Tres razones para entender las elecciones del domingo

Teniendo en vistas las elecciones de 23 de octubre, las Primarias del 14 de agosto no podrían haber sido mejores para el Frente para la Victoria. En busca de su re-elección la presidente Cristina Fernández logró el objetivo de superar el 40% con creces, en lo que resultó una encuesta debido a la falta de competencia en la categoría presidencial; asimismo, sus inmediatos competidores, Alfonsín, Binner y Duhalde, no lograron sacarse diferencia para posicionarse claramente en el segundo lugar. En tercer lugar, no ha habido un cambio de estrategia por parte de la oposición que permita pensar en una modificación de tendencia. Me detendré brevemente para explicar mejor cada uno de los puntos.  Por Javier Tejerizo

El porcentaje de votos de CFK

La reforma política se había planteado como una idea para acercar a representantes y representados a través de la participación de la ciudadanía en la selección de candidatos. Pero a nivel presidencial no hubo opciones, por lo que devino en una encuesta nacional. Cristina Fernández superó el 50% de los votos y realizó una elección mejor a la de 2007, en la cual superó el 45%. De mantener este porcentaje, el 23 de octubre vencerá en primera vuelta sin necesidad de balotaje. Asimismo, las encuestas prevén que podría superar el histórico 52% logrado por Alfonsín en 1983, lo que implicaría un fuerte respaldo a la inició de su nuevo mandato.

Por otro lado, hay que destacar que logró imponerse en casi todas las Provincias (salvo San Luís), inclusive en aquellas en las cuales las elecciones provinciales le habían dado la espalda. En Capital Federal, donde ganó Macri la Jefatura de Gobierno, el Frente para la Victoria se impuso en la Primaria; en Santa Fe, había quedado tercero detrás del Frente Progresista y del Pro, ahora logró el primer puesto; en Chubut, había perdido por escasos votos contra el PJ encabezado por Das Neves (hoy candidato a Vicepresidente del Frente Popular), logró una amplia victoria; en Tierra del Fuego, perdió en el Balotaje contra la actual Gobernadora Fabiana Ríos, logró imponerse; en Córdoba, donde no presentó candidato a Gobernador y en 2007 fue superada por el Radicalismo, terminó primera.

El segundo lugar bacante

El radicalismo una vez más se apoyó en un candidato peronista para atraer votos. En el 2007 llevaba como candidato a Presidente a Roberto Lavagna, en esta ocasión a Francisco De Narvaez, quien venía de vencer a Kirchner en las legislativas de 2009, como candidato a Gobernador de Buenos Aires (representa al 40% del electorado). La estrategia no funcionó según lo esperado, hubo un importante corte de boleta, De Narvaez logró más votos que Alfonsín, y el candidato presidencial de la UCR sólo lograría un 12%, por lo que debemos hablar de un retroceso, ya que en 2007 había logrado el 16%. Por su parte, Duhalde alcanzó los porcentajes estimados por las encuestas, 12%, sacando sus votos principalmente en los grandes distritos. El principal dilema del ex-gobernador de Buenos Aires, es que podría haber encontrado su techo de votantes, ya que compite por segmentos muy similares que otros candidatos como Alfonsín y Rodríguez Saá. Tercero, con el 10% de los votos, se ubicó el Gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, quien logró mantener los votos de las dos muy buenas elecciones realizadas por los integrantes del Frente Amplio Progresista en Córdoba y Santa Fe; pero la falta de una estructura partidaria fuerte en la Provincia de Buenos Aires redujeron sus posibilidades de realizar una mejor elección.

Pero lo importante de remarcar es el porcentaje obtenido por los candidatos, 12% y 10%, lo que implica una diferencia del más del 35% respecto de Fernández, la ventaja más grande lograda desde la vuelta de la democracia. Asimismo, es la primera vez, desde que se instauró el balotaje en 1994, que el segundo candidato no logra superar el 20% y el tercero el 15%; por ejemplo en 2007, tanto Alfonsín como Duhalde, con el 12% se hubieran ubicados cómodos en el cuarto lugar. En este sentido hablamos de que no hay candidato que haya logrado ubicarse segundo en las primarias, lo cual no es un dato menor, ya que no permitirá a los votantes realizar un voto estratégico al candidato con más “chances” de entrar en el balotaje. El resultado de las Primarias ha dificultado significativamente la posibilidad de coordinación de los votantes anti-kirchneristas.

No se baja nadie

En Argentina el método de elección presidencial establece que vence el candidato que logra superar el 45% o 40% con 10% de diferencia sobre él segundo; en caso de que ningún candidato logre alguno de estos objetivos habrá una segunda vuelta o balotaje entre los dos candidatos más votados en la primera vuelta.

En este sentido, la elección directa del Presidente mediante un sistema con umbral reducido y segunda vuelta influye en las estrategias de los votantes y los partidos: los votantes pueden votar por su primer preferencia en la primera vuelta, por lo que los partidos tienen menos incentivos para formar alianzas. Es más, incluso los partidos pequeños tienen un incentivo para presentar su propio candidato presidencial, ya que el arrastre del mismo ampliará sus posibilidades de lograr bancas o porcentaje de votantes para negociar su apoyo en la segunda vuelta. Tras la crisis del 2001 esta tendencia se vio reforzada.

El 23 de octubre no será la excepción, por ello no se ha dado un cambio de estrategia por parte de la oposición. Candidatos con pocas posibilidades, como Rodríguez Saá, que logró el 8%, Carrió, apenas un 3%, o Altamira, superó el 2%, no bajarán su candidatura para apoyar a un eventual segundo, ya que eso restaría posibilidades para sus listas de legisladores. Es más, la principal estrategia de los candidatos que lograron más votos como Alfonsín, Binner y Duhalde, tras las Primarias, ha sido atacarse mutuamente tratando de competir por el mismo electorado.

En este sentido no hubo un aprovechamiento de las Primarias, que dejaban un antecedente que permitirá a las agrupaciones políticas repensar sus estrategias y generar posibles alianzas (informales) en vistas a octubre.

Estos tres factores contextuales e institucionales vuelven poco probable que haya grandes variaciones en las elecciones generales respecto de las primarias, pero como siempre la última palabra la tendrán los ciudadanos.