La Presidenta cerró su campaña con un llamado a la unidad nacional

Al igual que en las primarias, Cristina Fernández de Kirchner hizo el acto de cierre en el Teatro Coliseo, aunque esta vez la acompañaron en el escenario los protagonistas de los spots de campaña. En su discurso defendió los logros obtenidos durante los últimos ocho años y se comprometió a profundizar las “políticas que incluyan más pluralidad y derechos humanos” y afirmó que “Vamos por más patria, más libertad y más igualdad”. A los dirigentes que apoyan el proyecto, les pidió que dejen de lado las cuestiones menores y que entiendan que ella debe articular los deseos de 40 millones de argentinos. También hubo lugar para la emoción, al recordar a su compañero Nestor Kirchner y al mencionar a sus hijos, presentes en el acto. Luego de algo más de una hora, la presidenta cerró su discurso con un encendido llamado al debate y la unidad.

Crédito de la foto: Galería Casa Rosada

No es una lucha de imparciales, no soy neutral”
Julián Bruschtein y Nicolás Lantos
Página 12
20 de octubre de 2011

La Presidenta convocó a “la unidad nacional” y a los dirigentes a dejar de lado las “diferencias menores”. Compartió escenario con los protagonistas de sus spots de campaña. Se emocionó al recordar a Néstor Kirchner y mencionar a sus hijos.

Con un fuerte llamado a “la unidad nacional”, a tono con lo que fue toda la campaña, la presidenta Cristina Kirchner encabezó ayer su último acto antes de los comicios del domingo en los que, según todos los pronósticos, será reelecta. “Yo no le guardo rencor a nadie, las cosas que han pasado me obligan a abrirme cada vez más, a tender la mano, a superar las diferencias”, sostuvo al borde de las lágrimas, en un llamado a los distintos sectores que conforman la sociedad a que colaboren durante los próximos cuatro años para aprovechar lo que calificó como “una oportunidad histórica” para la Argentina. “Por primera vez podemos pensar a mediano y largo plazo”, destacó al pedir “gestos de grandeza” para “articular los intereses de 40 millones de argentinos”, aunque aclaró: “Siempre con políticas inclusivas. Esto no es una lucha de imparciales, yo no soy neutral”.

El Teatro Coliseo estaba repleto. El escenario era el mismo en el que cerró la campaña previa a las primarias de agosto, pero el clima era otro: con los resultados de las PASO en el bolsillo y la certeza de una victoria en primera rueda, en la platea los rostros de funcionarios, dirigentes y otros personajes de la política y la cultura se veían más relajados. Las pantallas gigantes mostraban spots de la campaña mientras en las tres bandejas llenas de militantes de la juventud (en cualquiera de sus versiones, sea La Cámpora, Descamisados, Kolina, el Evita y la Juventud Socialista) se entonaban los cantitos habituales y hasta algunos novedosos.

Hubo otra diferencia con agosto: en aquella ocasión, los asientos ubicados sobre el escenario fueron ocupados por miembros del gabinete, gobernadores y legisladores oficialistas, que ayer tenían sus butacas en las primeras filas de la platea. Una vez que comenzó el acto, esos lugares fueron ocupados por los protagonistas de los spots de campaña, que subían a medida que se proyectaban los avisos que protagonizaban.

Así, pasaron Jorge, el dueño de una fábrica de termos; Federico, el programador de software; Ariel, el “geniecillo”, como lo llamó CFK, y sus compañeros en las olimpíadas de matemáticas; Jesica, la flamante dueña de una casa propia; Atilio, el viejo trabajador del astillero; Cecilia, la científica repatriada; Haydée, la costurera que pudo jubilarse; Elena, la correntina con su casa “supersónica” por la antena de TV digital; y Victoria Montenegro, hija recuperada, junto a otros y otras con historias similares y que ocuparon ayer un lugar de privilegio, desde el que no se privaron de saltar y cantar como si estuviesen en la tribuna. El último en sumarse fue el ministro de Economía y candidato a vicepresidente, Amado Boudou, que se acomodó entre los demás para recibir a la Presidenta. A un costado del escenario, el vocero presidencial Alfredo Scoccimarro supervisaba todo con sonrisa de misión cumplida.

