Ripoll: “La unidad de la izquierda es un desafío pendiente”

Vilma Ripoll, primera candidata a diputada nacional por el Movimiento Socialista de los Trabajadores en CABA, expresó, en relación a la falta de unidad de la izquierda, que “para avanzar es imprescindible construir una nueva cultura política de izquierda en nuestro país, donde podamos convivir con las diferencias.” Ademàs a gregó que “unos se niegan a confluir con la izquierda por criterios sectarios”. Por Hugo Passarello Luna.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta su agrupación al presentarse a elecciones?

Poder superar en todo lo posible las tremendas limitaciones de un régimen político y electoral donde las fuerzas defensoras del sistema vigente cuentan año tras año con un respaldo económico y de los grandes medios de comunicación evidentemente desigual. De todos modos, nos sentimos muy orgullosos de no recibir aportes del establishment que luego condicionan la conducta política. Igual estamos dando esta batalla electoral con toda convicción y con el modesto alcance que nos permiten nuestros recursos. Nuestro objetivo político es lograr bancas de diputados y lo creemos posible, ya que percibimos bronca contra el gobierno K y la vieja política, necesidad de cambios y simpatía por nuestra trayectoria, compromiso y coherencia.

 

¿Cuales fueron las razones por las que su agrupación no concretó alianzas con otros partidos?

En Capital vamos como MST-Nueva Izquierda e incluimos candidatos independientes como Cacho Bidonde, tal como en la elección anterior fue Patricia Walsh. En Provincia la lista la encabeza otro independiente, Marcelo Parrilli, y nos hemos unido al MIJD, el Teresa Vive y otras organizaciones sociales. En Tucumán presentamos Izquierda Unida, con sectores del PC. Por supuesto, hace falta una unidad mayor. Pero nos parece que no fuimos nosotros el obstáculo. Le propusimos la unidad al sector de Pino Solanas y al resto de la izquierda, pero lamentablemente unos la rechazaron porque se niegan a confluir con la izquierda y otros por criterios sectarios. En el caso de Zamora, tiene un proyecto personalista y desaparece al otro día de la elección. La unidad sigue siendo un desafío pendiente y para avanzar es imprescindible construir una nueva cultura política de izquierda en nuestro país, donde podamos convivir con las diferencias.

 

En muchos distritos hay un umbral del 3 % de los votos para poder obtener escaños. ¿Considera este requerimiento injusto con agrupaciones de menor convocatoria?

Absolutamente. En la Argentina el voto no vale igual para todos. El sistema de distribución de cargos debería ser proporcional al número de votos obtenidos, sin establecer pisos de ningún tipo. Tampoco es democrática la proporción de diputados de las distintas provincias, ya que la actual perjudica a las más pobladas, como la de Buenos Aires, en favor de las más pequeñas. Nosotros pensamos que un sistema electoral realmente democrático debería considerar a nuestro país como un distrito único y distribuir los cargos según el número de votos.

 

¿Considera usted que en Argentina el sistema electoral confiere la legitimación y transparencia necesaria? De creer que no, que propuestas presentaría para lograr esos objetivos (legitimación y transparencia)

No. La disolución del Senado nacional y los senados provinciales, que son instituciones arcaicas, antidemocráticas y caudillistas. En las provincias con cámara única, eliminar el componente por circunscripción y que sólo sea por proporción del total de la población. Una profunda reforma de la ley electoral, como dije antes, con distrito único y proporcionalidad. La boleta única, para evitar la dependencia de los aparatos políticos. El cupo del 50% para las mujeres. El derecho a revocatoria de todos los electos. Y la elección de los jueces y fiscales y de los comisarios por voto popular, única alternativa para que ambas instituciones dejen de depender del poder político. Todo en la perspectiva de promover una mayor participación popular, hacia un sistema de democracia directa.

 Como potencial representante del electorado: ¿Cuales serian los principales temas sobre los que trabajará?

La distribución efectiva de la riqueza, medidas económicas de fondo para que la crisis la paguen sus responsables -por ejemplo prohibir los despidos, nacionalizar los principales recursos, otorgar el 82% móvil a los jubilados, suspender el pago de la deuda externa-, más un profundo cambio del régimen político para impulsar la participación democrática y el control popular, y el fortalecimiento cualitativo de la salud y la educación públicas. Todo esto como parte de un nuevo proyecto de país, para avanzar en una perspectiva socialista.

 

¿Cual sería el rol de sus representantes en relación al Poder Ejecutivo Nacional?

Por un lado, ser oposición frontal a sus políticas. Esto incluye al PRO y a la Coalición-UCR, que en esencia no proponen un modelo muy distinto, y señalar las limitaciones de la centroizquierda, que termina cediendo y vota leyes del oficialismo (por ejemplo Lozano, el diputado de Solanas, votó a favor de “nacionalizaciones” truchas como las de Enarsa, Aerolíneas y las AFJP). Asimismo, vamos a poner nuestras bancas al servicio de las luchas sociales y los reclamos justos. Y vamos a presentar proyectos alternativos, que a veces podremos convertir en leyes si logramos el suficiente apoyo popular. En resumen, vamos a hacer lo que siempre hicimos cada vez que tuvimos cargos legislativos en el Congreso nacional o en la Legislatura porteña.

 

¿Cuales creen que serán los desafíos del gobierno nacional luego de la elección del 28 de junio?

El resultado electoral probablemente lo va a debilitar más de lo que ya viene ocurriendo. Si se obstina en su soberbia y su autismo, sin duda va a acelerar la crisis política. Y si al mismo tiempo pretende aplicar medidas de ajuste sobre los trabajadores y el pueblo, crecerán más los conflictos sociales. Esta combinación nos acercará a una situación de crisis de alguna manera comparable al 2001, sin que tampoco surjan otras opciones políticas fuertes. Nuestro desafío, entonces, será la construcción de una alternativa política amplia de izquierda y que se postule para gobernar.