Motivos para no olvidarse de la boleta única

En medio de la euforia electoral y con el adelantamiento de los comicios se dejo a un lado la discusión sobre ajustes al sistema electoral. En este artículo, Straface y Oniszczuk, de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) discuten la tan mentada boleta única coma una forma simple de transparentar todo el proceso.
Por Fernando Straface y Geraldine Oniszczuk



Fernando Straface: director de Política y Gestión de Gobierno de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento). Licenciado en Ciencias Políticas, Universidad del Salvador, y Magíster en Políticas Públicas, Universidad de Harvard.   


Geraldine Oniszczuk: analista del Programa de Política y Gestión de Gobierno de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento). Licenciada en Ciencias Políticas, Universidad de Buenos Aires.

Las elecciones de 2007 tuvieron como saldo diversos cuestionamientos vinculados con la organización y el control del acto eleccionario, especialmente en lo referido a la emisión del voto. Estas criticas se mantuvieron hasta comienzos de este año y tuvieron un impacto mediático muy fuerte a raíz de un proyecto de reforma política que buscó impulsar la oposición a nivel nacional. Si bien la presión política y el tratamiento de la problemática en los medios bajó su intensidad en el último tiempo, las debilidades del proceso de votación vinculadas con las regulaciones referidas al diseño, la impresión y la distribución de boletas electorales siguen vigentes.

De acuerdo con la normativa actual, si bien el Estado financia los costos de impresión, los partidos políticos proponen a la Justicia Electoral el diseño de las boletas y asumen toda la responsabilidad por su impresión, distribución y verificaciónel día de la elección. Esta distribución de responsabilidades incentiva que la competencia entre partidos gire en torno a la disponibilidad de boletas en el cuarto oscuro el día de la elección. Así, durante las elecciones se reproducen episodios de robo de boletas, situación que perjudica más a los partidos que no cuentan con suficientes fiscales para custodiar todas las mesas. El derecho a elegir y ser elegido queda, por lo tanto, supeditado al alcance territorial de las estructuras partidarias. Además, los partidos cuentan con boletas oficializadas antes de los comicios y pueden utilizarlas para el intercambio de favores por votos (una de las modalidades más difundidas es el denominado “voto en cadena”).

Por otro lado, el actual diseño de la boleta puede prestarse a manipulaciones de parte de los partidos políticos. En un escenario multipartidista como el que vivió la Argentina en 2007, acompañado con una débil regulación y escaso control del sistema de alianzas y adhesiones electorales, la facultad que se le otorga a los partidos para diseñar las boletas contribuye a la multiplicación de boletas en el cuarto oscuro, aumentando el nivel de confusión general sobre las opciones políticas.

Una práctica creciente desde el estallido del sistema de partidos en 2001 es que un partido presente un candidato para una categoría y ese mismo candidato apoye a varias listas o candidatos para otros cargos que se disputan de forma simultánea. De esta forma, se asegura que su boleta aparezca más veces en el cuarto oscuro y traslada las disputas políticas entre referentes territoriales al día de la elección.  Otro fenómeno relacionado es el de las listas espejo. Sellos partidarios sin una oferta electoral propia proponen listas idénticas, situación que permite que la misma lista se encuentre varias veces en el cuarto oscuro (siendo más visible para los votantes que otras ofertas) y que cada uno de los partidos que funcionan como sello reciban el financiamiento estatal para la impresión de boletas.

Estas prácticas tienen dos consecuencias directas. Por un lado, la proliferación de boletas en el centro de votación entorpece la organización de los comicios. Además, la información necesaria para ejercer el derecho a votar es manipulada por algunos partidos en forma explícita para confundir al electorado sobre las opciones electorales y los acuerdos políticos partidarios.   

Resumiendo, la asignación de responsabilidades respecto de la distribución de las boletas electorales y las características de su diseño tienen consecuencias que dificultan el ejercicio del derecho a votar de manera informada y el de elegir y ser elegido en igualdad de condiciones.

A nivel internacional se ha buscado resolver este tipo de problemáticas a través de la utilización de la boleta única. El primer país que decidió trasladar al Estado la totalidad de las responsabilidades para la organización de los comicios fue Australia en 1858. Este sistema de votación demostró rápidamente ser exitoso para combatir las irregularidades durante el proceso electoral y comenzó a difundirse en otras democracias occidentales.

La boleta única sirve principalmente para garantizar el derecho de elegir y ser elegido, limitar la posibilidad de utilizar la boleta oficial para el intercambio de favores por votos y ordenar mejor la oferta electoral. A través de este mecanismo, el Estado asume la responsabilidad de imprimir y distribuir las boletas entre los electores,  garantizando que todas las ofertas electorales lleguen a los votantes. Además, como todas las listas (o los postulantes en los casos de elecciones para cargos ejecutivos) aparecerían en la misma boleta, los partidos políticos no tendrían incentivos para hacer desaparecer la papeleta (porque estarían ocultando su propia candidatura). Así, los candidatos se asegurarían el derecho a ser elegidos sin depender de la presencia de fiscales que custodien cada mesa de votación. En consecuencia, el electorado podría elegir sin impedimentos logísticos entre todas las posibilidades habilitadas legalmente.

Además, con este sistema, el elector recibe una boleta por cargo (o por nivel jurisdiccional), resaltando cuáles son las categorías en disputa y la posibilidad de elegir partidos políticos diferentes para cada una de ellas. En consecuencia, los partidos no pueden manipular el diseño de la boleta para generar un “efecto arrastre”. Con la boleta única el apoyo del mismo partido a múltiples listas o candidatos para el mismo cargo dejaría de ser una estrategia efectiva.

En nuestra región, la mayoría de los países latinoamericanos modificaron progresivamente sus normativas electorales para introducir mayores garantías durante el proceso electoral. Algunos de ellos lo hicieron a través de la incorporación de la boleta única (México, Chile, Costa Rica, Perú, Paraguay y Bolivia). Brasil, Venezuela y Colombia introdujeron el sistema de voto electrónico, que tiene otras características y particularidades, pero comparte con el sistema de boleta única el objetivo de disminuir las posibilidades de manipulación el día de la elección. En América del Sur, los únicos países que continúan utilizando la papeleta que agrupa la oferta en una boleta por partido son la Argentina y Uruguay.  

De todas formas, si bien la boleta única tiene considerables ventajas que impactarían de manera beneficiosa en la organización de los comicios en la Argentina, su uso no garantiza por sí mismola transparencia total de las elecciones. Esta técnica ofrece precauciones importantes para el momento de emisión del voto, siempre y cuando esté respaldada por medidas de seguridad específicas referidas al papel y al diseño de la papeleta. Además, cabe recordar que el tipo de boleta no incide en la última etapa del proceso electoral, es decir, en el recuento de votos y la transmisión de los resultados al Ministerio del Interior. Por lo tanto, la adopción de la boleta única debería acompañarse con otro tipo de medidas que brinde garantías para la transparencia del escrutinio.