Ostiguy: “No se entiende Argentina en términos de partidos”

El Dr. Pierre Ostiguy, reconocido politólogo sobre Argentina y profesor del Bard College en EUA, participó de nuestro cuestionario sobre las elecciones legislativas. Ostiguy señaló que Carlos Reutemann puede llegar a ser el adversario más temible para el kirchnerismo. En otro tema, resaltó que “no se puede entender la política argentina en términos de partidos políticos, sino más bien de posiciones en el espacio político, que es muy estructurado”. Por Hugo Passarello Luna.

Pierre Ostiguy es Profesor Asistente de Ciencias Políticas en Bard College, donde también ha sido director del programa de Estudios Latinoamericanos e Ibéricos. Recibió su doctorado en U.C. Berkeley y ha sido Visiting Fellow en el Instituto Kellogg para Estudios Internacionales. Ha publicado en español, francés e inglés sobre política argentina y del Cono Sur, enfocándose en sistemas de partidos, identidades políticas y populismo. En 2005, publicó un artículo sobre las distintas izquierdas (peronistas y no peronistas) en la Argentina de Kirchner (“Gauches péroniste y non-péroniste dans le système de partis argentin”) en la Revista Internationale de Politique Comparée y, en 2007, publicó en ingles “Sincretismo en el sistema partidario argentino y cultura politica peronista” in Reconfiguring Institutions Across Time and Space.  Es también el autor de dos libros sobre Argentina, incluyendo el extensamente publicado Los Capitanes de la industria. Su investigación actual es sobre el Chavismo en Venezuela y el Peronismo en Argentina.

1. Luego de dos años de presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, el conflicto con el campo y con la derrota electoral en Catamarca en marzo de 2009 ¿Cree usted que el panorama electoral ha cambiado desde las elecciones presidenciales de 2007 siendo ahora desfavorable al kirchnerismo?
Sin duda, el panorama electoral cambió desde las elecciones presidenciales de 2007. Sin embargo, el dato más interesante no es que, obviamente, se ha hecho más desfavorable al kirchnerismo. Conviene aclarar primero que, en 2007, todavía había esperanzas de parte del kirchnerismo, y en particular de parte de la candidata presidencial, de no “peronizar” absolutamente la fórmula presidencial—se hablaba entonces de la “concertación plural”. Se recordará que en ese espíritu se eligió a un Radical disidente para la vice-presidencia. El discurso proselitista de la candidata presidencial en 2007 era también muy abarcador políticamente, tratando de interpelar socialistas, radicales, y peronistas. Conviene en ese sentido mirar la propaganda política del 2007, que tiene poco que ver con la de ahora. Llegaba al punto en que Cristina, en sólo muy pocas veces, se “atrevía” a llamar al peronismo por su nombre, haciendo referencia al “espacio político de donde vengo”. El gran despertar vino con los resultados electorales, y más precisamente con el examen de la sociología política del voto. Resultó muy obvio que el electorado no peronista no había sido interpelado por el llamado de Cristina. Resultó igualmente obvio que las bases peronistas habían sido leales al candidato peronista oficialista. En mi artículo publicado en Página/12 el 31 de octubre, unos pocos días después de las elecciones, “aconsejaba” fuertemente a los Kirchner de adecuarse a su propio electorado peronista (en contraste al transversalismo), para sobrevivir. Y escribía en ese entonces que “la gran ‘valla de seguridad’ la estará construyendo el marido Néstor, con sus planes políticamente muy racionales de llegar a liderar al peronismo”; que “la fuente de salvación de Cristina estará en la capacidad de su marido de liderar o domar (con autoridad, carácter y prepotencia ‘peronista’) el movimiento peronista”. Todo eso volvió a pasar.
