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Entrevistas-Interviews

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Noviembre 5, 2007

Los setenta y las elecciones

El lenguaje de la política de los setenta se escurrió en los comentarios y observaciones de algunos de los principales actores políticos de esta última contienda presidencial. El análisis de Eduardo Aulicino en Clarín.

Voto peronista versus voto gorila: una mirada vieja para leer las elecciones
Eduardo Aulicino
Clarín
5 de noviembre de 2007

Voto peronista versus voto gorila. Extemporánea y en formato de chicana política, esa lectura de los resultados de las urnas asomó en la primera polémica poselectoral. Todavía con tono de campaña, la interpretación partió de una mirada sobre los comicios que parece al menos débil y estrecha frente al cuadro más complejo y matizado que expresan los números finales de los comicios.

El tema apareció en los últimos cruces de oficialistas y opositores. Néstor Kirchner dijo que Elisa Carrió condensó "el voto gorila" y la ex candidata habló de una expresión de condena al "país bananero". Fueron desmesuras, casi una caricatura de los resultados, en base a una visión forzada del fuerte triunfo de Cristina Fernández de Kirchner —afirmado sobre todo en el GBA y las enormes diferencias en muchas provincias— y los significativos resultados opositores en importantes centros urbanos.

Los números indican que ni siquiera pueden simplificarse las conclusiones apelando a los comportamientos del voto por sector social: hay señales que expresan la supervivencia de tradiciones políticas, pero también otras que reflejan el peso de factores nuevos y la movilidad de algunas franjas de electores.

Vale empezar por la Capital, que premió y castigó de distinto modo a la mayoría de los protagonistas, con apenas cuatro meses de diferencia.

El kirchnerismo, con Daniel Filmus como candidato, había sido uno de las figuras de la elección de jefe de gobierno, en junio: logró el 24 por ciento en la primera vuelta, pasó al ballottage y perdió, pero sumó esa vez el 39 por ciento. Ahora, Cristina Fernández de Kirchner registró 23,6 puntos y Filmus, propuesto para el Senado, sólo 22. Hubo una importante franja de votantes que esta vez no los respaldó. Elisa Carrió, que había perdido con Jorge Telerman, fue la triunfadora entre los porteños, con 37,6. Y Mauricio Macri —jefe de Gobierno electo con casi el 61 por ciento de los votos— no logró que sus candidatos a legisladores superaran los 13 puntos. Los números parecen provisorios para todos.

La Plata expresa otra interesante versión de movilidad del voto, incluso entre diferentes candidatos peronistas. Tres representantes compitieron por el municipio llevando además la boleta de Cristina Fernández de Kirchner: Julio Alak, que perdió la intendencia; Pablo Bruera, que lo sucederá en el cargo, y Carlos Castagnetto. Entre los tres, sumaron 55 puntos en esa disputa. Pero en La Plata, el rubro presidencial fue para Carrió (35,9 a 33,8 sobre la senadora). Y con un agregado: Daniel Scioli ganó la competencia por la gobernación, con el 40 por ciento.

Al igual que en La Plata, Scioli se impuso en las otras dos ciudades bonaerenses en las que Carrió superó a la candidata del oficialismo: Mar del Plata y Bahía Blanca. Una muestra evidente de combinaciones de boletas en el cuarto oscuro.

También los números del Gran Buenos Aires permiten diversas lecturas. Cristina Fernández de Kirchner se garantizó allí buena parte de su triunfo. En muchos distritos estuvo por encima del 50 por ciento de los votos, con picos del 59 en José C. Paz y del 61 en Malvinas Argentinas. Los resultados fueron menos holgados en varios puntos del primer cordón del GBA. Y sólo perdió a manos de Carrió en San Isidro (fue 38 a 30 a favor de la candidata de la Coalición Cívica) y Vicente López (41 a 24).

Se puede explicar ese contraste por las tendencias dominantes en los sectores de menores recursos y en los sectores medios y más acomodados. Pero no alcanza: en San Isidro, Scioli se impuso con casi el 33 por ciento de los votos y la candidata a gobernadora aliada con Carrió, Margarita Stolbizer, terminó tercera, detrás de Francisco de Narváez.

El triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en algunas provincias fue aplastante: superó el 60 por ciento en varios casos (Jujuy, Tucumán, Chubut) y en algunos trepó más allá de los 70 puntos (Formosa, Salta, Santiago del Estero). Son cifras superiores al promedio histórico del voto peronista, y se explican seguramente por varios elementos combinados con ese: la imagen de la gestión local, una tendencia a favor del Gobierno que también ganó votantes de fuerzas provinciales, la debilidad de las opciones locales, la suma en algunos distritos del PJ y los radicales K —Santiago, Mendoza, Río Negro, las tres más notorias por los resultados— y el peso del aparato partidario asociado al poder del estado local.

