Apatía ciudadana y análisis de la coyuntura política argentina

El sociólogo argentino Carlos F. De Angelis convers{o en una entrevista con Argentina Elections sobre un estudio que realizó sobre el compartamiento electoral de los argentinos. De él resaltó que “sólo un 45% de ese universo está convencido que su voto servirá para cambiar algo.” Por Hugo Passarello Luna


Carlos F. De Angelis es sociólogo, especialista en estadísticas aplicada a las ciencias sociales, docente de Metodología de la Investigación en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Colabora con distintos diarios de circulación nacional. También se especializa en el análisis del impacto social de las nuevas tecnologías coordinando la consultora “Pulso Social”. Dirige actualmente el Observatorio Político y Electoral, coordinando el estudio “Más allá del 28 de junio, una radiografía política de los porteños”, libro de próxima aparición.
1. El ausentismo fue nuevamente una figura prominente en los comicios, depende de las jurisdicciones el numero fue de 25 hasta 35 por ciento, igualando y superando los niveles alcanzados en la elección nacional de 2007. ¿A qué cree que se debe esta creciente apatía de la ciudadanía para participar por lo menos votando?
Partiendo del supuesto, que en una sociedad como la argentina, de gran desigualdad económica y social, se espera que la democracia dé un paso más allá de la mera administración de lo público y avance en el cierre de la brecha social, al menos en el combate a la extrema pobreza. La “sensación” que el acto de voto, no colabora con esos fines genera frustración y desinterés.
Sin embargo, la idea misma del interés por la política es amplia. En un extremo del arco se encuentra el aspecto más “intelectual”, que lleva a la búsqueda de información sobre la actualidad y la discusión en ámbitos cercanos al sujeto. En el otro extremo se puede encontrar la esperanza y la expectativa de que el voto sea una acción útil para el cambio social.
En estos aspectos los números de nuestro estudio poselectoral del día 28 de junio de 2009 son elocuentes. En el plano de la información casi el 20% de los ciudadanos porteños nunca habla de política en su vida cotidiana. En el de las esperanzas y expectativas, sólo un 45% de ese universo está convencido que su voto servirá para cambiar algo. El 35% espera que sí, pero el 25% restante cree que no servirá en absoluto. Siguiendo esta línea de razonamiento no sorprende que el 22% expresara que no iría a votar si no fuera obligatorio. Se debe tener en cuenta que aquí las referencias son sobre quienes sí votaron. En términos más amplios en la ciudad de Buenos Aires el 26% de los ciudadanos de la Capital no concurrieron a votar, mientras que en provincias más pobres como Santiago del Estero y Catamarca el ausentismo trepó al 45% y el 37% respectivamente.
Con referencia al acto específico del voto, en la Argentina, muchas veces se lo ha adjetivado incorporándole otra palabra para transformarlo en otro concepto que pareciera completarlo. De esta forma, el “voto bronca”, el “voto cuota” o el “voto castigo” en determinadas circunstancias expresó mejor la idea de su finalidad, que el acto en sí. Estos adjetivos fueron definiendo a una ciudadanía eligiendo en forma negativa, fortaleciendo la idea de una clase política autónoma de la sociedad civil. Esto implica un quiebre de la idea de la representación que suponía que cualquier ciudadano podía asumir la responsabilidad de gobernar, y la obligación de responder por el “bienestar general”.
Otra modelo se puede esbozar al menos teóricamente que parece explicar mejor el funcionamiento de los mecanismos actuales de la “democracia posmoderna”. Según este modelo, siguiendo a O´Donnell, entra en funciones un dispositivo de delegación o endoso, una instancia en que los ciudadanos se “quitan de encima” la responsabilidad de gobernar, para pasar a reclamar desde la insatisfacción permanente y la queja, por fuera de los mecanismos institucionales. La ciudadanía quedaría en oposición permanente al gobierno elegido por su propio voto.
Dentro de este modelo el “delegado” se establecería en una esfera diferente: la “clase política”, abandona los puentes con los “delegadores” o “endosadores” y para a construir agenda según sus propia visión y sus propios intereses, con autonomía ilimitada para negociar, acordar (o aun romper) con los sectores más poderosos de la sociedad.
Pero esta reformulación de la idea de democracia, no funcionaría sin consecuencias. En primera instancia, genera una personalización de la clase política, conduciendo a la expansión del rol del poder ejecutivo en todas las instancias (nacional, provincial y municipal). Esto implica la concentración de la mayoría de las decisiones en una sola persona: la cabeza del Poder Ejecutivo y algunas personas de máxima confianza. Luego, esta dinámica genera en la sociedad civil una gran dependencia de las decisiones del “delegado”, que se constituye en árbitro permanente en ámbitos que exceden su influencia constitucional. La sociedad, se muestra exigente e impaciente con el delegado pidiéndole respuestas e iniciativas para todos los frentes posibles. Incluso si “el delegado” muestra dudas en sus políticas, demasiado negociador con los sectores corporativos o aún con la oposición, surge la desconfianza y el posible retiro del endoso.
En la faceta política y especialmente en periodos electorales “el delegado” genera estrategias de “todo o nada”. Toda elección nacional o local, ejecutiva o legislativa, se transforma en un plebiscito sobre su gestión. Mientras el poder se mantiene concentrado, existen periodos de estabilidad que suelen acompasarse con ciclos económicos favorables. Cuando el poder se disgrega provoca inevitablemente una crisis y que se soluciona cuando se restituye la delegación.
