Pierre Ostiguy: El peronismo y el kirchnerismo

El politólogo canadiense Pierre Ostiguy brindó a Argentina Elections sus reflexiones sobre las recientes elecciones y la corriente Kirchnerista. Trae nuevamente al frente de la discusión las estrechas relaciones entre el kirchnerismo y el peronismo, y analiza la situación actual del Frente Para la Victoria y de la pareja gobernante de los Kirchner. Por Hugo Passarello Luna


Pierre Ostiguy es Profesor Asistente de Ciencias Políticas en el Bard College, donde también ha sido el jefe del programa de Estudios Latinoamericanos e Ibéricos. Recibió su doctorado en U.C. Berkeley y ha sido Visiting Fellow en el Instituto de Kellogg para Estudios Internacionales. Ha publicado en español, francés e inglés sobre política argentina y del Cono Sur, enfocándose en sistemas de partidos, identidades políticas y populismo. Recientemente publicó un artículo sobre las “izquierdas” en la Argentina de Kirchner (“Gauches péroniste y non-péroniste dans le système de partis argentin”) en la Revista Internationale de Politique Comparée. Es también el autor de dos libros sobre Argentina, incluyendo el extensamente publicado Los Capitanes de la industria. Su investigación sobre el Chavismo en Venezuela y el Peronismo en Argentina.
1. La etapa democrática iniciada en la Argentina luego de la caída de la última dictadura militar lleva ya 25 años. ¿Cómo interpreta las próximas elecciones presidenciales a la luz de este proceso? ¿Tienen estas elecciones un significado especial?
En relación a las dictaduras militares del pasado, no creo que esta sexta elección presidencial nacional tenga un sentido demasiado importante, sino mostrar una cierta continuidad en las “reglas de juego” del acceso al poder desde 1983, es decir, desde hace 24 años. Lo único llamativo al respecto fue que desde el 2003, y por primera vez desde 1983, hubo una política oficial desde el mismo gobierno que fuera francamente hostil hacia los represores de los años setenta y, en menor medida, hacia los mandos de las Fuerzas Armadas que no fueran enteramente confiables. Kirchner se alió con las organizaciones de derechos humanos (cosa que no había hecho Alfonsín pese su buena reputación en el hemisferio norte, enfrentando un descontento militar más significativo). La reelección de la pareja Kirchner, para llamarlo así, muestra la clara posibilidad de una continuidad en ese respecto. No entraré aquí en una discusión sobre el “nivel de calidad” de la democracia en Argentina. En todo caso, yo no veo cambios muy drásticos al respecto, ni por un lado ni por el otro; Argentina sigue siendo Argentina.
2. El peronismo ha demostrado una notable capacidad de supervivencia. Al cabo de más de 60 años, continúa ejerciendo una influencia decisiva en la política argentina. Como interpreta este fenómeno? ¿Cuáles han sido, —a su juicio—las claves de la permanencia del peronismo en la sociedad y la política argentina?
Esta pregunta, sí, me parece mucho más relevante que la primera. El peronismo es de hecho importantísimo para entender la política argentina.
Para mí, claramente, el peronismo es ante todo una identidad. El peronismo es una identidad social, cultural, y política. Detallemos. Es la identidad tanto política como sociocultural de los sectores populares argentinos, de las clases bajas y obreras. En ese sentido, es una identidad social, antes de todo. Por estar tan anclada socialmente, termina siendo una identidad más cultural que de proyecto ideológico político. Para mí—siempre lo dije—el peronismo es la representación en el escenario público del modo de ser, del modo de sentir (uno puede hablar antropológicamente de una “estructura de sentimiento”, como también lo hacía Gramsci en su época), de los sectores populares históricamente construido en la República Argentina. El peronismo toma de las prácticas de los sectores populares rasgos culturales bien enraizados y los magnifica. Eso provoca un gran “attachment”, pero también y al mismo tiempo una fuerte hostilidad en los sectores de clase media educados, con apego a las instituciones republicanas, al impersonalismo, etc. Por eso, siempre dije polémicamente que para entender al peronismo es más útil entender de fútbol (y de Boca) que de Marx o de la social-democracia europea.
