De Luca: “Dominar PJ es la principal fortaleza de los Kirchner”

El Dr. Miguel De Luca, en la entrevista con Argentina Elections, remarcó la importancia para los Kirchner de liderar el Partido Justicialista y asegurarlo como herramienta electoral. Si las elecciones de junio no resultaran favorables a Cristina Fernández, el oficialismo deberá “sobrevivir a la lucha por el liderazgo del justicialismo, una pugna cuyos cimbronazos afectarán a todo el sistema político argentino.” Sobre el sistema electoral, De Luca no consideró prioritarios la boleta única, ni un ente electoral independiente del poder ejecutivo. Por Hugo Passarello Luna.


Miguel De Luca es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Florencia, Italia. Actualmente es profesor de ciencia política en la Universidad de Buenos Aires e investigador de carrera del CONICET, con sede en el Instituto Gino Germani. Se especializa en temas de reforma institucional, procesos de gobierno, régimen electoral y partidos políticos, sobre los que ha publicado numerosos papers, artículos en revistas científicas y capítulos de libro, tanto en el país como en el exterior.
1. Luego de dos años de presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, el conflicto con el campo y con la derrota electoral en Catamarca en marzo de 2009 ¿Cree usted que el panorama electoral ha cambiado desde las elecciones presidenciales de 2007 siendo ahora desfavorable al kirchnerismo? Si es así ¿Cuál cree usted que fueron las principales causas que llevaron a esta situación? De no ser así, ¿Cuál cree usted son las razones de la fortaleza del movimiento kirchnerista?
Una votación de renovación legislativa en un distrito de escaso peso político-electoral ganada, como suele ser común en la Argentina, por la fuerza partidaria que lo gobierna desde hace más de una década. ¿Por qué el previsible desenlace de estos comicios en Catamarca se convirtió en el disparador de un nuevo escenario electoral? Por tres motivos. Primero, porque el ex presidente Kirchner intervino decididamente en la campaña electoral provincial, convocando a votar a favor o en contra del gobierno nacional. La derrota podía leerse de varias maneras; pero la interpretación más simple, que es la que cuenta por su difusión e impacto, fue que el resultado de la consulta representaba un castigo hacia la administración de los Kirchner. Segundo, porque para lograr su objetivo, el ex presidente había sumado a todo el peronismo catamarqueño, incluyendo a Luis Barrionuevo y Ramón Saadi, otrora denostados por el oficialismo nacional. El fracaso había sido con el sostén del PJ y no con una construcción política más endeble, propia de los albores del kirchnerismo. Tercero, el gobernador de Catamarca no se encontraba (ni se encuentra) entre los jefes provinciales de mayor poder político en el país, sino más bien todo lo contrario, y no sólo por el limitado peso electoral del distrito en disputa. Eduardo Brizuela del Moral: un ex aliado, sin proyección nacional y de influencia periférica en su partido de origen. Las características del adversario también agrandaban la magnitud del revés.
Poco después, el adelantamiento de las elecciones en la ciudad de Buenos Aires subrayaba las potenciales consecuencias del error de cálculo del ex presidente. Por “efecto demostración”, el derrotero hacia la votación nacional en octubre podía poblarse de una sucesión interminable de consultas distritales adversas, que comprometerían las posibilidades del oficialismo. Una nueva iniciativa del gobierno nacional, las elecciones nacionales en junio, venía a neutralizar las derivaciones de la fallida apuesta en Catamarca.
Si se toma como punto referencia las votaciones de 2007, entre los factores influyentes en este 2009 por supuesto debe considerarse en primer lugar la crisis global desatada hacia fines del año pasado. Y, claro está, también las dificultades económicas locales que comenzaron tiempo antes con la caída de los precios internacionales de las materias primas, principal fuente de exportación del país. Ambas variables complican las perspectivas electorales del oficialismo. En este contexto económico -mundial y local- desfavorable, tallarán asimismo el conflicto abierto entre el gobierno y el sector rural y un estado de creciente malestar entre las clases medias urbanas. Si bien gran parte de estas últimas ya se había inclinado por otras ofertas partidarias en el 2007, en este 2009 los sondeos de opinión indican que esa orientación se registrará en forma aun más pronunciada.
Por otra parte, el adelantamiento de las elecciones al tiempo que evita un desgaste del oficialismo, complica a la oposición, puesto que los partidos deberán seleccionar muy rápidamente a sus candidatos. Y ese proceso siempre es más fácil llevarlo adelante desde el gobierno que desde el llano.
Por último, pero no menos importante, los Kirchner cuentan con una formidable herramienta electoral, el PJ. Un partido diestro en la pugna por los votos, capaz de movilizarse en los momentos más difíciles, y dotado de bastiones electorales inexpugnables y de un considerable caudal de votos bien distribuido por todo el país. En el dominio del PJ reside la principal fortaleza de los Kirchner.