Otro factor que define a la democracia argentina es la virtual disolución de los partidos políticos, reducidos a meras expresiones jurídicas constituidas al efecto de participar de los comicios. En cambio, los candidatos individuales cobran fuerzas siempre que sean socialmente considerados. También a falta del proceso legitimador de las elecciones internas o primarias de los partidos, personajes externos a la política cobran protagonismo. Así individuos destacados del deporte, empresariado o simplemente figuras del espectáculo tienen un rol cada vez más importante ya que poseen una legitimación incorporada debido al éxito en su actividad previa.
El creciente desinterés de la ciudadanía por la política a veces se transforma en menosprecio, como ocurriera con la crisis de 2001. La visión pos-ciudadana sobre el político en general como escasamente ligado y obligado con su base, refuerza el desinterés por la “cosa pública”, y la visión “apolítica”. No obstante, el interés parece retornar en momentos de crisis o donde los niveles de conflictividad social o política superan cierto umbral. Una opción dentro del “despertar” es la salida metonímica de protestar-por-otra-cosa como puede entreverse en el conflicto del gobierno argentino con los sectores agropecuarios en 2008.
2 Faltan varios meses hasta que el nuevo congreso asuma. ¿Cómo evalúa que serán estos meses? Después del 10 de diciembre ¿Que desafíos cree deberá enfrentar el Ejecutivo Nacional?
Una visión lineal plantearía que si el Gobierno Nacional tuvo mayoría en el Congreso hasta las elecciones, ésta se mantendría al menos hasta la asunción de los nuevos legisladores. Pero esto no es correcto porque la derrota sufrida en las elecciones del 28 de junio de 2009 y especialmente por Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires abre el juego en el peronismo y lleva a este amplio sector político a buscar nuevos potenciales líderes. Estas miradas se dirigen hacia algunos gobernadores exitosos (electoralmente hablando) y hacia unos pocos legisladores. Por lo tanto evaluar cuáles son los diputados y senadores propios del gobierno para el tratamiento de las distintas leyes (y la obtención del quórum) exige un atento esfuerzo, dado que se percibe hoy día la disgregación del bloque mayoritario de diputados que forman pequeños bloques. Por esto, lo más probable es un escenario de fragmentación y liderazgos parciales de parte de los gobernadores, con febriles negociaciones previas para reasegurar que ninguna ley, girada desde el ejecutivo, sea rechazada.
Existen varias leyes que se deben tratar y que presentan distintos niveles de controversia.
Una de las más importantes son referidas a la eliminación o al menos limitación de las delegaciones del Poder Legislativo al Ejecutivo, que incluye la potestad de reasignar partidas presupuestarias y la fijación de las retenciones agropecuarias (Superpoderes). Ligado a esto se plantea una actualización de los sistemas de coparticipación de los recursos recaudados por la Nación hacia las provincias.
Otra discusión pendiente es la recomposición del Consejo de la Magistratura, organismo que colabora en la selección y evaluación de los jueces, hoy cuestionado por la Corte Suprema de Justicia.
Otras cuestiones importancia son:
• Ley de glaciares, que implica la regulación de la actividad minera muy cuestionada en dos frentes: su impacto ambiental y las ventajas impositivas con que cuentan (regalías mineras):
• Ley de Servicios Audiovisuales: fue una de las más importantes propuestas por parte del Poder Ejecutivo, que plantea un cambio de la actual Ley de Radiodifusión 22.285. Este nuevo proyecto de ley es rechazado por las grandes corporaciones de medios.
• Reforma a los planes sociales con la posible sanción de un subsidio universal por hijo.
• Cambios en el sistema judicial en cuestiones ligadas a la crisis de la seguridad pública con la creación del fuero penal infantil – juvenil.
• Cambios en el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos a partir del cuestionado manejo de los índices de inflación.
• Reforma política para reintroducir la obligatoriedad de elecciones primaria en los partidos políticos (derogada en 2006) entre otros cambios.
En casi todas las cuestiones planteadas, el kirchnerismo ha tenido una política definida desde el 2003, por lo que es vital para la salud política del gobierno que el replanteo de todas estas regulaciones no sea presentada como una derrota frente a la opinión pública. En este sentido, es probable que el Gobierno Nacional tome la iniciativa ejecutando una agenda muy activa de aquí a octubre, para mantener el protagonismo e intentar imponer su visión en las políticas, aunque es probable que no en todas las iniciativas existan acuerdos con los demás bloques o aún en el bloque “kirchnerista”.
El gran tema es el nivel de las retenciones al agro, especialmente a la soja. Una sustantiva baja a la retención de esta leguminosa (hoy en el 35%) dejaría virtualmente al Estado Nacional desfinanciado. Una situación de “rojo” fiscal aceleraría la crisis política hacia niveles importantes.
Después del 10 de diciembre, el escenario más probable sea uno con fuertes contradicciones dado que se dará inicio a la discusión de la sucesión presidencial a la vez que se buscarán formas para contener los niveles de erosión de la actual Presidenta, pero limitando su poder. Los sistemas de alianza serán vitales para obtener niveles razonables de gobernabilidad, no obstante la historia política argentina demuestra las dificultades para lograr alianzas políticas más o menos estables.
Queda por ver si existe margen de maniobras para una recomposición del capital político perdido por el gobierno tras el conflicto con los sectores agropecuarios, posibilidad que hoy día no se vislumbra. Es arduo encontrar en la historia argentina reciente una recomposición luego de una derrota electoral. La presencia de Néstor Kirchner en la Cámara de Diputados será una prueba de fuego para identificar el nivel de protagonismo que es capaz de lograr.
Sin embargo, si existe la posibilidad de recuperar los niveles de crecimiento económico a valores razonables, sin introducir los clásicos ajustes económicos, el peronismo tendrá posibilidades de mantenerse en el poder en el período 2011-2015.