Las PASO: vestigios de la crisis del 2001

En el siguiente artículo la politóloga Liliana de Riz explica cómo la crisis económica y socio-política que atravesó la Argentina en el 2001 marcó un punto crucial en la evolución del sistema de partidos, cuyos efectos aún son visibles en el resultado de las elecciones primarias celebradas el último 14 de agosto. El liderazgo que supieron asumir los Kirchner en momentos de crisis se vio reforzado por la multiplicación de los partidos políticos, de mayor índole personal, que atentaron contra la constitución y consolidación de otras fuerzas políticas opositoras. Nuevas claves de lectura de las PASO.

Crédito de la foto: CC/Flickr/CateInCba

Una democracia a la sombra de la crisis del 2001
Liliana de Riz (UBA/Conicet)
Clarín
16 de agosto del 2011

Las primarias abiertas han clarificado ciertos interrogantes políticos, pero dejan abiertos otros; como la actitud del oficialismo ante este triunfo y la manera como las fuerzas de oposición buscarán mejorar su pobre resultado electoral. Preguntas de cara a octubre.

Las elecciones internas dieron un triunfo arrollador a la fórmula presidencial encabezada por Cristina Kirchner. Con el apoyo de la mitad del electorado y a gran distancia de sus seguidores que, arracimados, apenas superaron el 10% de los votos, la Presidenta parece tener asegurada la reelección. La estrategia electoral de la oposición se hizo trizas. ¿Por qué un fracaso tan rotundo?

A una década de la crisis de 2001, todavía perduran sus consecuencias sobre el sistema político. Aquel año colapsó el sistema de partidos que había organizado la democracia desde 1983. El peronismo pasó a ser la fuerza predominante de un sistema partidario desequilibrado por la pérdida de los apoyos del espectro no peronista. Desde entonces, la fragmentación alimentada por la proliferación de nuevos partidos -la mayoría de los cuales son partidos personales, sostenidos por el voto independiente- y la difícil reconstrucción del radicalismo, han conspirado contra la capacidad de la oposición de ofrecer propuestas que despierten el entusiasmo y conviertan la nostalgia en esperanza de futuro. Único camino para convertirse en alternativa de poder. El Acuerdo Cívico entre el radicalismo, la Coalición Cívica y el socialismo, se desgranó en tres candidaturas. La Alianza entre Macri, De Narváez y Solá también sucumbió. Lejos quedó la elección a tres bandas de 2009. Transcurrida una década, la UCR no ha sido sustituida por otra fuerza con despliegue nacional. El socialismo de Hermes Binner se propone llegar a serlo.

El crecimiento económico y el auge del consumo sostenido por el Gobierno no alcanzan para explicar los resultados de estas internas. Otros factores jugaron también a la hora de dar el voto. La repentina muerte de Néstor Kirchner trajo aparejada la revalorización de su liderazgo y del peronismo como movimiento político, y contribuyó a la desarticulación de las estrategias de la oposición. La imagen de la Presidenta en duelo, pero manteniendo la energía para conducir al país, recuperó la simpatía de gran parte de una sociedad conmovida.

Las internas anticipadas y fallidas del radicalismo y del peronismo disidente desgastaron la imagen de su dirigencia. Luego, las internas establecidas por ley, que muchos presumían letra muerta, desató una danza de idas y vueltas entre candidatos que contribuyó a debilitar aun más la imagen de los partidos. Las listas colectoras llevaron agua al mismo molino. La política partidaria se trasmutó en política electoral. Con partidos convertidos en maquinarias unificadas alrededor de un candidato, las estrategias se definieron de acuerdo con los cargos a elegir. Sólo Binner y Rodríguez Saá pusieron la gestión como telón de fondo de sus campañas. Duhalde aseguró ser el “piloto de tormentas” que la sociedad requiere, sin calcular que son muchos los que no perciben tormentas en ciernes y que aprecian una mejoría relativa en sus propias vidas. Mientras el Gobierno presentó un futuro blindado ante la crisis internacional, la oposición no supo explicar cómo evitar los problemas que se avizoran y que el Gobierno disfraza con las cifras del INDEC o el silencio. La asimetría de recursos entre un gobierno confundido con el Estado y la oposición, también contribuyó a engrosar los apoyos del oficialismo.

Estas internas, encimadas a las elecciones generales, lograron una asistencia similar a la de elecciones generales, pero perdieron su significado original: antes que instrumento para la democratización de los partidos, fueron el expediente para renovar liderazgos y definir un sucesor en el peronismo. Sin competencia interna en las elecciones presidenciales y con pocos distritos en los que los partidos presentaron más de una lista para legisladores, las internas se convirtieron en remedo de la elección general. La competencia interna se desplazó a los niveles subnacionales. Como la ley impide la modificación posterior de las listas y el armado de alianzas, deja a la oposición con poco margen de maniobra para redefinir su estrategia. ¿Podrá una oposición fragmentada y desorientada hacer en los 70 días que le restan lo que no pudo hasta ahora?