Luego, en otro artículo publicado en Página/12 en marzo 2008, advertía–con cierta audacia me dijeron luego–que eventualmente “el proyecto kirchnerista fracasará y será derrotado; a partir de ahí, probablemente nuevos sectores dentro del peronismo, esta vez más cerca del peronismo tradicional (antes se decía ‘ortodoxo’), llegarán a hegemonizar, desde esta nueva posición en el eje izquierda-derecha, ese gran movimiento nacional y popular”. Sin haber llegado ya a eso, hoy en día estamos presenciando las labores de este mismo proceso. De hecho, para las elecciones de 2009, tenemos tres grandes fuerzas electorales: el peronismo de centro-izquierda y oficialista; el llamado peronismo disidente (más “tradicional” y sin duda más de derecha); y un puro anti-peronismo encabezado por Carrió y la Coalición Cívica. So far so good.
A nivel sociológico, conviene pues recordar un importante cambio, en el panorama electoral. Imaginemos un cuadro “dos por dos”, en donde tenemos la división (horizontal) campo/ciudad y una división (vertical) de clase. A pesar de su discurso, en el 2007 el oficialismo consiguió unos resultados electorales “de clase”, en los cuales el electorado tradicional peronista lo votó y el electorado no peronista prefirió a la oposición, en particular la de centro-izquierda no peronista. El problema actual del kirchnerismo es que el agudo y prolongado conflicto con el campo le puede hacer perder la casilla del voto popular no urbano. Es decir, de las cuatro casillas, le quedaría al oficialismo solamente el voto de los sectores populares/pobres urbanos. No es un buen presagio electoral.
Espacio político argentino en octubre 2007
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Espacio político argentino en 2009
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Pero este análisis de sociología electoral es obviamente demasiado simplista. Ya en el 2007, el oficialismo peronista perdió en la provincia de Córdoba y por poquísimos votos ganó en Santa Fe. Por otra parte, ganó con amplísimo margen en las provincias más pobres del interior más remoto, con 75% o más de los votos en, por ejemplo, Santiago del Estero, Salta, y Formosa. Es más, en ocho o más de los departamentos de Salta y también de Santiago del Estero, ganó con más de 90% de los votos, estando esos distritos entre los más rurales y pobres del país. Sin duda, no le irá bien al oficialismo peronista en las provincias rurales “productivas” o “capitalistas” de Córdoba, Santa Fe y el interior de Buenos Aires, pero quizá pueda contar con una primera pluralidad en el interior más pobre del país.
Para mí y en esa línea, queda claro que el adversario potencialmente más temible para el kirchnerismo no queda en Elisea Carrió o Mauricio Macri, sino más bien en el peronista santafesino Carlos Reutemann. Pero Reutemann en su postulación como senador santafesino no amenaza frontalmente ahora la estructura de poder kirchnerista, sino probablemente lo hará—y a nivel nacional–en el 2011. También, mucho se ha escrito sobre la pelea electoral en el distrito más grande del país. Pero para mí el interrogante más interesante será, por las razones mencionadas, el comportamiento electoral de los sectores populares no urbanos en provincias como Santa Fe (en donde el socialismo es fuerte a nivel urbano) y en Córdoba (entre Schiaretti y Juez). Ahí podría estar el balance del poder entre el peronismo no kirchnerista y el no peronismo, ambos enfrentados a Kirchner.
2. En las últimas elecciones nacionales la oposición no pudo brindar una alternativa que convenciera a la ciudadanía ante la propuesta kirchnerista y se mostró desunida formando alianzas que duraban lo que dura una campaña. ¿Cuáles han sido, —a su juicio— las claves para entender la imposibilidad de formar una oposición fuerte? ¿Cree que en estas elecciones el escenario opositor será diferente?

La respuesta a cerca de la “imposibilidad” de formar una oposición fuerte es muy simple. Es que existe una oposición peronista y una oposición anti-peronista al gobierno de los Kirchner. No es fácil, en la Argentina, conformar una oposición con esas sub-culturas y identidades políticas tan distintas. Las tensiones dentro de Unión-Pro, un partido relativamente homogéneo en el eje izquierda-derecha, lo muestra abundantemente. Imaginar una alianza entre Elisa Carrió, o más aun el socialismo o “Solidaridad e Igualdad”, y De Narváez o Macri es impensable. De hecho, tampoco ocurre ahora. Es pues indispensable poder pensar analíticamente más allá de la dicotomía pro-oficialismo versus anti-kirchnerismo.
