El PJ disidente busca dejar de lado sus diferencias

El Partido Justicialista (PJ) disidente, aquéllos que no comulgan con la administración de los Kirchner miembros ellos también del PJ, se mostraron juntos ante la prensa en la busca de dar una imagen de solidez, unión y paz. Sin embargo todavía no queda claro quien será el candidato en 2011 para las elecciones presidenciales.


La pelea principal es por las candidaturas, no por las ideas
Carlos Pagni
La Nacion
11 de agosto 2010

Juan Bautista Alberdi afirmaba que las grandes diferencias entre los políticos no se producían porque pensaran distinto, sino porque querían lo mismo. Este es el rasgo más visible de la crisis que atraviesa el Acuerdo Cívico y Social (ACyS). El problema principal entre los socios no tiene que ver con las ideas, que aparecen poco, sino con las candidaturas. Y, como era de esperar, quien con mayor vehemencia lo expuso fue Elisa Carrió. Tiene sus motivos. Los radicales comenzaron a definir su oferta electoral sin siquiera consultarla. Ricardo Alfonsín promete lanzar su candidatura presidencial el 30 de octubre, en homenaje-cábala al triunfo de su padre en 1983. Y Julio Cobos comentó con dirigentes del partido y con un par de peronistas que piensa acelerar el paso de su proselitismo.
Carrió recordó a esos aliados que todavía está en condiciones de estropearles el sueño: es posible que las elecciones del año próximo sean muy reñidas y, por lo tanto, bastaría con que ella, navegante solitaria, obtuviera un 5 o 10% de los votos para que la UCR y el Socialismo quedaran fuera del ballottage.
La advertencia de Carrió tuvo recepciones variadas entre los radicales. Un grupo, que incluye a las autoridades del partido -Ernesto Sanz, Jesús Rodríguez- y a importantes dirigentes que respaldan a Cobos, se preguntó si no será mejor formalizar la separación y no esperar a que la diputada administre esa dinámica. Esa estrategia se basa en algunas suposiciones. La primera es que Carrió ya resolvió desvincularse y, por lo tanto, agravará con sus querellas las dudas sobre la capacidad del ACyS para gobernar. Además, estos radicales creen que la convivencia forzada hará perder más votos que los que ella pueda arrastrar en la partida, ya que -para esta visión- a Carrió le espera un declive electoral similar al de Ricardo López Murphy.
La separación deliberada de Carrió requeriría un aval unánime. Pero Alfonsín no comparte aquellas premisas. El cree que lo de Carrió es un modo -desagradable, por lo público- de ejercer presión. No una ruptura. Gerardo Morales quiere creer lo mismo. Es natural, ya que fue él el autor de la sociedad que se estaría disolviendo. Es posible que en esta lectura haya también algo de picardía: ¿por qué va a renunciar Alfonsín a que alguien tan elocuente como Carrió recorra los canales de TV denostando a sus competidores de la interna?
La incomodidad de Alfonsín
No será fácil para Alfonsín convencer a sus correligionarios o defender delante de ellos algunas conductas de su aliada. Por ejemplo, la de destacarlo a él como el único interlocutor radical. El propio “Ricardito” se incomoda con esos halagos por un motivo razonable: ¿cómo criticar a los Kirchner porque no reconocen a los partidos como interlocutores, pero admitir que Carrió clasifique entre réprobos y elegidos dentro de la UCR para avanzar en cualquier conversación? “Ya tuvimos radicales K, ¿ahora vamos a tener radicales C?”, comentó un insidioso.
Alfonsín está dispuesto a reconocer que la Coalición Cívica debe sentarse en el reparto general de poder del ACyS, pero siempre y cuando se establezca un mecanismo institucional de discusión. En las próximas horas, el diputado le pedirá a Ernesto Sanz que, en calidad de presidente de la UCR, impulse una mesa de autoridades partidarias de ese acuerdo para arbitrar los conflictos en esa instancia y de manera despersonalizada. Es un desafío para Carrió, quien considera que el GEN, de Margarita Stolbizer, es una ONG y que el socialismo de Hermes Binner es un partido provincial. La corrosiva retórica de Carrió no es un factor secundario en este enredo. “Uno de los motivos por los que queremos terminar con esta historia es el hartazgo por la descalificación”, comentó uno de los secesionistas, que de a poco fue engranando: “¿Usted puede creer que se pelee con Binner, que es médico anestesista?”.