2. En las últimas elecciones nacionales la oposición no pudo brindar una alternativa que convenciera a la ciudadanía ante la propuesta kirchnerista y se mostró desunida formando alianzas que duraban lo que dura una campaña ¿Cuáles han sido, —a su juicio— las claves para entender la imposibilidad de formar una oposición fuerte? ¿Cree que en estas elecciones el escenario opositor será diferente?
En la política argentina resulta difícil vencer al ocupante de un cargo ejecutivo que compite buscando su reelección, llámese presidente, gobernador o intendente. En términos de recursos institucionales, materiales y simbólicos, las ventajas que poseen estos funcionarios, en comparación con las que disponen sus desafiantes, varían desde muy significativas a inconmensurables. Por ello, y aunque la competencia para cargos ejecutivos proporciona una coyuntura favorable para el aglutinamiento de fuerzas, a la oposición habitualmente no le resulta fácil presentarse en forma unificada y sólida en los escenarios en los que existe una baja dosis de incertidumbre respecto del resultado. En 2007, el presidente Néstor Kirchner desistió de competir por su reelección, pero por obvias razones la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner era considerada como la de continuidad del gobierno en ejercicio. Gobierno que, por cierto, gozaba de altos niveles de popularidad.
En 2009 la popularidad del gobierno está en baja y el resultado de las elecciones aparece hoy como incierto. Pero no tenemos por delante elecciones para puestos ejecutivos, sino para cargos legislativos. En éstas los partidos custodian especialmente dos objetivos: mantener (o crear) un electorado propio y maximizar su número de bancas. Y ambas metas partidarias se complican si concurren en forma coaligada, ya que pueden perder una parte de sus votantes por disconformidad con el acuerdo y porque se reducen sus posibilidades de aumentar (o simplemente conseguir) los legisladores propios. En cambio, un importante factor favorable para forjar una coalición en comicios de renovación legislativa es el riesgo de una derrota electoral que perjudique su situación relativa (tal como el que evaluaron en 1997, y frente a Menem, la UCR y el FREPASO). En este caso, pasa a un primer plano la discusión sobre qué criterio emplearán los medios masivos de comunicación y los especialistas para determinar e informar/analizar en la noche del 28 de junio cuál ha sido el resultado de la elección y quién ha vencido: ¿el “orden de llegada” en la crucial provincia de Buenos Aires?, ¿el número de bancas parlamentarias que ganará/perderá el gobierno a partir del 10 de diciembre?, ¿o la cantidad de votos obtenidos en todo el país por la lista oficialista en contraste con los logrados por las listas opositoras?
La aplicación de uno u otro criterio puede consagrar frente a la opinión púbica y, por cierto, frente a los propios actores políticos, un “ganador” diferente. Y si los criterios se consideran en conjunto, según los resultados, las lecturas pueden volverse inclusive más complejas. Sin dudas, las fuerzas opositoras construirán sus listas en los próximos días teniendo muy en cuenta esta particular situación.
Como puede apreciarse, son varios los factores clave a considerar y sus potenciales efectos plantean escenarios políticos muy diferentes.
3. La última elección nacional estuvo signada por varias alianzas partidarias (Frente para la Victoria, Coalición Cívica, Una Nación Avanzada) compuestas ellas por varios miembros de partidos políticos tradicionales. ¿Cree que esta elección presentará el mismo escenario partidario? ¿Cuál cree que será el futuro de los partidos políticos tradicionales (PJ, UCR)?
Ante todo, hay que diferenciar las alianzas o coaliciones electorales que son meras “fachadas” de aquellas coaliciones en sentido estricto, es decir, las constituidas por dos o más partidos, todos los cuales realizan un aporte reconocido o valorado por las partes que forjan el acuerdo. La historia electoral argentina registra unas cuantas coaliciones “de fachada”, en las que ha sido dominante (o casi absoluta) la presencia de un partido o de una candidatura personalista. Por lo común, el PJ ha concurrido a elecciones bajo este tipo de alianzas, desplegando lo que los peronistas denominan “vocación frentista”. Se trata, básicamente, de una estrategia para encarar los comicios. Y su práctica reiterada no ha afectado la potencia electoral del partido, ni tampoco otros de sus componentes constitutivos como organización política. Por lo que no creo que la abandone, ni que su futuro cercano como partido principal del sistema partidario argentino corra riesgo alguno.
