La campaña de Cristina sigue sumando opositores

Cristina tiene mas oposición del gobierno que de los opositores y suma el apoyo del Partido Demócrata Cristiano (PDC). Acevedo (ex gobernador santacruceño) y Costa (candidato radical de Santa Cruz) dicen no temerle al Kirchnerismo.


Hay más oposición en el propio Gobierno que en los opositores
Carlos Pagni
La Nación
13 de Agosto de 2007

La conducta de la dirigencia política argentina parece haber ingresado en una fase psiquiátrica. Las principales agresiones a la candidatura de Cristina Kirchner salen del Gobierno: la última fue el valijazo de Uberti. Y el respaldo lo provee la oposición: nadie colaboró con la senadora más que Mauricio Macri, al insinuar que es el único capaz de forzar un ballottage en octubre para aclarar después que no lo intentaría.
Desde Semana Santa, Kirchner obtuvo pocos placeres. Todo fue crisis: la convulsión gremial de Santa Cruz, el escándalo por los presuntos sobornos de Skanska, la derrota en Capital y en Tierra del Fuego, la bolsa de Felisa Miceli, las denuncias sobre Romina Picolotti, el colapso energético, la escalada inflacionaria, la demolición del Indec. Hasta el viaje de la senadora a España salió mal, a pesar de su impecable agenda: tal vez logre corregirlo José Luis Rodríguez Zapatero cuando visite la Argentina antes del 10 de diciembre para festejar un supuesto aumento de tarifas.
En Brasil hablarían de “inferno astral”. Pero esta sucesión de desgracias es más llamativa porque no contrasta con ningún éxito ajeno. El deterioro de los Kirchner no inspira en la oposición ningún movimiento dirigido a elaborar una alternativa de poder. Cualquiera que sea el vendaval, los candidatos siguen siendo, por lo menos, cinco: Elisa Carrió, Roberto Lavagna, Ricardo López Murphy, Alberto Rodríguez Saá y Jorge Sobisch. Ninguno ganó una elección interna ni alcanza montos de adhesión de más de un dígito. Reyezuelos de sus propios microcosmos, aseguran una dispersión que hoy es el activo político más valioso de los Kirchner.
En el plano matemático, la inconsistencia de las alternativas provoca temor a la ingobernabilidad y suma votos al oficialismo. Pero la fragmentación amplía también el horizonte político de la administración por la inexistencia de un relato opositor. Pueden estallar mil escándalos, pero sin una interpretación del proceso que compita con la que ofrece la Casa Rosada, seguirán siendo mil episodios aislados. Mientras los bolivarianos de aquí y de allá traficaban sus valijas -a propósito: ¿cuántas eran?, ¿fueron revisadas todas?, ¿qué llevaban?-, los desafiantes del Gobierno alimentaron a la prensa con sus internas parroquiales en un páramo conceptual. Frente a una masa despiadada de poder y de recursos, aquellos cinco monologuistas no pueden organizarse ni para una conferencia de prensa. Así, toda turbulencia en el oficialismo es atenuada desde la oposición. Esa desarticulación del adversario es intrínseca al fenómeno Kirchner.
Las próximas dos semanas serán cruciales para saber si el país mantendrá ese diseño político o si aparecerá alguna tendencia al equilibrio. El 28 vence el plazo para la inscripción de alianzas en la justicia electoral. Hoy no hay sorpresas sobre la identidad de los candidatos, pero no está dicha la última palabra sobre las posibles asociaciones entre algunos de ellos.
Hay tres factores principales que operan en ese sentido. Uno es la gran comunicación que existe en la línea media de distintas fuerzas políticas a pesar de la falta de diálogo de sus líderes. Entre los diputados de Recrear y de ARI hay más intercambios y coincidencias que los que existen, por ejemplo, entre Cristina Kirchner y Juan Carlos Romero, que compartirán cartel en Salta. Carrió y López Murphy siguen impermeables a la presión de sus seguidores inmediatos. Pero ninguno de los dos pudo demostrar que el aislamiento los salvará del naufragio. Al contrario. Por eso la urgencia de los números habilitará conversaciones más serias entre ellos a partir de hoy.
Otro vector que opera en favor de un entendimiento es el financiamiento. Entre los empresarios existe temor de poner plata en la oposición y que Kirchner se dé cuenta. Las candidaturas testimoniales les ofrecen una excusa muy razonable para no llevar la mano al bolsillo.