Carrió suele preocuparse por ese aspecto conflictivo, que le da un gran atractivo mediático, la muestra audaz y valiente, pero, a la vez, la devalúa en las encuestas emparentándola con los Kirchner. Para disimular esta propensión ha blanqueado una vieja iniciativa de acordar con Carlos Reutemann y Felipe Solá. Es decir: esta vez destruye la casa para ampliarla. El argumento es que se trata de una forma mucho más correcta de acordar con el PJ que entrando en componendas con Eduardo Duhalde o con Francisco de Narváez. Son acusaciones cifradas contra Cobos, quien conversa con esos otros dirigentes. Son también acusaciones contradictorias: ¿si al vicepresidente se le reprocha haber estado con los Kirchner, no cabe el mismo cargo para Solá o Reutemann? De todos modos, Reutemann no contestó la invitación. Solá, medita, circunspecto.
Hay un reproche de Carrió que tiene más consistencia. Es verdad que los radicales, cualquiera que sea su pelaje, prefieren un acuerdo con Binner. Por eso ayer se saturaron las comunicaciones a Santa Fe para que el gobernador aclare, como lo hizo, que sus declaraciones sobre las retenciones habían sido tergiversadas. Los socialistas proponen que el Congreso establezca topes para las retenciones, pero que el Ejecutivo fije la alícuota; lo mismo piensan los radicales. Binner despejó ante sus amigos de la UCR la incógnita mayor: sigue estando en conflicto con Kirchner.
El conflicto entre el radicalismo y Carrió es muy profundo. En el año 2007 condujo a la UCR a ir a las elecciones con un candidato peronista, Roberto Lavagna, con tal de no plegarse a ella. Sin embargo, este entuerto exhibe las debilidades principales de toda la oposición. La más evidente es que sus dirigentes carecen de un mínimo dispositivo institucional que les evite personalizar las disputas a través de los diarios. Tampoco cuentan con un árbitro, sobre todo desde que falleció Raúl Alfonsín. Pero la mayor flaqueza de quienes enfrentan al Gobierno es que su principal hipótesis es que la mala imagen de Kirchner los llevará, por inercia, al poder, relevándolos de tener una estrategia profesional y un programa inteligente para gobernar. En un pecado similar cayeron en los 90, cuando se constituyó la Alianza contra Carlos Menem. Así les fue.
Una coincidencia con fórceps
Nicolás Lantos
Pagina 12
11 de agosto 2010

Unas pocas coincidencias le trajeron algo de aire fresco al Peronismo Federal (PF), luego de una semana en la que el acuerdo entre los principales dirigentes opositores justicialistas estuvo en riesgo de caer bajo el peso de sus diferencias. Según acordaron entre los precandidatos del espacio (y de no mediar otro volantazo que regrese todo al primer casillero), la fórmula se decidirá en una interna entre ellos y estará encabezada por un orgánico, lo que le cerraría la puerta a Mauricio Macri, que sólo podría sumarse como aliado. El resto de las resoluciones las patearon para más adelante, con el fin de evitar nuevas grietas, y comenzarán a definirse a partir de un encuentro entre dirigentes de todo el país que se llevará a cabo en la ciudad de Buenos Aires el 10 de septiembre.
Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Mario Das Neves y Alberto Rodríguez Saá son los precandidatos del PF que compartieron una cena el martes en la que se dedicaron a cerrar heridas y acercar posiciones. “Yo no sé si va a anotarse alguien más, creo que son estos cuatro”, le confió a Página/12 el diputado Ramón Puerta, que también formó parte de esa velada, en la que se lo designó como vocero del espacio con la intención de evitar la proliferación de versiones que enrarecieron el clima del conglomerado en los últimos días. De todas formas, aclaró el misionero, la nómina “no está cerrada”. En las últimas horas volvió a sugerirse que Carlos Reutemann podría aceptar finalmente formar parte de la fórmula, aunque parece tratarse más de una expresión de deseos: el senador no se movió ni un milímetro de su eterna negativa a ir por la presidencia.
