Labaqui: “El modelo” no goza de la misma popularidad entre los mercados que entre los votantes

En una entrevista con Elecciones Argentinas, el Politólogo argentino Ignacio Labaqui remarcó que a pesar del compromiso mostrado por Cristina Fernández en el pago de la deuda, “la política económica del gobierno es juzgada como insustentable”.

Asimismo, aseguró que ningún candidato opositor, más allá de las promesas de campaña, realizará en el corto plazo una reducción drástica de los subsidios,  de la inflación y de las retenciones.

La entrevista forma parte de la serie “Cinco preguntas a… Los académicos tienen la palabra” que realiza el equipo de Argentina Elections – Elecciones Argentina a varias figuras del ambiente académico nacional e internacional para analizar los comicios de 2011. Para ver el resto de las entrevistas, visite esta páginaPor Javier Tejerizo.

Crédito Foto: CADAL

Javier Tejerizo: -¿Cuáles son las expectativas de los inversores en materia economica, tras elecciones primarias?

Ignacio Labaqui: Las primarias dejaron bien en claro que no hay ninguna expectativa de cambio en las elecciones de octubre. A pesar de que pocos gobiernos han demostrado tanto celo en el pago de sus compromisos de deuda como en asegurar la capacidad de pago como los de Néstor y Cristina Kirchner, los así llamados mercados siguen desconfiando del kirchnerismo. El argumento suele ser que “la foto está bien pero que la película se ve mal” o por decirlo en otros términos, la política económica del gobierno es juzgada como insustentable. Y si bien los inversores saben que la Argentina tiene chances muy bajas de tener problemas en cumplir sus compromisos de deuda, entre otros motivos porque casi el 50% de la deuda está en manos del propio Estado nacional, podríamos decir que “el modelo” no goza de la misma popularidad entre los mercados que entre los votantes.

La perspectiva de una elección presidencial más competitiva probablemente hubiera impactado positivamente sobre el precio de los bonos, sobre todo de aquellos que ajustan por inflación, debido a las perspectivas de cambios en el INDEC si había un cambio de administración. Lo mismo puede decirse de acciones de empresas de servicios públicos ya que muy posiblemente la perspectiva de un administración de otro signo estimulara la creencia en un ajuste en el esquema tarifario. Lo mismo puede decirse de aquellos grupos empresarios con malas relaciones con el gobierno. Es cierto que esto debe matizarse ya que tal vez el impacto positivo que la posibilidad de una elección más competitiva hubiera tenido sobre el mercado habría sido compensado con creces por las turbulencias que estamos observando a nivel global.

Con todo, es evidente que es prácticamente imposible que algún candidato opositor tenga chances frente a CFK o que su triunfo en primera vuelta esté en riesgo. Entonces la incógnita más bien pasa por qué hará CFK luego de obtener la reelección. Las elecciones primarias dejaron en claro que “los votos son de Cristina”. El diseño de las listas legislativas, marginando a dirigentes con trayectoria y colocando en lugares privilegiados a dirigentes del riñón kirchnerista sin peso específico propio, fue una jugada audaz pero que pagó sus réditos. El aluvión de votos obtenidos por CFK en las primarias dejó de lado cualquier hipótesis planteada ex ante sobre el riesgo de una vendetta del aparato peronista. Y si tomamos en cuenta que CFK obtuvo el 51% de los votos, luego de tres resultados adversos para sus candidatos en distritos importantes, queda claro que es su figura la que tracciona votos. Asumiendo que en Octubre va a obtener un nivel de respaldo igual en el peor de los casos, está claro que va a comenzar el segundo mandato con amplios grados de libertad en materia política, con lo cual podrá decidir con bastante discrecionalidad qué rumbo quiere imprimirle a esta segunda gestión. A ello sumaría que gracias a la distancia que sus listas legislativas le sacaron a las listas de los distintos partidos opositores, y a la reversión de la diáspora peronista disidente iniciada tras el conflicto con el campo, en diciembre el gobierno va a estar cerca de recuperar el quórum propio que perdió gracias a las crisis de 125 en parte, y en parte a la derrota en las legislativas de 2009. Entonces, la expectativa de los mercados está en el rumbo que adoptará la gestión económica. De vuelta, la visión de consenso es que aunque la Argentina no va a tener problemas en honrar sus pagos de deuda –la carga de deuda es muy baja y las fuentes intra sector públicos le dan un suficiente margen de maniobra- el escenario económico que va a enfrentar la segunda gestión de CFK es menos confortable por diversos motivos, algunos de orden interno y otros provenientes del orden internacional.