Con esa escenografía de fondo, tres minutos después de la hora anunciada, apareció la Presidenta en medio de una lluvia de papelitos celestes y blancos. En todo el teatro retumbó un canto: “Para Cristina, la reelección”. Antes de meterse de lleno en su discurso, saludó a cada uno de sus invitados, recordando el momento en el que los conoció. También mencionó al único ausente, el atleta Brian Toledo, que se encuentra en Guadalajara compitiendo en los Juegos Panamericanos. Luego habló durante algo más de media hora, combinando momentos emotivos con definiciones políticas.

“Háganmelo fácil, muchachos, en este año tan peculiar que me tocó vivir como Presidenta y como mujer quiero agradecer a los 40 millones de argentinos que en cada casa, en cada provincia, en cada fábrica que inauguramos, me decían: ‘Fuerza Cristina, no aflojes’”, comenzó CFK, que agradeció después a sus hijos Florencia y Máximo, “sin los cuales no hubiera sido posible seguir”.

“A él lo veo en todas partes, pero mucho más en ellos”, explicó. En este punto, se le quebró la voz y tuvo que beber un trago de agua antes de continuar. Pero no fue la única: entre el público también abundaban los ojos vidriosos.

Al igual que en sus anteriores apariciones durante la campaña, la Presidenta puso énfasis en que “estamos en un momento difícil, complejo y turbulento del mundo” y, sin embargo, acotó, la Argentina está en mejores condiciones ante la crisis que los países desarrollados. En este contexto fue que realizó el llamado a la unidad, que no se dirigió solamente a opositores, sino también a quienes han apoyado al gobierno desde sus perspectivas sectoriales. “Les pido a todos los que tienen responsabilidades institucionales que dejemos de lado las cuestiones menores. Les pido mayor inteligencia –machacó CFK–. Todos tienen derecho a defender sus intereses pero tienen que entender que esta Presidenta tiene que articular los deseos de 40 millones de argentinos.”

Hizo un repaso de los logros obtenidos durante los últimos ocho años, entre los que destacó la democratización del acceso a los medios de comunicación, la incorporación de dos millones y medio de jubilados al sistema, un crecimiento del 9,1 por ciento en este año de crisis internacional y se guardó un anuncio como frutilla del postre: la desocupación del tercer trimestre cayó de 7,3 por ciento a 7,2 por ciento, para ubicarse en su nivel más bajo de los últimos veinte años, es decir, desde el inicio de la convertibilidad.

No faltó espacio para la autocrítica, entendida como la revisión de necesidades y objetivos en base a la nueva situación del país. Entre los ítems que mencionó, destacó “adecuar el sistema educativo a esta Argentina”, junto a que, debido a la inclusión creciente, “faltan cosas” como escuelas, viviendas, megavatios para alimentar a la industria, hospitales, rutas y fábricas. “Queremos más industria argentina. Queremos agregarle valor a esta producción que se ha convertido en la más competitiva del mundo”, resumió.

Cristina Kirchner cerró su discurso con la promesa de profundizar las “políticas que incluyan más pluralidad y derechos humanos. Vamos por más patria, más libertad y más igualdad”. A sus espaldas, “los representantes de la Argentina real” –como los calificó– se despegaron de sus asientos e improvisaron un pogo mientras que en las primeras filas hacían lo mismo gobernadores (estaban todos los alineados con el oficialismo), el gabinete en pleno, legisladores afines, intendentes del conurbano, buena parte de la cúpula de la CGT y la CTA, además de personalidades de los derechos humanos y la cultura. Más atrás todavía se sucedían funcionarios de segunda línea con militantes, todos aunados bajo la lluvia de papelitos celestes y blancos, mezclados en abrazos que parecían réplicas del que la Presidenta, entre lágrimas, les dio a sus hijos Máximo y Florencia no bien terminó de hablar.

Cristina: “Les pido a los hombres con responsabilidades que sean inteligentes”
La Nación
20 de octubre de 2011

Con un repaso de la gestión de gobierno kirchnerista, Cristina Kirchner cerró su campaña con la que aspira a ser reelecta. La Presidenta defendió el modelo económico, destacó la posición argentina frente a la crisis internacional y también lanzó algunas críticas al sindicalismo y a la oposición.