Una diferencia llamativa entre la elección del 2007 y la del 2009 es que el número de fuerzas políticas significantes se redujo de cuatro a tres. La gran desaparición es la de UNA bajo Lavagna, que fue un intento original y con liderazgo poco carismático para unificar figuras del peronismo (como el mismo Lavagna) y del Radicalismo (la U.C.R. y Morales) en una posición de centro–en ambas dimensiones. En contraste, Rodríguez Saá era totalmente peronista y Elisa Carrió totalmente anti-peronista–el primero vinculado al no izquierdismo y al interior puntano. Ahora en 2009, la alianza liderada por Elisa Carrió sigue gozando de buena salud política y el peronismo “anti zurdo” (para llamarlo así) esta liderado por De Narváez.
Lo vuelvo a repetir, no veo ninguna razón por la cual la Argentina tendría que encabezarse hacia un bipartidismo estable, ya que su espacio político es bi-dimensional. Para decirlo de otra manera, el peronismo kirchnerista ha favorecido una oposición principalmente anti peronista—la de Carrió—y una oposición desde la derecha y el centro del peronismo. Podemos observar gráficamente eso en el cuadro adjunto.
Espacialmente, no podría ser mayor la distancia política entre el socialismo (esquina alta izquierda) y lo que fue el menemismo (esquina baja derecha). En el contexto actual de América Latina en la segunda mitad de esta década, todavía reaccionando a lo que paso en los noventa, no le conviene a la oposición tener su centro de gravedad política en la derecha liberal anti-peronista. Entonces, tenemos, pues, el panorama que tenemos ahora.
3. La última elección nacional estuvo signada por varias alianzas partidarias (Frente para la Victoria, Coalición Cívica, Una Nación Avanzada) compuestas ellas por varios miembros de partidos políticos tradicionales. ¿Cree que esta elección presentará el mismo escenario partidario? ¿Cuál cree que será el futuro de los partidos políticos tradicionales (P.J., U.C.R.)?
Para mí, aquí esta la pregunta más interesante del cuestionario.
Primero y ante que todo, nunca podré repetir lo suficiente que no se puede entender la política argentina en términos de partidos políticos, sino más bien de posiciones en el espacio político (la arena política) argentino, que es muy estructurado. Los partidos, como organizaciones, van y vienen en la historia argentina, a veces a un ritmo vertiginoso; pero las posiciones en el espacio político quedan espléndidamente fijas y regidas.
Por supuesto, hasta el propio Perón repetía que el peronismo no es un partido sino un movimiento. Segundo, no sé si tiene mucho sentido concentrarse en esta década en la U.C.R. como partido, ya que Carrió fue, no fue, y ahora casi es, del radicalismo. También Cobos fue, no fue, y ahora es de la U.C.R.. Y aquí tenemos los dos actores más pertinentes del “pan-radicalismo”. En breve, pues, dejémonos de hablar de un único “partido peronista” y del partido U.C.R..; y hablemos más bien de peronismo y radicalismo. Más bien, sigo repitiendo, hablemos de peronismo y anti-peronismo, y de izquierda y derecha, en un espacio bi-dimensional.
Ahora, vamos al grano. Hay diferencias mayores con el 2007. En las elecciones de 2007, el P.J. era todavía intervenido, pero aparentemente el electorado no tenia dudas en equiparar el Frente por la Victoria con el peronismo. El peronismo anti-Kirchnerista tenia a nivel presidencial como único candidato y partido al Frente Justicia, Unión y Libertad, de Rodríguez Saá, quien era limitado en la práctica a la pequeña provincia de San Luis. Ahora, en el 2009, a pesar de que el P.J. ya no es intervenido y que es controlado a nivel nacional por Kirchner, se puede hablar de una división real, significativa, y con impacto pesado dentro del peronismo (“P.J.” o no). Véase también mi respuesta a la pregunta 1.
