Las reformas no se hacen en años electorales

El debate electoral nos apasiona, desde Elecciones Argentinas-Argentina Elections como actor no partidario y académico siempre trabajamos buscando mejorar el sistema electoral para que nuestros comicios sean lo más representativos y transparentes posibles. Pero así como todo momento es bueno para el debate de nuestro sistema electoral, no todo momento es bueno para aplicar reformas al mismo.

A nivel teórico siempre se sugiere realizar reformas con la mayor antelación posibles a las elecciones, para que de esta manera las mismas no estén completamente sujetas a los intereses partidarios; permitiendo que todos los actores tengan tiempo de adaptarse para competir con los cambios introducidos. Pero esta es sólo una de las razones, y tal vez la más difusa para la población.

Una reforma implica debates abiertos con participación no sólo de las agrupaciones con representación legislativa, sino de todos los partidos, la justicia electoral, la administración electoral, organizaciones especializadas de la sociedad civil y la ciudadanía en general. Para enriquecer este debate se debe sumar material teórico y fáctico, este último provisto por simulacros o pruebas de aplicación en caso de ser posible.

Superado este proceso, el cual no es breve, se pasa a la etapa de reglamentación para la aplicación del sistema y a la capacitación de los distintos actores. En caso de que el cambio sea significativo se contempla la aplicación gradual, lo cual permite adquirir lecciones aprendidas y corregir errores antes de que sea utilizado por el total de la población.

Finalmente, aun cuando el sistema este asentado, la capacitación se debe mantener en el tiempo, ya que todo sistema será perfectible e irá incorporando modificaciones para su mejor desempeño.

Nuestro país hoy cuenta con casos de estudio para pensar un sistema de boleta que reemplace a la tradicional boleta de papel partidaria, sistema en el cual los partidos son responsables de garantizar su presencia en el cuarto oscuro; para pasar a sistemas como la Boleta Única (Córdoba), Boleta Única por categoría (Santa Fe) o Boleta Única Electrónica (CABA y Salta), donde el Estado es el garante de que los votantes cuenten con todas las opciones electorales.

En el caso de la Boleta Única Electrónica, nuestro país cuenta con casos de estudio respecto a la forma de aplicar las modificaciones del sistema de votación. Mientras en Salta observamos una aplicación progresiva desde 2011 (año en el que se aplicó en el 30% del padrón) a 2015, con participación de la organizaciones sociales y capacitación continua; en Buenos Aires nos encontramos con su aplicación en el total de la población, si realizar pruebas, sin consultar a la sociedad y con una capacitación elemental. El caso de la Ciudad es tan paradigmático en relación a la aplicación de reformas sin planificación, que la Legislatura tuvo que suspender la utilización de la BUE en las Primarias porteñas como estaba previsto desde 2013.

Consideramos fundamental el debate en torno al sistema electoral y un proceso eleccionario es una gran oportunidad para investigar y relevar conclusiones, sería prudente pensar en la aplicación de pruebas piloto a lo largo de todo el país para probar distintos sistemas de boletas y votación; no así pensar en cambiar el sistema a dos meses de las elecciones generales presidenciales (con todo lo que ello implica).

Por último, es necesario remarcar que todos los sistemas tienen fortalezas y debilidades, y es probable que sigan surgiendo debates y reclamos en el tiempo, por ejemplo tanto el Frente Renovador como la UCR cuestionaron el sistema de Boleta Única Electrónica en Salta y CABA respectivamente, sea cual sea el sistema. Es inocente plantear que un cambio en el tipo de boleta solucionaría todos los males de nuestro actual sistema electoral, es simplificar algo tan complejo como el acto más importante de las democracias modernas.

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