La mención de este último factor genera rechazo en cualquier gobierno, pero existe un ejemplo —en sentido inverso al resultado general— que seguramente merece una mirada crítica del oficialismo nacional y de muchos opositores: San Luis. Allí, en su territorio, Alberto Rodríguez Saá registró el 67,81 por ciento de los votos y la boleta kirchnerista sólo el 11,71.

Para completar, el caso santacruceño. Cristina Fernández de Kirchner fue una aplanadora en su territorio, sacudido unos meses antes por duros conflictos sociales y políticos. Logró el 67,9 por ciento a nivel provincial y un poco menos (61,2) en Río Gallegos. El gobernador Daniel Peralta la acompañó algunos escalones más abajo: 58,2 puntos en toda la provincia y 55,3 en la ciudad capital. Pero en Río Gallegos el corte de boletas hizo lo suyo: fue reelegido intendente el radical Héctor Roquel con el 47 por ciento.

Como se ve, no se trata de curiosidades de una elección, sino de expresiones de una realidad compleja, plural, difícil de entender linealmente.

La transición

En este análisis de Adolfo Gutiérrez en Clarín se observan cuales serán las claves para la transición del gobierno de Néstor K a Cristina K.

Claves de la transición en el Parlamento
Alfredo Gutiérrez
Clarín
5 de noviembre 2007


El nuevo Congreso empezó a acomodarse entre polémicas de distinta intensidad. Tras la contundente victoria del kirchnerismo— que quedó a sólo 12 diputados de aprobar, si quisiera, una nueva reforma constitucional con los dos tercios de los votos—, estos días se cruzan operaciones políticas y debates en uno y otro bando para ver quién queda mejor posicionado. Con miras al esquema de poder futuro, pero también hacia dentro de su propia fuerza.

1Línea sucesoria. La presidencia de Diputados es una de las disputas centrales, porque ésa es también la silla del segundo en la línea sucesoria presidencial. El primer reemplazante de la presidenta, en caso de ausencia, es el vicepresidente Julio Cobos. Le sigue, según la ley de Acefalía, el presidente de Diputados.

Pero ese cargo no está definido, a diferencia de lo que ocurrió en 2005 cuando mucho antes del comicio se sabía que la silla estaba reservada para Alberto Balestrini. Ahora Balestrini será vice de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires y el lugar queda vacante.

Se suponía que el "número puesto" sería Felipe Solá, actual gobernador bonaerense que encabezó la lista en la provincia. Porque es una tradición que el titular de Diputados salga de ese territorio, el más poblado del país. Pero cada vez son más los que dudan de que Felipe sea el elegido, y hasta hay quienes dicen que tal vez ni asuma como diputado porque puede ser embajador o ministro.

Entonces abren el juego. Candidatos no faltan: el bonaerense José María Díaz Bancalari, el actual jefe del bloque "K" Agustín Rossi, el gobernador santafesino Jorge Obeid, y hasta el jujeño Eduardo Fellner, lo que rompería del todo con la tradición.

Todos coinciden solo en una cosa: quien decidirá es la presidenta Cristina Kirchner y no el voto de los diputados. Eso también es una tradición.

2La segunda fuerza. Hay un debate al interior de la Coalición Cívica acerca de ir todos a un mismo bloque o formar bancadas separadas. Si fueran juntos el ARI, los socialistas y Unión por Todos de Patricia Bullrich, formarían un grupo más numeroso que el de la UCR y podrían quedarse con varios centros de poder parlamentario: la vicepresidencia segunda, varias comisiones y hasta un auditor general de la Auditoría General de la Nación, que este año se renueva.

Sin embargo, el socialismo ya marcó algunas diferencias. Y algunos legisladores del ARI dicen que no podrían mezclarse con otros integrantes de la fuerza que armó Elisa Carrió. Es muy posible que hagan rancho aparte. Y que los cargos queden de nuevo para la UCR.

3Radicales sin calma. El radicalismo perdió varios legisladores y está a punto de dejar de ser la segunda fuerza en Diputados. Hay pases de facturas y discusiones, y hasta se habla de cómo se integrará la nueva conducción partidaria.

Algunos buscan recomponer con los "radicales K" que se asociaron al kirchnerismo, y otros —que los llaman con hiriente ironía "radicales cash"— prefieren que se vayan de una vez para recuperar su partido. Varios entraron por listas oficialistas, y aun no se sabe a qué bloque irán a parar.

4Vacantes en el Senado. El oficialismo goza una tranquila hegemonía, pero tendrá un par de lugares vacíos difíciles de cubrir. Son las estratégicas comisiones de Asuntos Constitucionales y de Presupuesto, que dejarán Cristina Kirchner y el gobernador electo de Chaco, Jorge Capitanich. Aun no hay nombres en disputa para llenar esas vacantes.

La fecha límite (o "dead line", como le llamó en inglés un vocero) es el 5 de diciembre, cuando se realicen las sesiones preparatorias en las que se votan autoridades de las cámaras. Ese día estarán resueltas, al menos, algunas de las polémicas.