Fundamentos de la estrategia “reformista” en materia electoral

 

Por Nicolás Cereijo*

Foto reunion min interiorEl siguiente artículo nace a partir de la reflexión sobre un párrafo escrito por el politólogo Andrés Malamud para la Revista Matices. Allí, el reconocido Doctor en Ciencias Sociales y Políticas dice:

 

“La ´unión de los argentinos´ es una fantasía de campaña: la política consiste en administrar conflictos, no en anularlos. El paraíso donde todos los ciudadanos se aman no existe en ningún país. En realidad, la principal condición de gobernabilidad es la división del peronismo, objetivo que el gobierno está logrando con creces”.

En un párrafo Malamud tuvo la virtud de reunir un conjunto de ideas claves para entender el proceso político iniciado en Argentina desde el 10 de diciembre de 2015. De todos los posibles alcances de la cita, yo me voy a detener tan solo en uno: la cuestión electoral.

Nótese que, de manera sutil, no utilizo el término reforma. ¿Por qué? En primer lugar, para sacarle carga valorativa a una problemática como es el sistema de votación. Como todo en política, nada es casual. Justamente, si algo está haciendo bien este gobierno es prestar demasiada a atención a la comunicación, al modus operandi de la misma, a fin de no caer en los excesos cometidos con anterioridad. Por eso anhela utilizar el término reforma en algo que estrictamente no lo es.

Al respecto, tal como lo señalara el Dr. Oscar Blando en entrevista a este portal, para que efectivamente sea una reforma hace falta mucho más que cambiar un modo de votación. En concreto, una REFORMA es un proyecto ambicioso conteniendo una fuerza mucho mayor a algunas modificaciones, que por grandes o pequeñas que sean, no dejan de ser modificaciones.

Un dato a observar que poco se menciona es que en este año se cumple el centenario de las primeras elecciones con voto secreto, obligatorio y (parcialmente) universal. Para el gobierno de Mauricio Macri sería un triunfo enorme quedar en la historia por ser quien modificó un sistema de votación.

Para avanzar exitosamente en las modificaciones electorales es indispensable abrir el juego a la gobernabilidad. En esta línea, otro especialista, el Dr. Maximiliano Campos Ríos, en entrevista a este portal declaró de manera ilustrativa:

“Macri debe construir la base de su gobierno, y lograr acuerdos en las Cámaras para poder gobernar, pero también tener una red de gobernadores propios. Yo creo que si la obsesión de los Kirchner eran los intendentes, la de Macri serán los gobernadores. Ahí está la llave del Senado y el freno de mano del PJ que necesita para contener al kirchnerismo”.

No es casualidad que el gobierno nacional hay contado recientemente con la ayuda casi unánime de los gobernadores sobre el pago a los “holdouts”. Clave.

La gobernabilidad también se construye con el sostén de una buena y eficaz comunicación. Es así como la apuesta comunicacional del gobierno consiste en ponderar el cambio y por ello que adjetivos como “reforma” son utilizados con especial énfasis. La ruptura es una constante.

Pero no hay que olvidar que la popularidad así como se tiene se puede evaporar sino no se atiende cotidianamente. Más aún con un electorado volátil como el argentino. De esta manera, medidas como el cambio electoral dan un plus. Creo que ese es el rol estratégico de la “reforma” electoral.

Lo interesante en el contexto actual es que un cambio en las reglas del juego claramente alentaría a que las elecciones no dependan únicamente del estado de situación del PJ, que se encuentra sumergido en una crisis debido a la impronta del FpV. Es un momento inédito para el actual gobierno. Pero no olvidemos la certera frase inicial de Malamud: “La ´unión de los argentinos´ es una fantasía de campaña.

 

*Licenciado en Ciencia Política (Universidad de Buenos Aires). Maestrando en Ciencia Política y Sociología (FLACSO)