Obama: Más que una victoria ajustada

Las elecciones en los Estados Unidos de América representan uno de los procesos electorales más importantes del mundo. Esta relevancia se debe principalmente al rol que este país tiene en el escenario global y las expectativas que los resultados generan en el resto de los países debido a la futura política exterior estadounidense. 

En este sentido, el objetivo de este artículo consiste en analizar los resultados de las elecciones presidenciales del 6 de noviembre de 2012, que consagraron la reelección del candidato del Partido Demócrata Barack Obama por un nuevo período de cuatro años. Mucho se ha comentado respecto a las cifras y a los resultados de la victoria de Obama, pero resulta necesario realizar un estudio profundo para obtener una real perspectiva de la victoria Demócrata del pasado martes, mucho más amplia que lo que la mayoría de los análisis ha mostrado, aunque sin llegar al nivel de la alcanzada en 2008.

Por Lucas Magliola    

Las características propias del sistema electoral estadounidense, entre las que se destacan la no obligatoriedad del voto, las circunscripciones uninominales, la existencia de un colegio electoral y el régimen que otorga la conquista absoluta de los electores del colegio en casi la totalidad de los estados que conforman el país, le imprimen una impronta particular a un proceso, que de por sí, se destaca por su unicidad debido a la puja de dinámicas sociales de carácter sexual, racial, etáreo y económicas entre otras.

La frialdad de los números muestra que el candidato Demócrata Barack Obama se impuso sobre el candidato Republicano Mitt Romney, con un 51% de los votos contra un 48% de su rival, estos porcentajes representan aproximadamente 62 millones de votos para Obama, frente a los 59 millones conseguidos por Romney. Mientras que el Demócrata obtuvo 332 electores contra los 206 del candidato Republicano, sobre un mínimo de 270 para ser consagrado presidente.

Sin embargo, no resulta prudente realizar un juicio definitivo sobre el proceso electoral tan sólo con la lectura de los números y porcentajes. A fin de obtener un panorama completo de los resultados electorales, es conveniente ahondar en algunas variables que determinaron e influyeron terminantemente para la continuidad del gobierno de Barack Obama. Con el objeto de aportar mayor claridad a los resultados del proceso electoral, es necesario tener en cuenta las siguientes dos variables: 1) Cantidad y distribución del voto. 2) Número de representantes en el colegio electoral, continuidades y rupturas con elección presidencial del 2008.

1. La cantidad y la distribución de los votos conseguidos por los candidatos permiten aportar claridad para una primera aproximación con los resultados. Como se dijo anteriormente, Obama obtuvo alrededor de 62 millones de votos, lo que representa el 51% de los sufragios emitidos, mientras que Romney cosechó un poco menos de 59 millones de adhesiones, un porcentaje cercano al 48%. Ahora bien, ¿Cómo se conformó este número? ¿Qué implicancias trajo este porcentaje?

El proceso electoral estadounidense está marcado por un hecho desconocido para nuestra sociedad, como es la no obligatoriedad de concurrir a las urnas. En este contexto, emitieron su voto aproximadamente 120 millones de personas, casi 10 millones menos que el de la contienda de 2008.

Al analizar la composición del total de votos que obtuvo el candidato Demócrata, pueden encontrarse algunas particularidades. Obama, logró encolumnar tras de sí la mayoría de los sufragios emitidos por las mujeres, los latinos y los negros, consolidando la base de sustentación que lo llevó al poder en 2008 y abonando la tendencia de esos grupos a votar por los Demócratas. Al mismo tiempo, la distribución del apoyo a Obama puede circunscribirse a casi la totalidad de los centros urbanos del país, donde se impuso prácticamente en cada una de las ciudades más pobladas de los distintos estados. Esta tendencia, no sólo se vislumbra en la costa este y oeste, sino que se extendió a lo largo de todo el territorio, incluso en aquellos estados que finalmente aportaron delegados Republicanos al colegio electoral. Aquí se destacan las victorias obtenidas en ciudades como Boston, Nueva York, Filadelfia, Washington D.C., Miami, Nueva Orleans, Atlanta, Dallas, Houston, Saint Louis, Denver, Los Ángeles, San Francisco y Seattle.

