Lo que hay y lo que falta hablar acerca de la reforma electoral

Por el Lic. Nicolás Cereijo[1]

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A semanas de haber iniciado el diálogo con los ejecutivos provinciales y las organizaciones políticas y de la sociedad civil, el gobierno nacional marcó una serie de objetivos cuya efectiva concreción dependerá exclusivamente de su capacidad de negociación.

Desde Argentina Elections venimos realizando una serie de entrevistas a especialistas y funcionarios de las cuales este artículo tomará ideas para incorporar al debate. Lo que hay, sus dificultades, y, por supuesto, lo que falta.

Para nación, los objetivos establecidos para las próximas elecciones nacionales de 2017 son tres: Boleta Única (electrónica o de papel), creación de un organismo autónomo que reemplace a la Dirección Nacional Electoral y reordenamiento del calendario electoral.

El primer punto es el de mayor consenso. La lista horizontal y cerrada, conocida popularmente como “sábana”, casi ya no tiene adeptos. Lo que sí está en duda es su reemplazo: Boleta Única papel o electrónica.

Aquí simplemente voy a recomendar leer la entrevista al Director de Reforma Política y Constitucional de Santa Fe, Oscar Blando, y sus explicaciones acerca de la implementación de la BU en su provincia.

A grandes rasgos, si bien la incorporación de tecnología muestra ventajas como ser que  evita el robo de boletas o garantiza la presencia de todos los partidos – independientemente de la cantidad de fiscales – aún hay dudas en lo que refiere al momento luego del cierre de la mesa, tanto en la carga de datos como el manejo y dominio de la información. Más aún tomando en cuenta, como recuerda Marcelo Leiras, lo ocurrido en Alemania donde la Corte Constitucional procedió a suspender la adopción de un sistema electrónico de votación debido a que “muy pocos tienen los conocimientos necesarios para evaluar lo que hace la gente que carga y guarda los resultados de la máquina”.

Por eso no hay que apresurarse sin tomar en cuenta otras experiencias. Así, no creo que se pueda hacer de una manera tan efímera y casi sin proceso de capacitación. Se podría sí  hacer un plan piloto. Pero en el mientras tanto, y con un claro objetivo de mejora, debería pasarse a la BU. Y lo ideal sería que tanto en elecciones nacionales como provinciales y municipales se vote así.

Hay otro elemento que advierte María Esperanza Casullo: ojo con la ausencia en el debate de la regulación de las listas colectoras. Algo de la que poco se ha dicho junto a elementos conflictivos como la ley de lemas (en Santa Cruz) o el acople (en Tucumán).

Con respecto al segundo punto, recomiendo leer la entrevista a Alejandro Tullio. En particular, voy a citar un párrafo de la misma donde clarifica una posición que podría considerarse:

“Creo que en el futuro la Jurisdicción y la Administración Electoral deben continuar siendo órganos separados, y ser flexibles y capaces de aplicar distintas normas en distintas circunstancias y administrar sistemas diversos. Los Jueces de la CNE deberían tener alguna participación en materia casatoria – cuestiones de derecho y no de hecho – respecto de las provincias y la CABA (eso solo se puede hacer de manera voluntaria por parte de las provincias o por reforma de la Constitución) y la Administración Electoral que reemplace a la DINE, además de ser autónoma y autárquica, debe tener capacidad de administrar un país donde coexistan diversos modelos electorales. La futura adopción de sistemas  informatizados intensivamente requiere replantear el sistema de garantías electorales y el de controles. Los órganos electorales en su conjunto deben ser capaces de comprender y controlar los mecanismos tecnológicos y nunca subordinarse a las necesidades y exigencias de soluciones determinadas”.

Del tercer punto, dos cuestiones: una de intención y otra de forma.

Primera advertencia: hay que ser cuidadoso con la intención de unificar elecciones basándose en el argumento de “hacerle las cosas más fácil a la gente”. Aquí solo menciono lo dicho por Marcelo Leiras, al cual particularmente adhiero, quien afirma “no creo que sea un problema votar seguido”. Agrego a título personal: hay que votar no  como si fuera una carga sino más bien como una motivación, una alegría.

La cuestión de forma es clave y necesariamente tendrá que considerar la posibilidad de reforma constitucional en algunas provincias. Y aquí la gran pregunta: ¿hasta qué punto los oficialismos provinciales están dispuestos a reformar su constitución? Pienso en provincias como Neuquén, donde el Movimiento Popular Neuquino gobierna desde 1963, en Formosa donde Gildo Isfrán es gobernador desde 1995 o en La Pampa donde el PJ es gobierno desde 1983; y parecería algo casi imposible que tengan ganas de hacer reformas.

Como señala Oscar Blando, “prefiero no hablar de “unificación” sino de coordinación y simplificación de fechas electorales entre nación y provincias”. En este punto es indudable que la administración nacional necesitará convencer a las provincias donde no tuvo un buen resultado. Habrá que ver ocurra para visualizar avances o parálisis.

Por último, dos cuestiones de las que poco y nada se hablaron. El primer punto se trata de lo que acertadamente señala Julieta Suárez Cao en el Bastión Digital: “Sin negar la necesidad de optimizar la gestión de los comicios, la ausencia de temas sustantivos de representación como el de género o de los pueblos originarios hace lamentar la oportunidad perdida para abrir el debate sobre estos temas”.

En segundo lugar, algo de lo que poco se ha hablado: la fragmentación del sistema de partidos políticos que genera un desfasaje entre cantidad y representatividad. En el último informe de la CNE se establece que al 2015 hay 596 partidos de distrito y 38 nacionales. Según Tullio, este es uno de los puntos que la reforma política del 2009 intentó trabajar pero no pudo resolver.

A seguir tomando nota, con el objetivo de tener una reforma electoral de excelencia, curiosamente a cien años de la histórica elección nacional de 1916 que instaló, mediante la Ley Sáenz Peña, el voto secreto, obligatorio y en parte universal – debido a que hubo que esperar hasta 1951 para que las mujeres pudieran votar por primera vez –.

 

[1] Licenciado en Ciencia Política (Universidad de Buenos Aires). Maestrando en Ciencia Política y Sociología (FLACSO)