleza democrática, la forma de elegir sus miembros introduce una dimensión federal adicional; y este es el corazón de la discusión actual.

Imaginemos que las elecciones presidenciales argentinas de los últimos 20 años hubieran sido realizadas bajo las mismas reglas de la elección presidencial estadounidense: cada provincia es representada por tantos electores como diputados y senadores (dos en 1995; y tres desde entonces) envía al Congreso; y el candidato más votado en una provincia, se queda con todos los electores en juego, gane por un voto o por 25 puntos. Asumamos además que los electores votan por el candidato de su propio partido, lo cual ha sido la norma en el CE estadounidense, incluso en esta (inusual) elección. Y finalmente, tomemos las dos vueltas de 2015 como elecciones separadas, una de ellas con sólo dos candidatos.

Primero, las reglas mayoritarias (como es esperable) castigan duramente a los terceros partidos. La Figura 1 muestra la relación entre el porcentaje de votos y de asientos en el hipotético CE: los candidatos por encima de la diagonal hubieran recibido más asientos que votos, y los ubicados debajo, por el contrario, menos. Todos los candidatos con 35% de los votos (o más) hubieran sido premiados con un plus de electores, salvo dos: esas excepciones hubieran sido Duhalde en 1999 y Macri en la segunda vuelta de 2015. Al mismo tiempo, todos los que quedaron debajo de esa barrera hubieran sido castigados, salvo nuevamente dos: Menem y Kirchner, en la fragmentada elección de 2003.

El caso más problemático, desde un punto de vista democrático, hubiera sido el de Macri en 2015, porque el CE hubiera revertido el voto popular, del mismo modo en que ocurrió en la elección estadounidense. Esto conduce al segundo punto: más allá del deseo de verificar las cualidades del presidente, la distribución de asientos en el CE premia algunos distritos sobre otros. La Figura 2 muestra la relación entre el número de habitantes por (hipotético) elector y la población por provincia, en base al último censo. Los votos en algunas provincias tienen considerable más valor. Las unidades más chicas tienen un peso relativamente mayor en el CE que las más grandes, y esas diferencias relativas se apoyan en la asignación de bancas en el Congreso.

A diferencia del Congreso estadounidense, que corrige la cantidad de diputados por unidad tras cada censo, el Congreso argentino tiene una asignación arbitraria de escaños por provincia, aún en la Cámara de Diputados. Sin embargo, los partidos no tienen un apoyo homogéneo a lo largo de la geografía nacional. Esto conduce al tercer punto: cuando esa desproporcionalidad electoral se combina con la desnacionalización de la competencia partidaria, los partidos con capacidad de atraer votos en los distritos más sobrerrepresentados, se encuentran en una posición más favorable. Así, mientras la coalición de Macri hizo pie en la zona central del país, cosechando un sólido apoyo en Córdoba y Santa Fe; el peronismo construyó su victoria legislativa sobre los distritos más chicos.

Estos resultados deben leerse, por supuesto, con cautela. Primero, la asignación de electores en las elecciones de 1983 y 1989, por no ir más allá en el tiempo, fue realizada bajo reglas proporcionales, no mayoritarias. Segundo, y más importante, decir (por ejemplo) “Scioli hubiera ganado” es violar todo lo que sabemos sobre instituciones electorales: los actores acomodan sus estrategias a las reglas, y bajo reglas diferentes, la competencia también hubiera sido diferente. Por el contrario, estos resultados intentan mostrar cómo el CE premia la distribución geográfica de votantes. En comparación con un rey, el CE fue una innovación democratizadora; pero bajo un prisma moderno, se trata de una reliquia que distorsiona la representación democrática: dos de las últimas cinco elecciones presidenciales estadounidenses no fueron ganadas por el candidato más votado. Pero más aún, estos resultados intentar mostrar cómo esas distorsiones que tanto llaman la atención en el CE, también se encuentran insertas en instituciones representativas más cotidianas, y con un impacto directo sobre la implementación de políticas.

La discusión sobre el CE en la elección estadounidense debería ser una buena oportunidad para discutir la desproporcionalidad de las instituciones representativas argentinas, y la magnitud de sus efectos políticos.

Apéndice

Ano Vuelta Presidente Vice Votos
(%)
CE
(%)
CE-V
1995 Primera Menem Ruckauf 49.94 91.15 41.21
1995 Primera Bordón Álvarez 29.30 8.85 -20.44
1995 Primera Massaccesi Hernandez 16.99 0.00 -16.99
1999 Primera De La Rúa Álvarez 48.36 89.06 40.69
1999 Primera Duhalde Ortega 38.28 10.94 -27.33
1999 Primera Cavallo Caro Figueroa 10.22 0.00 -10.22
2003 Primera Menem Romero 24.45 42.86 18.40
2003 Primera Kirchner Scioli 22.24 39.51 17.27
2003 Primera López Murphy Gómez Diez 16.37 8.51 -7.86
2003 Primera Rodríguez Saá, Ad. Posse 14.11 9.12 -4.99
2003 Primera Carrió Gutiérrez 14.05 0.00 -14.05
2007 Primera Fernández Cobos 45.29 82.67 37.39
2007 Primera Carrió Giustiniani 23.04 8.51 -14.53
2007 Primera Lavagna Morales 16.91 6.38 -10.52
2007 Primera Rodríguez Saá, Al. Maya 7.64 2.43 -5.21
2011 Primera Fernández Boudou 54.11 97.57 43.46
2011 Primera Binner Morandini 16.81 0.00 -16.81
2011 Primera Alfonsín González Fraga 11.14 0.00 -11.14
2011 Primera Rodríguez Saá, Al. Vernet 7.96 2.43 -5.53
2015 Primera Scioli Zannini 37.08 65.65 28.57
2015 Primera Macri Michetti 34.15 29.18 -4.97
2015 Primera Massa Sáenz 21.39 2.74 -18.65
2015 Primera Rodríguez Saá, Ad. Negre de Alonso 1.64 2.43 0.79
2015 Segunda Macri Michetti 51.34 39.21 -12.13
2015 Segunda Scioli Zannini 48.66 60.79 12.13

Datos disponibles en: “Presidential Elections in Argentina, 1995-2015,” <http://santiago-alles.net/presidential_election_data/>. Data versión: 2016-12-19.