Por su parte, el grueso de los votos Republicanos se concentró en aquellos estados que tradicionalmente apoyan al partido, ubicados geográficamente en el centro y sur del país. Aquí cabe destacarse que una gran porción de los sufragios obtenidos se dio en aquellos distritos alejados de los centros urbanos estatales, donde predomina el ciudadano estadounidense más tradicional. Romney, logró recuperar para su partido los estados de Indiana y Carolina del Norte, que en 2008 se habían inclinado por los Demócratas, al tiempo que obtuvo victorias absolutas en estados como Oklahoma y Utah. En tanto, el principal apoyo dentro de los grupos sociales puede enfocarse en los hombres blancos del centro del país.

2. El sistema estadounidense posee la particularidad de mantener un colegio electoral conformado por representantes estatales de cada partido. A su vez, salvo las excepciones de Nebraska y Maine, el candidato que logra la mayoría obtiene para sí la totalidad de los representantes ante el colegio. De este modo, se genera un juego de suma cero donde la victoria, por más ajustada que sea, otorga un beneficio excepcional al triunfador.

Los estados ganados por Obama, le permitieron acumular un total de 332 electores ante el colegio mientras que Romney cosechó 206 representantes, sobre un mínimo de 270 para ser consagrado presidente. Estos resultados representan una baja respecto a los obtenidos por el presidente en el año 2008, en esa oportunidad obtuvo 365 contra los 173 del candidato Republicano.

Entonces, con los resultados y la cantidad de electores confirmados, analizaremos algunos de los resultados históricos de los últimos cincuenta años para poder ubicar y contextualizar los resultados del pasado martes. El presidente que obtuvo la mayor cantidad de electores fue el Republicano Ronald Reagan con 525 durante la elección de 1984, en tanto que quien lo hizo con la menor cantidad fue George Bush hijo con 271 en las cuestionadas elecciones de 2000. Fuera de los extremos, Kennedy se impuso con 303 en 1960, Clinton con 370 y 379 en 1992 y 1996 respectivamente, mientras el propio Bush hijo logró 286 en 2004. De este modo, los 332 electores obtenidos representan un número un poco inferior al promedio del último medio siglo, sin llegar a los pisos mínimos históricos.

Finalmente, a partir de lo analizado resulta conveniente obtener algunas conclusiones respecto al proceso electoral desarrollado en los Estados Unidos la semana última. En primer lugar, resulta necesario remarcar la baja en el nivel de participación de la ciudadanía respecto a los comicios de 2008. En esta ocasión, se observó una merma de aproximadamente 10 millones de electores respecto a la elección presidencial anterior.

Por otro lado, se puede afirmar que el actual presidente logró consolidar el apoyo obtenido durante los anteriores comicios entre los ciudadanos de origen latino y negro, conformando una importante base de sustentación para las aspiraciones Demócratas. En contraposición, cabe remarcarse la poca simpatía que generó el candidato Republicano en los mismos grupos, al tiempo que estos han demostrado ser una variable a tener en cuenta para futuros comicios, no sólo por su participación sino también por el crecimiento demográfico que han experimentado, principalmente los latinos.

Asimismo, es de destacar la ubicación geográfica de los votantes demócratas, mayormente residentes en los grandes centros urbanos a lo largo y ancho de todo el territorio norteamericano, más allá de la inclinación política del estado. El presidente Obama cosechó triunfos en las ciudades más populosas de todo el país, acumulando un enorme caudal de votos en las zonas demográficamente más pobladas pero relegando a manos Republicanas gran parte del resto de las secciones electorales.

Por último, es necesario tener en cuenta que la victoria demócrata del 6 de noviembre no tuvo la magnitud ni la contundencia de la del 2008. Sin embargo, los resultados obtenidos implican una mejora a nivel legislativo, ya que permitió aumentar los representantes del partido en ambas cámaras del congreso nacional. Este hecho se explica esencialmente debido a la abultada derrota electoral sufrida en los comicios de medio término del año 2010, donde el entonces ascendente y conservador “Tea Party” logró canalizar el descontento social, principalmente económico, en sufragios. En esta ocasión, los apoyos para el ala más conservadora del Partido Republicano sufrieron un retroceso que pudo ser capitalizado por los demócratas permitiendo un leve incremento en los escaños legislativos.