Enemigos Íntimos

La relación de la UCR y el PRO no ha sido sencilla desde sus inicios, pero una vez pasada la Convención Nacional del Radicalismo en Gualeguaychú, en la cual se impuso la vertiente que impulsaba una alianza con Mauricio Macri, se suponía que el grado de confrontación bajaría. No fue así. Por Javier Tejerizo.

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Como mencionamos, la realidad marcó otra cosa, Macri no contentó con la aprobación de la alianza avanzó en la absorción de líderes radicales en varios distritos (Neuquén, Córdoba y Buenos Aires  los más paradigmáticos), en lo que se entiende una estrategia de largo plazo para lograr una institucionalización del PRO en todo el país, ya que hoy sólo cuenta con presencia fuerte en la Ciudad de Buenos Aires y algunos municipios provinciales.

Por su parte, la UCR a pesar de volcarse hacia la opción macrista, mantuvo y hasta concretó nuevos acuerdos provinciales con otros sectores, en particular con UNA, Massa a la cabeza (La Rioja, Tucumán, Jujuy, etc.). El propio Ernesto Sanz, quien impulsara el pacto con el PRO, salió a aclarar que era sólo con fines electorales y que no participarían de un posible gobierno de Macri.

20 días de denuncias cruzadas

Todos estos datos pasaron a ser menores después de los recientes procesos electorales en Santa Fe y Ciudad de Buenos Aires, en los cuales la UCR (+PS) y el PRO se enfrentaron de manera directa para retener sus respectivos gobiernos distritales.

En Santa Fe tras las Primarias del 19 de abril, en las cuales el candidato del PRO-Peronismo, Miguel Del Sel, había logrado un total de 536.480 (20,85%) por sobre los 533.087 (20,72%) del Frente Progresista Cívico y Social, el gobierno santafesino puso en marcha la maquinaria estatal para revertir el resultado de cara a las generales del 14 de junio; lográndolo de manera más que ajustada. Macri viajó a Santa Fe y, además de asegurar que había ganado la elección, cargó muy fuerte contra el gobierno provincial por la “campaña sucia” hacia Del Sel y las irregularidades en el proceso electoral.

Un poco más de quince días después, el 5 de julio, los papeles se invertirían. El PRO lograría una amplía victoria en la Ciudad, por sobre la alianza encabezada por la UCR, pero debido a las características del sistema electoral porteño, debería definirse el nuevo Jefe de Gobierno en un Sin-t--tulo2Balotaje.

Lousteau, quien ya había acusado fuertemente al gobierno de la Ciudad de realizar operaciones en su contra (los 15 días previos a la elección surgieron múltiples denuncias contra el y sus núcleo duro) y utilizar la Estado porteño para la campaña (al punto que la justicia tuvo intervenir prohibiendo la presencia de Rodríguez Larreta en actos institucionales), asimismo sufrió una fuerte embestida de sus compañeros nacionales solicitando que declinara de participar en la segunda vuelta. La frutilla del postre fue la modificación de botón de voto en blanco en la maquina de sufragio con boleta electrónica, que de ocupar el 2% de la pantalla en las elecciones generales, pasaría a ocupar el 30% (finalmente, Tribunal Justicia mediante, se reduciría al 2%).

Impacto Nacional

Estos cruces locales dejan heridas, algunas podrán repararse y otras no. Por el lado de la UCR, Sanz salió golpeado de la elección de Santa Fe, donde una gran parte del radicalismo, encabezada por el vicegobernador Jorge Henn, anunció que votará a Stolbizer. Asimismo, la alianza Cambiemos (CC-PRO-UCR) tendrá que competir con boleta corta en Santa Fe donde el Frente Progresista posee su propia nómina de legisladores nacionales. En el caso de la Ciudad, en la última semana Lousteau ha tenido que ampliar su base de apoyos, por lo cual su figura quedará asociada no sólo a Sanz, sino también a Stolbizer, De la Sota, hasta Scioli!.

Para Macri, el golpe es menor, pero afecta significativamente su estrategia. Por un lado daba por contada la victoria en Santa Fe para mostrar una hola amarilla con victorias seguidas. Sin embargo, para el PRO se dilatan los festejos. El Balotaje y la tenacidad de Lousteau obligaron a que Macri suspendiera su campaña planificada y centrara sus esfuerzos en apuntalar a Rodriguéz Larreta, quien perdió votos entre las PASO y las Generales, y ahora teme lograr una victoria ajustada en el Balotaje. La situación le hará perder 10 días de campaña (arrancó oficialmente el 10 de julio) y para peor tener que desviarse del mensaje de campaña del “cambio”.

Mientras tanto, desde afuera el resto de los pre-candidatos presidenciales sonríen.