Macri quiere ganar

macri preocupadoDe manera poco elegante, y hasta sonando desesperanzado, Mauricio Macri dio un giro en su campaña tras la extremadamente ajustada victoria del PRO en la Ciudad de Buenos Aires. El cambio de eje, oficialismo-oposición, en el que tan cómodo se movía, para pasar al eje continuidad-cambio, implica grandes riesgos, pero demuestra que Macri realmente quiere ser presidente este año y no simplemente posicionarse para el futuro. ¿Servirá?, de eso hablaremos en este artículo. Por Javier Tejerizo.

K vs. Anti-k

A medida que han avanzado los años desde el retorno de la democracia, con la multiplicación de ofertas partidarias nacionales y locales, el antiguo eje PJ-UCR se ve sustituido por oficialismo-oposición. Este eje se vio reforzando durante los años de gobierno del FpV, ubicándose en cada extremo los ultra-k (La Campora como mayor exponente ) y los anti-k (Carrió y Macri), acercándose al centro oficialistas (Scioli) y opositores (Sanz) más moderados; y en el centro aquellos que oscilaron entre ambos bandos (Massa). Dos herramientas del excelente sitio de Andy Tow sirven para ver cómo se han acomodado en este eje varios de los políticos y partidos en los años kirchneristas, el Disciplinómetro y Década Votada.

Sergio Massa irrumpe en la escena electoral en 2013 a partir de su excelente elección en la Provincia de Buenos Aires, en la cual se posiciona definitivamente dentro del eje opositor como principal aspirante a combatir al oficialismo en las siguientes elecciones presidenciales.

Se esperaba que después de esa elección los dos siguientes años del FpV con Cristina a la cabeza fueran declinantes, el mal del pato rengo, por lo cual las opciones opositoras sobrarían y lo importante sería diferenciarse dentro de ellas. A partir de ese lugar comenzó a construir su candidatura a partir del eje que los analistas consideraban sería el que definiría al próximo presidente: continuidad-cambio.

Después de 10 años de kirchnerismo los relevamientos demostraban cansancio de la población en temas puntuales, pero reivindicación de ciertas políticas que debían continuarse; por ello Massa establece el “Cambio Justo” como mensaje de campaña, posicionándose en el medio del espectro entre oficialismo y opositores poco moderados.

El problema fue que el eje oficialismo-oposición no estaba para nada agotado. El FpV mandó varios candidatos a la cancha desde ultra-k a k-moderado y eligió en Macri una figura opositora para reforzar este eje de campaña; el líder del PRO también encontró en esta oportunidad la forma de realzar su candidatura y no la dejó pasar.

Este acuerdo tácito entre el FpV y el PRO les permitía diluir la candidatura de Massa: para el FpV esto era fundamental ya que Massa se posicionaba como el único opositor con posibilidades de entrar en un Balotaje y ganárselos; para Macri representaba la posibilidad de entrar posiblemente en una Balotaje.

Victoria o Cambiemos

Massa siempre estuvo un paso adelante en la campaña, lo cual no necesariamente fue siempre bueno, mientras el de Tigre insistía en hablar de temas concretos dentro del eje continuidad y cambio (llegó a pedir un debate en el programa de Tinelli), Macri y Scioli recién elegían posiciones.

Scioli ya como único candidatos del FpV tras el “baño de humildad” comenzó a dejar de lado el naranja absoluto y comenzó a mezclarlo con la “Victoria” como señal de que representaba la continuidad, pero con algunas modificaciones. El PRO optó por el “cambio”, postura que además fortalecía su posición en el eje oficialismo-oposición, llegando al punto de convencer a sus aliados Sanz y Carrió de formar un frente que finalmente se llamaría “Cambiemos”.