Más allá de la necesidad de deponer la actitud agresiva entre ellos, a los referentes del justicialismo les costó encontrar coincidencias. Por mayoría –no por unanimidad, ya que Eduardo Duhalde aceptó sólo a regañadientes– acordaron que la fórmula la definirán entre ellos a través de una primaria. “Vamos a dirimir todo en una interna abierta, grande, de donde emane un liderazgo fuerte, capaz de ganar luego en las generales”, lo confirmó Alberto Rodríguez Saá, uno de los que participará de esa contienda. “Hay una idea de que la interna es buena –amplió Puerta–, la del ’88 nos llevó al poder con un envión que duró hasta el 2000.”
Además, volvieron a marcar una distancia con el procesado jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri. “Falta para empezar a pensar en alianzas”, aseguraron distintas fuentes del PF, que coincidieron en descartar la posibilidad de que el ex presidente de Boca encabece una boleta peronista. Menos futuro todavía tiene un eventual acercamiento con Elisa Carrió: “La Argentina nunca más tiene que ir a la transversalidad, que ha sido un escándalo institucional, dejando a la gente sin alternativas”, se plantó Puerta. “No podemos juntar la Biblia con el calefón”, redundó.
Por otra parte, ayer al mediodía los senadores de ese espacio (Reutemann más el salteño Juan Carlos Romero y el puntano Adolfo Rodríguez Saá) recibieron al ex presidente del Banco Central Martín Redrado, a quien encargaron delinear “un programa económico justicialista” que “sintetice las visiones de los diferentes precandidatos a presidente que hoy tiene el justicialismo federal”, según informaron fuentes del sector. El proyecto en el que va a avanzar Redrado estaría basado en cuatro ejes: “el desarrollo productivo”, “la integración al mundo”, “el federalismo fiscal” y “la mejora de la calidad institucional”.
Carrió sueña de nuevo con Solá y Reutemann para la pelea del 2011
Eduardo Van Der Kooy
Clarin
11 de agosto 2010

Elisa Carrió haciendo alianza con el peronismo disidente? El interrogante, tal vez descabellado semanas atrás, comenzó a tomar cuerpo después de la crisis renovada que se desató en el Acuerdo Cívico. Una crisis que gira, de nuevo, en torno a la diputada de la Coalición.
Al margen de las especulaciones que podrían hacerse sobre aquella convergencia, lo que boya en superficie de la realidad son las mutaciones y las inestabilidades casi cotidianas que padece el arco opositor. Le sucede a la traumática convivencia del radicalismo, con los socialistas y la Coalición. Le ocurre también al peronismo disidente con Mauricio Macri.
Es cierto que las elecciones presidenciales están distantes en el imaginario social. Pero también es verdad que la oposición no podría llegar a agosto del año que viene —cuando se realicen las internas abiertas y obligatorias— con el grado presente de incertidumbre. A mas tardar, en el próximo verano deberían comenzar las definiciones en torno a las candidaturas y los alineamientos que vendrán. Sería el tiempo mínimo para que los adversarios de Cristina y Néstor Kirchner puedan captar confianza en una electorado que parece observar el panorama con mucho escepticismo.
Cuando Carrió habla del peronismo federal refiere, sobre todo, a dos personas: Felipe Solá y Carlos Reutemann.
Con el jefe del bloque del PJ disidente trabó un vínculo intenso desde el conflicto con el campo. Integró también un tándem decisivo en las estrategias opositoras en Diputados. Con una excepción: Solá piloteó el bloque opositor que promovió el relevo de Eduardo Fellner como titular de la Cámara de Diputados. Carrió frenó esa maniobra porque, por entonces, la juzgó de riesgo institucional.