Segundo, el polo no peronista se ha solidificado. No quedaba claro en el 2007 si U.N.A. era peronista o no, para el electorado. Ahora ha desaparecido. El Acuerdo Cívico y Social abarca todo el espacio no peronista, desde la izquierda hasta la centro-derecha, pasando por el centro. De un cierto modo, pues, se ha clarificado y purificado el escenario político desde 2007, con las tres fuerzas políticas mencionadas en la pregunta 1.
Pero por cierto, Unión Pro no es “todo peronismo”. Macri representa más la derecha (o centro-derecha), que el “peronismo de derecha” o la “derecha anti peronista”. Hay pues lógicamente un eje de tensión entre Felipe Solá, quien es sin lugar a dudas peronista, y Macri, quien no lo es. En otras palabras, Solá constituye una oposición peronista que se aproxima ahora a la centro derecha; mientras Macri es un centro derecha que acepta acercarse (por razones políticas) al peronismo. De Narváez esta en una buena posición de puente, ya que es legítimamente de derecha y peronista. Véase el cuadro ajunto.
Hay tensiones, distancias, afinidades, y dificultades estratégicas típicas de un espacio político bi-dimensional como es el argentino. Por ejemplo, Macri de un cierto modo es equidistante de López Murphy (centro-derecha anti-peronista) y de Solá (peronista no de izquierda). Le es posible crear alianzas tanto con Recrear (lo que ocurrió en el 2007) como con Solá (lo que pasa ahora), por supuesto siempre con algo de tensión. Solá, a su vez, esta sin duda más cerca de Scioli que de Recrear. Por su parte, hay límites hasta donde Carrió puede ir a la derecha (por ejemplo con Prat Gay) como, más aun, hacia el peronismo, sin generar problemas o rupturas a su izquierda (lo que ocurrió en los últimos dos años) o con el anti-peronismo (lo que no pasará, ya que Carrió no es como el Alende de aquel entonces). Todo eso se puede visualisar en las dos figuras adjuntas.
Para mí, el “error” estratégico de Néstor Kirchner fue atrincherarse en el espacio bajo-izquierdo, es decir, tanto en el peronismo como en la centro-izquierda. No pudo ganar la centro-izquierda no peronista, a pesar de haberlo claramente intentado, y ahora pierde el peronismo “ortodoxo”. A pesar de tener el control del Estado, esta a punto de convertirse en minoría, quizá primera minoría pero minoría al fin. Creo que cognitivamente el error de Kirchner ha sido confinarse en una lectura “setentista” del conflicto a cerca de las retenciones (oligarquía terrateniente y golpistas en contra del pueblo trabajador) en vez de tener una lectura más ampliamente—es decir, ambigua—peronista, que supiera recuperar simbólicamente y políticamente al pueblo del interior. En contraste con Perón y Menem, ¿se ha visto alguna vez, en su imagen pública, a un Kirchner a caballo, con el poncho al hombro, cerca de peones?
Creo que una comparación atenta de las dos figuras provee un panorama muy llamativo de los cambios en el escenario político argentino, de 2007 a 2009. Primero, se nota el cambio en el espacio ocupado por el Frente para la Victoria, en cuanto a esfuerzos políticos de interpelación. Segundo, lo que en 2007 era una porción del espacio político básicamente desocupada, es decir el centro derecha a nivel nacional, ahora ha vuelto a ser existente. Las elecciones del 2007 fueron muy inusuales a nivel mundial en no tener un candidato presidencial significativo a la derecha del centro. (Para alguien que tuvo que vivir en Estados Unidos entre 2001 y 2007, era de una gran frescura…) Esa situación obviamente no podía perdurar y ahora este espacio esta ocupado por Unión-Pro y el peronismo disidente. Y sin duda, por lo de la “doble oposición”, también el Acuerdo Cívico y Social compite más por el espacio “alto-derecha” que por la izquierda nacionalista de tinte peronista.
