“La oposición no sabe aún cómo enfrentar a Cristina Fernández”


Luces malas que siguen a Cristina

8 de Julio de 2007
La oposición no sabe aún cómo enfrentar a Cristina Fernández. La senadora empieza a diseñar su campaña aquí y en el exterior. El crecimiento económico de estos años es su principal aliado. Pero muchas equivocaciones del Gobierno se le pueden volver en contra.
Eduardo van der Kooy
[email protected]
La candidatura de Cristina le he permitido un respiro electoral al Gobierno. Mauricio Macri se apartó del centro de las miradas políticas con un viaje a París que lo distanció de la victoria en Capital. Fabiana Ríos, la dirigente triunfante del ARI, regresó a su refugio insular de Tierra del Fuego. La oposición parece querer acomodarse a la nueva realidad. La batalla de octubre será contra Cristina, pero también contra Néstor Kirchner. Nada de eso habría ocurrido si el Presidente hubiera optado por la reelección.
Cristina es todavía mucha imagen y mucho silencio. Así seguirá, con seguridad, hasta el día de su proclamación. Pero empezó a aparecer al lado de Kirchner en reuniones vinculadas a los problemas de gestión. Estuvo con el vicepresidente de Bolivia, Alvaro García Linera, conversando sobre el abastecimiento de gas a la Argentina. La crisis energética acosa al Gobierno. Cargará su agenda internacional con visitas a España y Brasil. Regresará a México, donde estuvo hace poco, acompañando al Presidente para firmar acuerdos bilaterales.
Hay algunos debates en el Gobierno que recién se insinúan y otros que aún no pudieron ser saldados. La imagen: ¿Será Cristina una candidata más dócil de lo que fue en sus años de senadora? Difícilmente pueda transformar su carácter vehemente, pero la campaña la obligará a esfuerzos variosAlberto Fernández, el jefe de Gabinete, entiende que lo conveniente consistiría en no dejar vestigios de la administración kirchnerista. Aunque sabe que tendrá un sillón en el poder si Cristina triunfa. “Hablamos de un cambio, de un nuevo tiempo”, señala para cimentar sus convicciones.
¿Querrá Cristina un Gabinete con figuras estelares u otro de medio tono como el que prefirió Kirchner, sobre todo, desde que ganó las elecciones del 2005? Se pueden hacer un par de aproximaciones: la senadora valde Cristina si supera el examen de octubre? ¿Qué cosas mínimas debería hacer para renovar muchas esperanzas que desvanecieron en el último tramo de Kirchner? Habría tres posturas entre los hombres que pretenden darle una respuesta a esas dudas. Cristina aspira a conformar un Gobierno plagado de caras nuevas, donde las que queden del pasado sean sólo imprescindibles. Supone que debe imprimirle de entrada a su gestión el sello personal.
Kirchner asomaría más conservador. Remarca siempre la importancia de los funcionarios que ya tienen experiencia en el poder. “Un buen ministro empieza a conocerse al segundo año”, suele decir. Pero entiende también que esa lógica sería como un corsé para su mujer. Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, entiende que lo conveniente consistiría en no dejar vestigios de la administración kirchnerista. Aunque sabe que tendrá un sillón en el poder si Cristina triunfa. “Hablamos de un cambio, de un nuevo tiempo”, señala para cimentar sus convicciones.
¿Querrá Cristina un Gabinete con figuras estelares u otro de medio tono como el que prefirió Kirchner, sobre todo, desde que ganó las elecciones del 2005? Se pueden hacer un par de aproximaciones: la senadora valora más que el Presidente el género intelectual de cada funcionario. Por esa razón, Kirchner tuvo muchos chispazos con Rafael Bielsa y Roberto Lavagna. Tampoco resulta imaginable que Cristina se inmiscuya en los ministerios clave como lo hace cotidianamente el Presidente. Economía es uno de ellos.