Entre los primeros destacaría que durante la gestión de CFK se operó un cambio respecto de la gestión de Néstor Kirchner. El período 2003-2007 estuvo signado por un tipo de cambio competitivo y por superávits fiscal y externo. Esto cambia a partir de 2007 cuando el kirchnerismo resigna la lucha contra la inflación, y sobre todo a partir de la crisis del campo cuando el objetivo del tipo de cambio competitivo cede frente al uso del tipo de cambio como una forma de contener presiones inflacionarias. A la vez, se aprecie un progresivo deterioro de la holgura externa y también de la calidad del déficit fiscal, que es cada vez más explicada por transferencias del Banco Central o de la seguridad social. El tipo de cambio ya no es el mismo del período 2003-2007 y tratar de recuperar competitividad con una devaluación es problemático porque implica resignar la herramienta principal contra un incremento en las presiones inflacionarias, aparte del impacto que ello podría tener en la capacidad de moderar la puja distributiva, algo en lo que hasta ahora el gobierno ha demostrado tener un éxito notable. Es decir que aunque en la retórica el gobierno insista en el superávit primario, el superávit externo y el tipo de cambio competitivo, en la práctica, a fin de año, cuando CFK comience su segundo mandato ellos serán parte del pasado. CFK va a comenzar su segundo mandato con una cuenta corriente ligeramente negativa, con una caída de reservas originada no sólo en el uso de las mismas para cancelar deuda sino también por una salida de capitales que de continuar a los actuales niveles probablemente supere los 20 mil millones de dólares en 2011, y con un tipo de cambio que, salvo para los exportadores de commodities agrícolas y sus derivados, está claro que es cada vez menos competitivo. En cuanto a los motivos de orden internacional que hacen que sea menos confortable la situación del gobierno a comparación de los años previos, claramente destacaría la crisis internacional y sus posibles implicancias para los flujos de comercio y el precio de las materias primas.

Dicho esto, los inversores internacionales no tienen expectativas de que la nueva administración de CFK realice correcciones mayúsculas al modelo: no hay motivos para suponer que CFK nombre una figura fuerte en el ministerio de economía o que encare de un modo diferente a lo que hemos visto hasta ahora el tema de la inflación, ni siquiera que el INDEC recupere la credibilidad de sus estadísticas, que realice el Artículo IV, o que encare de manera consistente la cuestión de los subsidios al tranporte o la energía, todas cuestiones de sumo interés para los inversores internacionales. Más bien la duda es acerca de sí la próxima gestión mantendrá con la política económica a ligeros retoques (un selectivo ajuste tarifario, una ligera desaceleración en el ritmo de crecimiento de los subsidios, y tal vez un intento del gobierno de mantener la inflación en los niveles actuales apelando en forma más agresiva al ancla salarial –algo que ya se comienza a percibir) combinado con algún intento de retornar al financiamiento en los mercados de capitales o si habrá una radicalización del modelo caracterizada por un mayor proteccionismo, mayores controles cambiarios y un intento de apropiarse de una porción mayor de los ingresos del sector agroexportador.

JT: -¿Se espera, se cual fuere el candidato vencedor, un cambio del rumbo de la economía argentina?