Para mi, Duhalde sigue en la posición potencial de “king maker” peronista, tanto por su experiencia como por su ubicación relativamente “centrista” (aun si más derecha que izquierda). Fue un pilar, con orientación más social, de Menem; luego se opuso ferozmente a Menem; trató de convencer a Reutemann, luego a De la Sota (a su derecha) quien no arrancó, y finalmente a Kirchner (a su izquierda). No logra parar el péndulo peronista en sus eternales movimientos de derecha a izquierda y vice versa, pero nunca se ubica demasiado lejos de su eje de rotación. Fue derrotado por Kirchner en 2005, pero una alianza entre lo que él representa y Reutemann podría presagiar el “futuro” del peronismo, y posiblemente más adelante, de la Argentina.
4. Luego de las dificultades para votar que se tuvo en la ultima elección nacional, con electores votando hasta dos horas después del cierre, se discutió a nivel nacional y provincial la necesidad de hacer una reforma electoral (en el caso de la provincia de Córdoba efectivamente se realizó) en la que se incorporen, entre otras cosas, la boleta única, el voto electrónico, el voto no obligatorio, y la creación de un ente electoral que no dependiera del Poder Ejecutivo. ¿Considera usted factible y necesario la posibilidad de una reforma electoral? ¿Cuáles serian a su juicio los principales elementos que debieran ser debatidos en una posible reforma?
Una reforma electoral es sin dudas deseable, pero no creo que sea factible. Además, las distintas reformas mencionadas en la pregunta constituyen elementos dispares. No son igualmente urgentes o deseables.
Yo creo que lo más urgente en el contexto argentino es tener alguna forma de voto electrónico. Ahora, la capacidad de victoria electoral depende en gran medida en tener o no fiscales en las mesas. Sin fiscales, ocurren mil y unas picardías. Y para tener fiscales, hay que tener una gran organización a nivel nacional y una fuerte presencia territorial local. Tanto a nivel de experiencias en “picardías”, especialmente en el Gran Buenos Aires, como a nivel de organización nacional y presencia local, el peronismo tiene una ventaja inconmensurable sobre las otras fuerzas. No veo, sin embargo, qué voluntad política mayoritaria podría impulsar dicha reforma.
A diferencia de lo que pasa en Estados Unidos o en Canadá, la Argentina muestra una creatividad sin precedente con los varios sistemas de boletas. Pero en contraste con lo que se dice, no todas esas invenciones son “anti democráticas”, aun si de hecho complican la lectura de la voluntad popular.
No creo que el voto no obligatorio sea una reforma deseable.
5. En líneas generales ¿Cuáles cree serán los principales desafíos de esta administración luego de las elecciones legislativas?
El principal desafío de esta administración luego de las elecciones legislativas será de administrar la crisis económica mundial en su versión argentina. Convendría inspirarse de Obama: pasar medidas que se ubican a la izquierda en el escenario nacional propio, pero dando una impresión sincera de no confrontar, de hacer “lo que dicta el sentido común”, de des-dramatizar, y de explicar en vez de confrontar. Uno gana mucho más dando la impresión de no estar ganando, siempre, a expensa de los demás. La política, como sabemos (y lo enseñó Perón), es el arte de sumar. En ese sentido, conviene dar la impresión que es el otro quien es ideológico, no uno mismo. Finalmente, y aquí dicho de un modo leve, convendría que esta administración, o matrimonio, desarrolle algún sentido del humor que funcione políticamente, como lo tenía Perón. Pero ahí, no creo que sea factible. Hasta Chávez tiene un gran poder de seducción afectiva con la gente.
Pero para progresar en esos desafíos políticos, esta administración necesita no perder drásticamente el 28 de junio.