Al mismo tiempo, el peronismo tiene un sentido práctico (y a veces poco ético) del poder real. Eso se vincula obviamente con el estilo de conducción, de los cuales tanto hablan los peronistas. Muchos universitarios explicaron—a mi entender, de manera muy simplista—el éxito del peronismo con el clientelismo, similar al de las political machines que existían antes en las grandes ciudades industriales de EEUU. En eso, coincido con los trabajos y críticas de Auyero, para el cual el modo de hacer clientelismo es probablemente tan o más importante como el intercambio de bienes por votos.
Yo enfocaría más bien la discusión hacía otro lado. Sin duda, el peronismo no forma parte de la tradición liberal, y en ese sentido no entiende muy bien (o no le preocupa) el tema de la división entre lo público y lo privado, el estado y el partido, etc. Eso permite a líder peronista, sea a nivel municipal, de gobernación, o de presidencia mostrar que tiene fuerza como líder, y que puede preocuparse de su gente, que puede cumplir, que es legítimo, que la gente deposite en él su lealtad, que el líder sea al mismo tiempo “uno de nosotros” y “uno mejor que nosotros”. Pero que no sea socio-culturalmente “del otro lado”, como siempre se ha visto el anti-peronismo desde esos sectores.
Finalmente, para lectores norteamericanos y/o institucionalistas, es importantísimo entender, como lo sabe cualquier peronista, que el P.J. (es decir, la estructura formal del partido) no es el peronismo. Es una parte relevante, pero chica, del peronismo. El peronismo es más bien un movimiento sociopolítico, una “mouvance” como diríamos en francés. Es una fuerza real, sólida y fuerte, pero el partido en sí es un aspecto menor, pero no irrelevante, del peronismo. Kirchner lo sabe. Y el hecho que el Frente para la Victoria no sea el P.J. tiene una importancia menor tanto para sus votantes peronistas como para él.
Mientras esas diferencias socioculturales en la Argentina y mientras el peso de las identidades (que, como sabemos, pueden estructurar la identidad personal) sigan existiendo, el peronismo seguirá en la Argentina. Convendría aquí cantar la Marcha Peronista para clausurar bien este texto.
3. La corriente peronista conocida como kirchnerista ha monopolizado en los últimos años las preferencias electorales de los argentinos. ¿Como interpreta este fenómeno? ¿Cuales han sido, a su juicio, los aportes –positivos y negativos– del kirchnerismo, tanto al interior del peronismo como hacia fuera, en la sociedad y la política argentina en general?
Y
4. ¿Cómo interpreta la transformación del peronismo de su vertiente o versión menemista a su vertiente o versión kirchnerista? ¿Cuál ha sido –a su juicio– la clave del éxito del kirchnerismo?

Para mí, la fuerza del Kirchnerismo sólo se puede entender en oposición al Menemismo. Ambos, por supuesto, son fenómenos peronistas. Ahí entra el eje ortogonal de la política argentina, es decir, el eje izquierda-derecha. No cabe duda que el Kirchnerismo se ubica a la izquierda dentro del movimiento peronista; del mismo modo que no cabía duda que el Menemismo estaba a la derecha en el movimiento peronista.
Ahora, si uno pregunta sobre el porque del cambio, yo creo que la respuesta se encuentra a nivel continental y de las lecciones de la historia reciente. Aquí, no creo que mi respuesta sea muy original. El Menemismo fue una parte importante de la ola neoliberal que dominó América Latina en los años 90. Este modelo (uno puede pensar en la figura simbólica que fue Domingo Cavallo) siguió, paradójicamente, bajo la Alianza liderada por el Radical De la Rua. Fue bajo la administración de Cavallo que el modelo económico—y con él, el país—colapsó a fin del 2001.