Por otra parte, desde 1983 a la fecha, la Alianza ha sido el único caso de una coalición entre socios reconocidos como relativamente equivalentes y como actores políticos relevantes en el plano nacional. La Alianza resultó exitosa en las urnas en 1999, pero la experiencia de su gobierno ha sido tan negativa que aún hoy afecta la predisposición de unos cuantos dirigentes políticos para encarar acuerdos de una naturaleza similar. Esto es evidente en el denominado “espacio no peronista”. La UCR está lejos de su desempeño electoral en las décadas pasadas, pero registra una nada desdeñable capacidad para sobrevivir; mientras que el ARI todavía no ha superado el desafío de las “terceras fuerzas”: aquellas que, como el PI, la UCEDé y el FREPASO desaparecieron luego de un par de resultados electorales promisorios.
Por lo que en el futuro más o menos cercano, los votantes pueden encontrarse con tres probables escenarios dentro del espacio “no peronista”: a) varias ofertas “no peronistas” de similar relevancia y escasa coordinación electoral, b) una opción “no peronista” de mayor tamaño que otras, armada sobre la base de acuerdos electorales puntuales y con la UCR como “partido bisagra”, c) una propuesta “no peronista” prominente, constituida a partir de una relación simbiótica entre cívicos y radicales (y quizá, también socialistas), en la que los simbiontes comparten sus zonas de influencia electoral (unos, núcleos urbanos, otros, provincias periféricas) y en el intercambio se proveen respectivamente candidatos de atractivo electoral y organización partidaria extendida. Estos escenarios no han sido enumerados en forma aleatoria, sino según su grado de factibilidad.
4. Luego de las dificultades para votar que se tuvo en la última elección nacional, con electores votando hasta dos horas después del cierre, se discutió a nivel nacional y provincial la necesidad de hacer una reforma electoral (en el caso de la provincia de Córdoba efectivamente se realizó) en la que se incorporen, entre otras cosas, la boleta única, el voto electrónico, el voto no obligatorio, y la creación de un ente electoral que no dependiera del Poder Ejecutivo. ¿Considera usted factible y necesario la posibilidad de una reforma electoral? ¿Cuáles serian a su juicio los principales elementos que debieran ser debatidos en una posible reforma?
El gobierno ha logrado muy recientemente la modificación del calendario electoral por el Congreso. Por lo que ya entramos en plena campaña y no es posible realizar reforma electoral alguna. Hacia el futuro, considero conveniente varios cambios, pero por distintas razones, ninguno de los que Usted enumera está en mi lista de reformas para mejorar las condiciones de la competencia entre los partidos políticos y de las de decisión por parte de los votantes. El voto electrónico no me parece en absoluto ventajoso. Y no considero prioritarios la boleta única, ni un ente electoral independiente del poder ejecutivo. En cambio, identifico como imprescindibles y urgentes las siguientes medidas:
a) Sanción de una legislación en materia de financiamiento de los partidos políticos y de las campañas electorales que apunte a generar una competencia más equitativa y a reducir los llamados “costos de la política” (y, por ende, a atacar los focos de corrupción).
b) Adopción de una normativa actualizada que establezca límites precisos a la influencia de los medios masivos de comunicación sobre la política y controle la conformación de los denominados “grupos multimedia”.
c) Sanción de una ley de radio y televisión públicas de Estado que garantice su independencia y objetividad, mediante una dirección autónoma del gobierno designada por acuerdo entre los poderes ejecutivo y legislativo, con mandatos prolongados, renovación parcial e inamovilidad en los cargos, y sujeta a la rendición periódica de cuentas frente al Congreso.
d) Aprobación de una ley de regulación y control de la asignación de la publicidad oficial que resuelva, entre otras cuestiones, la falta de información de los gastos en publicidad oficial en cada organismo del Estado, las distorsiones entre el presupuesto fijado y el gasto ejecutado, los desequilibrios en la pauta asignada para todos medios en los tres niveles de gobierno, y la manipulación de la pauta oficial para beneficio del oficialismo de turno.
e) Creación de juzgados electorales independientes a cargo de jueces especializados.
f) Promoción, en el ámbito provincial, de campañas pro-derogación de la “ley de lemas”.
g) Promoción entre los medios masivos de comunicación el establecimiento de umbrales mínimos de calidad para la difusión de sondeos de opinión pública (por ejemplo, mención de la fuente, el universo, el tipo de diseño muestral, el tamaño de la muestra y la modalidad de recolección de datos, entre otros aspectos).
5. En líneas generales ¿Cuáles cree serán los principales desafíos de esta administración luego de las elecciones legislativas?
Cualquiera sea el resultado de la elección, los principales desafíos del gobierno en junio serán los mismos que hoy: tomar medidas que amortigüen el impacto de la crisis global, revertir el declive de la actividad económica registrado en los últimos años y mantener la inflación bajo control. Pero si el gobierno resulta claramente derrotado en las urnas, a la lista se sumará automáticamente un nuevo desafío, tan difícil de encarar por los Kirchner como los tres que se han mencionado: sobrevivir a la lucha por el liderazgo del justicialismo, una pugna cuyos cimbronazos afectarán a todo el sistema político argentino.