Existe un tercer agente en el proceso opositor: Macri. La agresividad que aplicó el Gobierno en la discusión por los fondos que deberían destinarse a la policía porteña demuestra que, si arrasan en octubre, el próximo objetivo de los Kirchner será el asalto al islote de Macri. Nadie duda de que Cristina Kirchner enfrentará un escenario más complicado que el que le tocó a su esposo. Pero también a la oposición le puede ir peor. De allí que en Pro gane consenso la idea de que el éxito de la gestión municipal no está desvinculado del destino opositor en octubre, como le hubiera gustado al presidente de Boca. Macri se involucrará un poco, entonces, en la construcción de la oferta opositora. Aunque después se distancie de la campaña. A su lado garabatean algunas opciones. Una es que López Murphy se postule para la senaduría porteña y realice un acuerdo con Carrió de alcance nacional. ¿Cómo reaccionaría Carrió ante esta idea? Misterio.
Un acuerdo de esta naturaleza sería corrosivo para Lavagna porque interpelaría a su base radical. Muchos dirigentes de la UCR tienen más afinidad con los ex radicales Carrió o López Murphy que con el peronista Lavagna. Ven en él al candidato del pacto duhaldo-alfonsinista que expulsó al partido del poder en 2001. Lavagna hace poco para seducir a esos radicales: ellos aportan su estructura, pero quien realiza los acuerdos en cada distrito es el duhaldista Eduardo Camaño.
La memoria de aquel golpismo blanco es una barrera de incomunicación más rígida en el PJ. Si los Rodríguez Saá y los Menem no están con Lavagna es, sobre todo, por las facturas que el duhaldismo dejó sin saldar desde la crisis de 2001. Hoy sería más fácil descubrir una aproximación entre Alberto Rodríguez Saá y Carrió que entre ese gobernador y Lavagna. Pero para la configuración final del PJ disidente hay que esperar al próximo fin de semana, cuando se conozca el resultado de las elecciones de San Luis y La Rioja, donde Carlos Menem sabrá si está o no en el final de su carrera.
La diáspora opositora es más llamativa en la provincia de Buenos Aires. Los Kirchner confían su triunfo en primera vuelta a ese distrito, capaz de proveerles un piso del 20% de los votos nacionales. Ellos cuentan con todas las intendencias bonaerenses, sean peronistas o radicales, y también con su figura más competitiva, Daniel Scioli. Enfrente ya hay seis candidatos: Jorge Sarghini, Ricardo Alfonsín (ambos con Lavagna), Margarita Stolbizer (UCR disidente), Juan Carlos Blumberg y Luis Patti (aliados por el ex embajadorEsteban Caselli). Pro concurre hasta ahora dividido entre Sergio Nahabetián (Recrear) y Francisco de Narváez asociado a Jorge Macri, primo de Mauricio (CPC). Este Macri será también candidato a diputado nacional. Esta categoría encabeza la boleta, lo que puede provocar un engaño deliberado: que los votantes vean el apellido Macri y crean estar votando por Mauricio. Cariñosa reparación -acaso también venganza- del futuro alcalde con papá Franco: ahora todos quieren llamarse Macri.
El nivel de consistencia que adquiera la oposición determinará lo que suceda durante el próximo gobierno. Las sociedades que constituyen masas desequilibradas de poder están condenadas a gobiernos autistas y adversarios apocalípticos. La peor organización para enfrentar una crisis. El rosismo, el yrigoyenismo, el peronismo o el menemismo son aleccionadores: su reemplazo no provino del reto de una fuerza equivalente sino de la implosión de su arquitectura. Por eso, los Kirchner se deterioran, pero es difícil saber qué rostro tendrá su final. Si el de algún opositor, acaso Macri, o el de Scioli.
Notas relacionadas
La primera dama, entre el Luna Park y el interior
Por Martín Dinatale
De la Redacción de LA NACION
Lunes 13 de agosto de 2007 | Publicado en la Edición impresa Noticias de Política
Decididamente, no será una campaña tradicional y con cotillón peronista la que encarará Cristina Kirchner en el interior del país. La primera dama intentará imprimirle un aire de “cambio” al raid electoral oficialista que comenzará a rodar una vez que mañana quede oficializada la fórmula presidencial de Cristina Kirchner y Julio Cobos en el Luna Park.
Al acto de mañana acudirá todo el gabinete nacional, aunque no estaba confirmado hasta anoche si el ministro de Planificación, Julio De Vido, apremiado por el escándalo de la valija, participará del encuentro. Es probable que el Presidente no exponga a su esposa con uno de los ministros más cuestionados en estas horas.
Luego del Luna Park, la senadora saldrá a recorrer el país con el apoyo del aparato kirchnerista, que incluirá inauguraciones de obras, además de encuentros cerrados en microestadios o en teatros, como fue su lanzamiento en La Plata. Así, habrá pocos actos proselitistas de la primera dama con la impronta peronista, siempre circunscriptos al conurbano bonaerense.