Visto los resultados y las mañas oficiales que la oposición debe eludir para empujar cada proyecto, tanto Solá como Carrió, quizás, deben estar sufriendo arrepentimiento.
Las insinuaciones de acercamiento político de Carrió con Solá no son nuevas. Ocurrieron también durante las legislativas del año pasado. Pero el ex gobernador bonaerense se vió casi siempre forzado a trazarles un límite: “Yo soy peronista” , repitió en cada circunstancia comprometedora.
La cercanía a Carrió le acarrea a Solá inconvenientes con el tramado en el peronismo disidente. Ninguno de los restantes dirigentes de ese sector —con excepción de Reutemann— resultan potables para la líder de la Coalición.
En esa mirada, para ser justos, existe estricta reciprocidad.
Carrió dijo palabras lapidarias sobre Eduardo Duhalde. Atacó cada vez que pudo a Francisco de Narvaéz. Supone ver en Macri a un demonio político. O Solá se aparta de ese territorio mas vasto que lo que representa ese puñado de dirigentes, o jamás podría fructificar un arreglo con Carrió.
La líder de la Coalición, quizás, haya arrojado su anzuelo conociendo las diferencias que Solá mantiene con Duhalde y con Macri, en especial, para dirimir las candidaturas del sector. Pero el diputado bonaerense está en alerta para no caer en una trampa: supone que tiene mucho que traquetear todavía con sus pares peronistas.
La relación de Carrió con Reutemann es, incluso, anterior a la que supo labrar con Solá. Siempre realzó la moderación y la imagen austera que destila el ex gobernador de Santa Fe y senador. Esas cualidades, en la percepción de Carrió, se potenciaron cuando Reutemann resolvió enfrentar activamente a los Kirchner durante el conflicto con el campo.
En la alta estima a Reutemann influiría también la baja calificación que la mujer le dispensa a Hermes Binner. El socialista es el gran rival de Reutemann en la provincia.
Son enemigos irreconciliables.
Y se arrojan entre ellos ataques punzantes, como no se atreverían a hacerlo con ningún otro dirigente. La renovada crisis en el Acuerdo Cívico reconoce como una de las razones a un desacuerdo de Carrió con Binner. El gobernador opinó que “no es adecuado” que el Congreso decida sobre el porcentaje que deben tener las retenciones ya que sería el Poder Ejecutivo el que debería fijarlas, como parte de sus metas económicas.
La cuestión de las retenciones, cuya delegación al PEN caerían en dos semanas, se ha metido como cuña de discordia en un heterogéneo bloque opositor en Diputados, que sancionó en los últimos meses varias leyes y aprobó dictámenes que incomodan a los Kirchner.
La postura de Binner generó un fuerte remezón. Su propio partido en el Senado, a través de Rubén Giustiniani, impulsó un proyecto para la fijación de los futuros valores de las retenciones, de modo segmentado . Esa propuesta ganó la adhesión de sectores de la Mesa de Enlace, sobre todo la Federación Agraria.
Carrió denunció la revelación de Binner como un acercamiento al Gobierno . Pero la relación del socialista con los Kirchner es escasamente afable. El gobernador le reclama fondos impagos a los Kirchner. Santa Fe es una de las provincias que todavía no adhirió al plan de refinanciación de deudas que meses atrás anunció la Presidenta. En realidad, adhirieron hasta ahora sólo tres.
Carrió estimó que la postura de Binner sería una traición “al campo y al electorado”. Y que no piensa compartir un espacio político en esas condiciones. También expresó que, de ahora en más, su único puente con el Acuerdo Cívico sería Ricardo Alfonsín. Al hijo del ex presidente también lo había sopapeado luego de su asistencia a un acto en Chascomús junto a Cristina y Julio De Vido, entre otros.
Alfonsín ha quedado, de ese modo, metido en una disyuntiva.
Piensa en Binner para compartir el binomio presidencial. El el socialista es pieza de un armado político más amplio, que incluye Santa Fe. ¿Debería entonces soltar a Carrió? La líder de la Coalición pareciera alejarse mas del Acuerdo Cívico que acercarse, de verdad, al PJ disidente.