El Kirchnerismo es una respuesta inversa a todo lo que se percibe como “malo”, para llamarlo así, de la década del noventa, asociado a la derecha: una política específica hacia las Fuerzas Armadas y la dictadura, una política económica, una actitud frente al FMI, discurso, etc. La sociedad argentina, después de la experiencia traumática del 2001-02 (y el cansancio con el modelo ya venía desde 1998) se volcó mayoritariamente del otro lado, es decir, del lado izquierdo del centro.
Ahora, también hay que ver que eso no era enteramente inevitable. Conviene recordar que sin Duhalde, Kirchner no llegaba a ser candidato presidencial en el 2003, ni llegaba a la presidencia sin los votos bonaeresenses fieles al aparato de Duhalde. Hay que recordar que Duhalde intentó primero con Reutemann, y después con De la Sota, antes de volcarse como tercera opción a Kirchner, que siempre fue asociado dentro del peronismo con el ala más de izquierda dentro del peronismo.
Finalmente, conviene mencionar lo obvio: el proyecto Kirchnerista es la llegada al escenario central del proyecto setentista dentro del peronismo, adaptado a los tiempos actuales, ahora en la edad en donde una generación puede pretender el poder político. Queda para resolver hasta que punto la “patria socialista”, para usar el lenguaje de la época, se puede conciliar con la “patria peronista”. Es posible que el problema llegue a ser más agudo con Cristina que con Néstor.
El peronismo tiene un vasto repertorio simbólico-político. Perón y Evita obviamente siempre están en el centro. Pero yo me arriesgaría a decir que bajo Menem, la figura federal y popular de Facundo Quiroga, caudillo del lejano siglo XIX, tuvo (en línea con el revisionismo histórico) un peso mayor a lo ordinario; mientras que bajo Kirchner, son los sueños de la J.P. (Juventud Peronista) setentista (que como sabemos terminaron chocando con Perón) que tienen ahora un peso mayor al común.
5. A pesar de tener las encuestas a su favor, el presidente Kirchner acaba de renunciar a la posibilidad de buscar su reelección, designando como sucesora a su esposa. ¿Qué representa esta decisión según su opinión?
Bueno, eso es muy obvio y no se necesita ser profesor para contestar esa pregunta. Con el apetito para el poder que siempre caracterizó el peronismo, vinculado a la “viveza criolla” tan valorizada dentro del polo (menos republicano) peronista, van a alternar en la Presidencia la mayor cantidad de años que puedan, según las condiciones políticas reales. No serán las reglas quienes los paren, sino más bien el nivel de apoyo en la opinión pública (y el voto), el comportamiento de los otros actores claves dentro del Justicialismo, etc. En este sentido, la decisión de Kirchner de intentar liderar el peronismo mientras su mujer se dedique a la presidencia es muy clave.
6. ¿Cuáles cree serán los principales desafíos de la administración que asuma en el 2008?
Para mí —y eso es original para un académico del norte—será la adecuación de Cristina a su electorado peronista, pues yo no la veo tan peronista como su marido. Tendrá que mostrar “fuerza” y no ser débil, para poder mantener su calidad de líder “peronista” nacional. Será también un desafío, por ejemplo, navegar a nivel internacional entre Chávez (mucho más cerca de la tradición peronista) y el socialismo europeo (que siempre fue anti-populista). Será un desafío (menor, creo) navegar entre atraer inversiones extranjeras de los países capitalistas avanzados y seguir con políticas populistas dirigidas a su base electoral. El manejo del INDEC, por ejemplo, no provoca escándalo en las bases peronistas (y quizás ayuda a bajar las expectativas inflacionarias, que sí tienen mucho impacto sobre ellos), pero afecta la reputación y respetabilidad de la Argentina ante las decisiones inversionistas. Algo un poco similar ocurre con la crisis energética: ¿cómo conciliar gas barato para la gente, con la imposición de tarifas bajas a las empresas privadas que proveen dicho gas? En todo caso, esos problemas, reales, son realmente menores si se los compara a la crisis del 2001 o del 1989.