En el medio comenzaron a pasar varias elecciones provinciales y de a poco se volvió más notorio que la continuidad se imponía sobre el cambio. Los oficialismos se imponían de manera sencilla en Salta, Corrientes, Córdoba, La Rioja, Rio Negro y Neuquén (podemos sumar las PASO de Chaco); de manera más ajustada en CABA y Santa Fe; solamente en Tierra del Fuego (caso particular porque el oficialismo fue absorbido por el FpV) y Mendoza (toda la oposición unida venció al FpV que hizo una mejor elección que hace 4 años cuando logró la gobernación).

El balotaje de la Ciudad de Buenos Aires fue el llamado de alerta final para la estrategia del PRO, el grueso de la población (en particular las clases medias, medias bajas y bajas) no parece buscar un cambio total sino una “Evolución” o “Cambio Justo”, Larreta logró vencer la segunda vuelta sólo en (y gracias) las Comunas con población de ingresos medios altos y altos, votantes anti-k duros. El problema es que la Argentina, a diferencia de la Ciudad, se compone mayoritariamente con votantes del primer sector. La estrategia del cambio alcanzaba para ser segundo no primero.

“Cambiemos” poquito

El cambio de estrategia del PRO se hizo inevitable, el problema fue la forma en la cual se llevaría a cabo. Macri dio un discurso que dejo desorientado a propios y ajenos, con un tono que rozaba lo desesperado, resaltando la importancia de dar continuidad a políticas del FpV como la AUH (con un furcio de por medio) o Futbol para Todos; la estatización de ANSES, YPV y Aerolíneas.

La jugada extremadamente mal llevada a adelante (el fuerte de Macri no es la oratoria, por ello de manera muy sabia en sus spot audiovisuales el no habla sino que lo hacen otros por el) demostró que el PRO quiere ganar esta elección.

Hasta el momento parecía que Macri y Scioli tenían arreglado ser segundo y primero respectivamente; el objetivo era sacar a Massa de la escena, de esta manera el PRO absorbería gran parte del radicalismo, ganaría territorialidad nacional y se posicionaría para dentro de 4 años; mientras que Scioli se volvería la única opción posible dentro del FpV.

La movida es riesgosa, moverse de la posición tan cómoda en la que se encontraba le abre varios frentes. Por un lado, debe competir con Massa por el espacio de cambio con continuidad, el de Tigre ya estaba posicionado en ese espacio con el Cambio Justo; en segunda medida, dentro de la propia interna de Cambiemos le dio espacio a sus dos competidores para desafiarlo: Carrió ahora es el candidato más anti-k del espacio y Sanz la opción más potable para representar un cambio con continuidad.

Además de estos problemas, los puntos más débiles de este cambio de estrategia son por un lado el tiempo (tirano) quedan sólo 15 días para las PASO es difícil que se reposicione dentro de los ejes en tan poco tiempo y el archivo no lo ayuda (mirar en la Década Votada como el PRO se opuso a todo lo que ahora defendería); en segunda medida su spot publicitarios tampoco ayudan en el reposicionamiento porque no dicen absolutamente nada; y tercero, no menor, es que ciertos sectores que lo apoyaban, principalmente con recursos (el círculo rojo), no han tomado para bien este cambio de estrategia.

¿Hizo bien o mal?

El día después del balotaje leía una columna de Mario Riorda, donde el especialista en comunicación decía que la forma en que hizo el anuncio de cambio de estrategia no fue el apropiado, pero que el mismo era necesario. Scioli está rozando los 40 puntos y ganar en primera vuelta, Macri el segundo puesto lo tendría asegurado; entonces, ¿qué tiene para perder? Poco.

El líder del PRO lo que busca evitar es que le pase lo mismo que a Duhalde en 2011, que después de unas PASO en las que se selló la victoria de CFK para las generales, en el Bunker anunciaba de manera desesperada que él no suspendería los planes sociales; Macri prefirió sonar desesperado antes de que ya no se pudiera cambiar el destino de las elecciones, tal vez fue tarde, pero por lo menos demostró su voluntad de dar pelea.