Según supo LA NACION, un selecto grupo conformado por el Presidente y su esposa; por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el secretario de Medios, José Albistur, y el secretario legal y técnico, Carlos Zannini, definió en las últimas horas el perfil que tendrá la campaña de la primera dama.
En el escenario electoral pensado para la primera dama, el Gobierno buscará seguir al pie de la letra aquel eslogan que dice “el cambio recién empieza”. Cristina Kirchner se encarga de cuidar cada detalle en las formas para ajustarse a este mensaje, aunque resaltando, claro está, todos los hechos positivos hechos por Kirchner hasta ahora.
Se espera que haya actos cerrados en las grandes provincias, como Córdoba, Santa Fe y Mendoza. No habrá en estos casos la tradición peronista de bombos y banderas que se reservará, en cambio, para los típicos actos del conurbano, donde se mueve fundamentalmente todo el aparato del PJ bonaerense.
A la vez, en la Capital, la candidata presidencial hará actos institucionales y usará los encuentros de su esposo con gobernadores e intendentes en los salones de la Casa Rosada como parte del armado de la campaña. Esto se extenderá al resto del país cuando los funcionarios de la Nación inauguren obras públicas.
También en el escenario porteño la senadora se lanzará a una recorrida por los medios televisivos, donde se siente más cómoda. “Hay varios programas periodísticos a los que podrá concurrir semanalmente sin problemas y así mostrará cierta apertura a la prensa”, destacó a LA NACION una importante fuente del Gobierno con acceso al grupo que diagrama la campaña presidencial.
Provincias sin visitar
Por otra parte, habrá por lo menos tres provincias donde Cristina Kirchner no irá para evitar problemas: Salta, Misiones y Río Negro. En todos estos casos el kirchnerismo llega a las elecciones dividido y con varios candidatos en diferentes listas “colgadas” a la fórmula presidencial.
En el caso específico de Salta, Cristina Kirchner no tiene buena relación con el gobernador Juan Carlos Romero, a quien sigue viendo como un exponente del menemismo. En Misiones, la primera dama no quiere correr el peligro de reiterar el traspié que tuvo el año pasado su esposo cuando apoyó el polémico proyecto reeleccionista del gobernador Carlos Rovira.
Los actos en el conurbano de la primera dama se repartirán entre el candidato a gobernador Daniel Scioli y el candidato a vicegobernador Alberto Balestrini. Sólo en estos casos, la primera dama estará acompañada por el aparato del PJ bonaerense y sus tradicionales movilizaciones.
A su vez, se supo que Cristina Kirchner habría rechazado la oferta de algunos asesores internacionales de imagen como los que contrataron Scioli, o Eduardo Duhalde y Fernando de la Rúa en su momento.
“La primera dama se niega a que alguien de afuera venga a darle consejos de cómo moverse en los actos y qué vestimenta usar”, dijo a LA NACION otra fuente cercana a la senadora. En tal caso, la relación de Cristina Kirchner con el mundo durante su campaña estará dada con las visitas que hará a Brasil y a los Estados Unidos para extender, así, el objetivo de la instalación internacional de su candidatura.
“Vamos a investigar al kirchnerismo”, dijo Costa
El candidato radical de Santa Cruz asegura no tener miedo
Lunes 13 de agosto de 2007 | Publicado en la Edición impresa Noticias de Política
RIO GALLEGOS.- Eduardo Costa, flamante candidato a la gobernación de Santa Cruz, que se enfrentará al aparato kirchnerista, nunca estuvo en la función pública. El domingo 4 del actual ganó la elección interna radical, y ahora se apresura a conformar lo que denomina “la concertación”, que reunirá a los partidos de la oposición santacruceña.
Costa asegura que sabe que enfrentará a un candidato que contará con todo el apoyo del presidente Néstor Kirchner, pero parece más divertido que asustado. “No, no le tengo miedo; ¿por qué?”, pregunta desde el hotel Costa Río, propiedad de la familia y búnker de su campaña, donde concedió el reportaje a LA NACION.
La sorpresa electoral de esta provincia se explaya sobre su experiencia política empresarial y asegura que “la gente pide puestos de trabajo, no quiere que sus hijos vayan a buscar trabajos a una unidad básica”.
No construye su discurso desde la crítica a Kirchner, pero no duda en afirmar que, en caso de ganar la gobernación en las elecciones del 28 de octubre, investigará dónde están y cuánto queda de los fondos extraordinarios de Santa Cruz depositados en el exterior.
Actualmente es vicepresidente de la Confederación General Económica de la República Argentina y dice que está en la política como un gesto solidario (“no por un sueldo; es mejor lo que gano en mi empresa”, dice).