IL: Si por cambio de rumbo entendemos una vuelta a la década del 90, entendiendo por esto un desmantelamiento del estado, la utilización de un tipo de cambio apreciado, crecimiento en base al endeudamiento externo y dejar todo librado a la suerte del mercado, entiendo que no. Da la impresión de que hay un cierto consenso en torno a la necesidad de mantener superávits gemelos y un tipo de cambio competitivo como pilares de un modelo económico basado en la producción y en las ventajas que el escenario internacional le ofrece a la Argentina. Si es evidente que los candidatos de la oposición plantean diferencias respecto del gobierno en temas como la política anti-inflacionaria, dentro de ella particularmente la cuestión del INDEC y el tema de los subsidios a la energía y el transporte. Pero a grandes rasgos, más allá de la retórica de campaña, ningún candidato opositor iría por una reducción drástica de los subsidios o un plan de estabilización anti-inflacionario que apunte a reducir la inflación a un dígito en unos pocos meses –algo que probablemente sería recesivo- o, más allá de lo que se diga, la eliminación total de las retenciones. Por más que algún candidato intente seducir al voto rural prometiendo la eliminación total de las retenciones, ello parece impracticable en el corto plazo por el agujero que representaría para los ingresos del fisco. En el improbable caso de que un opositor triunfe probablemente la política económica tendría un sesgo algo menos expansivo y se apuntaría a mejorar el clima de inversión, algo que tradicionalmente se le ha reclamado a este gobierno y a su antecesor.

JT -¿Cuáles son los logros y las materias pendientes de la democracia en nuestro país, desde1983 ala fecha?

IL: Me parece que el logro principal está dado por la misma subsistencia de la democracia. Estos casi treinta años de democracia no tienen precedente en nuestra historia. No hay proscripciones ni restricciones en el ejercicio de los derechos políticos. Otro logro a destacar es que crisis profundas como las de 1989 y 2001-2002 pudieron resolverse en el marco de las instituciones democráticas. Hay un piso

Dentro de las materias pendientes diría que en el plano económico la definición de una estrategia de desarrollo sustentable es una de las principales carencias. En el plano de lo social la democracia, cuyo fundamento es la igualdad ciudadana, coexiste con una profunda desigualdad social, que muchas veces termina convirtiendo la igualdad ciudadana en una mera ficción legal. Reducir la pobreza y corregir los escandalosos niveles de desigualdad son definitivamente asignaturas pendientes. De otra forma, el ejercicio ya no de los derechos políticos, sino de los derechos civiles, se vuelve ilusorio para amplias franjas de nuestra población.

En el plano institucional destacaría la reconstrucción del sistema de partidos, un requisito clave para el buen funcionamiento de la democracia. La crisis del radicalismo –tal como lo mostraron las elecciones de 2007 y como lo van a mostrar las próximas elecciones de octubre- ha resultado en la ausencia de una fuerza alternativa al peronismo. Desde 1983 y especialmente desde 2001 somos testigos de una progresiva pérdida de institucionalización del sistema de partidos. Basta con ver los resultados año a año de la encuesta de Latinobarómetro para darse cuenta que aunque el apoyo a la democracia se mantiene elevado, cada vez hay menos confianza en los partidos políticos y en el Poder Legislativo. Y con ello señalaría otra asignatura pendiente: mejorar las instancias de control del Ejecutivo. El gobierno de Néstor Kirchner dio un paso muy importante con la renovación de la Corte, y eso es justo reconocerlo. Pero de ahí o pareciera que hemos pasado. Y de vuelta, la ausencia de una fuerza o una coalición de fuerzas alternativas, claramente conspira contra el buen funcionamiento de instancias de control.

Mencionaría una última cuestión: en primer lugar el tema del nivel de democracia a nivel subnacional. De 1983 a la fecha podría mencionar casos como el de María Soledad Morales en Catamarca, o el crimen de la Dársena en Santiago del Estero o más recientemente la represión de los pueblos originarios en Formosa que muestran que la democracia a nivel nacional, coexiste con regímenes a nivel subnacional que en el mejor de los casos llamaría híbridos. Para usar la terminología de O’Donnell, eliminar las zonas marrones de democracia me parece que es un desafío a futuro.

¿Quién es?
Ignacio Labaqui es Politólogo y Profesor del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina.

Contribuyen en la serie: Juan Cruz Fernández, Mariano Machado, Hugo Passarello Luna, Luciano Romero Mascarell, Mariela Szejnfeld Sirkis