Apenas pasadas las 19.30, la mandataria ingresó al escenario, rodeada por los protagonistas de los spots de campaña. “Háganmela fácil muchachos, por favor. Es un día muy especial”, comenzó Cristina Kirchner entre papelitos y cánticos.

Visiblemente emocionada, tiró besos al público, ante la atenta mirada de su compañero de fórmula, Amado Boudou. Las primeras lágrimas llegaron con el recuerdo de Néstor Kirchner. Desde las butacas la acompañaban ministros, gobernadores, dirigentes y legisladores oficialistas. También estaban sus hijos, Máximo y Florencia Kirchner, y su madre.

Luego de un repaso por la gestión de gobierno kirchnerista y una férrea defensa del modelo económico, Cristina Kirchner defendió la postura argentina frente a la crisis internacional: “Estamos en un momento complejo del mundo, donde se cayeron los íconos que trataron de convencernos de lo que estábamos haciendo estaba mal, que teníamos que cambiar. Menos mal que no cambiamos”.

Enseguida, llegó el embate más fuerte de la noche. En medio de una disputa con el sindicalismo, Cristina Kirchner lanzó: “Les pido a todos los hombres y mujeres que tienen responsabilidades y que se sienten identificados con este proyecto, que dejemos de lado las cuestiones menores. Les pido mayor inteligencia”.

Y recordó una frase escrita en referencia al Mayo Francés: “Los tontos son aquellos que cuando algunos señalan la luna con el dedo, miran el dedo”. Sin embargo, pidió un “punto de unidad para superar las diferencias sin perder la identidad”.

De paso, antes de mencionar una leve baja en el desempleo, la mandataria atacó a la oposición. “Esperemos que el presupuesto que mandamos este año lo aprueben”, dijo, en referencia al revés que sufrió el proyecto del Ejecutivo en 2010.

Por último, se despidió con un encendido llamado al debate y la unidad. “No guardo rencores a nadie. Las cosas que me han pasaron me obligan a abrirme cada vez más, a tender la mano, a superar las diferencias debatiendo. Sé que no es fácil porque hay intereses, pero siempre va a ser con políticas de inclusión social y de defensa de los sectores más vulnerables”, concluyó.

Un mensaje con el sello inconfundible de Cristina
Hugo Emaldi
Telam
19 de octubre de 2011

El mensaje de cierre de campaña de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el teatro Coliseo no puede dejar dudas a nadie, porque tuvo el sello inconfundible de la propia Cristina.

A través de sus palabras la Presidenta ratificó no solo el rumbo de su gobierno y el modelo que lleva adelante, sino que se ofreció como la “articuladora” de los distintos intereses de los sectores que existen en toda sociedad.

“Sepan que soy la Presidenta de los 40 millones de argentinos y estoy dispuesta sin rencores a trabajar para superar las diferencias dialogando, debatiendo, discutiendo…”, dijo Cristina en una de las partes más fuertes de su mensaje.

Con apelaciones a la unidad nacional y a “sentirse orgullosos de de pertenecer a nuestra América del Sur y tomar nuestras propias decisiones y superar nuestras diferencias aquí y con inteligencia” Cristina aludió a la necesidad de encontrar las formas de superar las diferencias “porque allí está el punto de unidad sin necesidad de perder identidad, ni historia”, dijo.

En ese punto la jefa del Estado llamó a toda la dirigencia política y empresarial a “redoblar esfuerzos” y destacó que “por primera vez en la Argentina podemos pensar a mediano y a largo plazo”.

Tuvo palabras de elogio para su compañero de fórmula, el ministro de Economía Amado Boudou y se tomó un largo rato para saludar y recordar a cada una de las personas que colaboraron en los spots televisivos de la campaña que esta noche cerró.

El discurso de Cristina tuvo la emoción lógica del recuerdo a su compañero de vida y militancia el ex presidente Néstor Kirchner, pero también tuvo la fuerza del repaso de todas las medidas llevadas adelante en los últimos cuatro años. Hasta tuvo el adelanto del nuevo índice de desocupación del último trimestre del 7,2%.

Por eso el cierre del mensaje no puede dejar lugar a ninguna duda. Porque la Presidenta fue auténtica hasta cuando el comenzar sus palabras les pidió a los jóvenes que coparon las plateas altas del Coliseo: “Háganmela fácil, muchachos. Hoy es un día especial”.