-¿Cómo va a enfrentar al aparato político del kirchnerismo?
-Así como enfrenté al aparato radical ahora. Con mucha convicción, al lado de la gente. Caminé Santa Cruz tres veces en 60 días, me entrevisté y escuché a todo el mundo. Con convicción de que se puede cambiar, que se puede construir un futuro muchísimo mejor, que hay que recuperar el desarrollo, el crecimiento y generar fuentes de trabajo. La gente nos pedía que generáramos fuentes de trabajo, nos decía que no quieren que sus hijos vayan a una unidad básica a buscar trabajo.
-En estos días usted habló de un aumento salarial…
-Es que la provincia hoy ya puede dar un aumento a la gente de entre un 15 y un 20 por ciento, de acuerdo con la información que manejamos del presupuesto y el plan de obra. Están dadas las condiciones para que lo hagan.
-¿Está firme la conformación del Frente Cívico y Social?
-Está firme. Lo primero que tenemos que hacer después de la elección interna es juntar al partido y armarnos en esta nueva coyuntura. Todos los radicales juntos vamos a caminar para construir esta concertación con estas fuerzas. Está ARI, habrá que ver el Encuentro Ciudadano, el socialismo, la gente de Sergio Acevedo.
-¿Y qué le aportaría un hombre como Acevedo?
-Yo hablé varias veces con Acevedo. Creo que aporta experiencia. Yo tuve diálogo con muchos peronistas y también con otros actores sociales.
-Si llega a la gobernación, ¿investigará las gestiones anteriores y lo que pasó con los fondos de Santa Cruz?
-Sí, investigaremos. Sobre el destino de los fondos, si disponemos de toda la información vamos a investigar. Además, vamos a transparentar el manejo de la información. Hoy nadie sabe cuánta plata hay: primero se pensaba que estaba acá, después en Estados Unidos, después en Suiza. La gente tiene que saber cuánta plata hay. Un millón más o un millón menos no es poca cosa. Se le debe decir a la gente adónde está la plata y cuánto hay.
-¿Y qué otras cosas reclama la gente?
-La gente reclama que funcionen la salud, la educación, la seguridad, que el ambiente de trabajo público sea más descomprimido. Reclama que no exista la impunidad. También pide una justicia independiente. Estos son los valores. Además, los municipios reclaman soberanía política, y esto significa un cambio en los índices de coparticipación.
-¿Es consciente de que va a enfrentar al presidente Kirchner?
-Siempre ha jugado en todas las campañas y, de hecho, acá lo está haciendo: ya dijo que es buena la gestión del gobernador Daniel Peralta. Analizándolo así, está claro que acá enfrentamos a Kirchner.
-¿Y no le da miedo?
-No, ¿miedo por qué? Miedo, no. El mayor es la gran responsabilidad que la ciudadanía deposita en uno como artífice de un cambio. Cuando un padre de familia te dice: “No quiero que mi hijo siga este camino” o bien la gente de la administración pública te dice: “No queremos trabajar con presiones”. O que la gente pase siete horas en el hospital para conseguir un turno para dentro de 30 días.
-¿Y el actual modelo político?
-El Frente para la Victoria no puede seguir gobernando Santa Cruz. En estos dos últimos años de gestión han perdido cuadros; ya no tienen capacidad para conducir la provincia.
-¿Y usted en dónde buscará los cuadros políticos?
-Yo creo que hay mucha gente nueva que decide incorporarse a la política. Hay una renovación en este sentido, y muchos que estaban en la tranquilidad de la vida privada deciden dar un paso.
-Si Cristina Kirchner es presidenta de la Nación y usted gobernador, ¿no se le complicará la gestión?
-Siguiendo con esa línea, en 2003 se eligió el mismo color político en la gobernación y en la Nación. ¿Y qué pasó? Hubo conflictos docentes, pesqueros… Como dijo Peralta, no funcionan la seguridad, la salud, la educación, hay un caos institucional. Lo fundamental es que la gente que esté en ese lugar tenga capacidad para gestionar. La gente va a votar capacidad de gestión, capacidad para resolver los problemas y para crecer. A la Argentina le convienen provincias donde no haya estos problemas. Tiene que haber capacidad de gestión. Y alternancia en el poder.
Por Mariela Arias
Para LA NACION
Democristianos
La convención nacional del Partido Demócrata Cristiano (PDC) eligió a Carlos Traboulsi nuevo titular de la fuerza hasta 2009 y decidió apoyar la candidatura presidencial de Cristina Kirchner para las próximas elecciones. Representantes de los 21 distritos del país del PDC eligieron al hasta ahora presidente de la fuerza porteña como nuevo titular de la Democracia Cristiana por los próximos dos años.

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