En ese ámbito se están acumulando demasiados conflictos que podrían erosionar las posibilidades de la candidata oficial. Hay conflictos de gestión, pero los hay también de conductas políticas. La inflación de junio fue otra vez del 0,4% y otra vez promovió las carcajadas. Ese índice que mide los precios de Capital y Gran Buenos Aires sería el más bajo del país. Felisa Miceli hizo tiempo atrás un maquillaje en el INDEC con la designación de nuevos funcionarios, pero los resortes de control siguen en manos de Guillermo Moreno. Una perla de la última medición: señala que comer en restaurantes resulta desde el mes pasado un 0,4% más barato y que comprar la comida hecha cuesta un 5,5% menos.
Al secretario de Comercio se le han incendiado muchos papeles. Inauguró su gestión apuntando a indagar en los costos productivos pero parece haber terminado, sin pudores, imaginando los números de cada mes. No está mucho mejor Miceli que, salvo sus anuncios sobre la mejora fiscal, parece participar poco de la vida económica. Para colmo, desde hace semanas está obligada a dar explicaciones por la aparición de una bolsa con dinero en el baño de su despacho. Esas explicaciones se demoraron incomprensiblemente. Esa demora permitió levantar la ola de sospechas y conjeturas. ¿No podría haber dicho Miceli lo que dijo el viernes apenas se supo el entuerto?. No se trata de dudar de sus argumentos: se trata de objetar su comportamiento como funcionaria. Nadie parece haberse ensañado tanto contra ella —como denunció—como ella misma. Difícilmente Cristina, si aspira a establecer una frontera entre lo viejo y lo nuevo que rearme la confianza popular, pueda seguir delegando los quehaceres económicos en funcionarios que exhiben impericia y terquedad. La economía fue puntal de los mejores años de Kirchner. Pero algunas de sus facetas y la necedad política podrían conspirar contra la continuidad kirchnerista. Se mencionó la inflación. Están además los paulatinos estragos que causa la crisis energética.
Recién cuando el agua bordeó su cuello, el Presidente aceptó la existencia del problema. Kirchner se contenta con que las restricciones no afecten a los usuarios comunes. Y garantiza, con audacia, que no habrá apagones ni penumbras en ninguna gran ciudad. Pretende asegurarse un humor social potable cuando se acerque el veredicto de octubre. Los cortes empiezan a golpear duro a la producción. Asciende a seis mil en todo el país el número de empresas afectadas por carencia de electricidad o de gas. Las plantas cesan sus tareas, reprograman trabajo, merma la productividad y suben los costos. En el campo, por la falta de combustibles, denuncian que hay cosechas que están amenazadas. El crecimiento económico cruje.
Kirchner se escuda en la Ley de Abastecimiento cada vez que la crisis recrudece. Moreno forzó un cambio en la cúpula de Metrogas después de que Julio De Vido dispusiera una repentina y fugaz intervención de la empresa. El golpe obedeció a las interrupciones que resolvió Metrogas del suministro a fábricas que poseen contratos que las exceptuarían de esas medidas. Aquella interrupciones se deciden en este tiempo con participación del Enargas y de la Secretaría de Energía. El Gobierno aduce que en este caso tal consenso no existió. ¿Habrán De Vido y Moreno ajustado alguna cuenta contra Daniel Cameron, el titular de área? El Estado debe vigilar que las empresas cumplan todas sus obligaciones y no violenten la ley. Pero el Estado debe ser el primero en no avasallarlas.
Hay muchas cosas que parecieran estar perdiendo el orden. El secretario de Comercio invocó también aquella Ley de Abastecimiento cuando invadió Metrogas. Pero su aplicación, en términos legales, sólo sería factible si en primera instancia se declarara la emergencia del sector. Sería imposible porque significaría admitir la enorme dimensión de un conflicto que no se admite.
La mala fortuna parece merodear a Kirchner en un momento inoportuno. Volvió el frío polar y las lluvias son una nostalgia en la Patagonia. No es sólo la lluvia: el caudal de los ríos de la zona del Comahue viene cayendo suavemente desde hace tres décadas. En esa zona existen varias centrales hidráulicas, dos de las cuales —El Chocón y Piedra del Aguila— deben generar casi 3 mil megas diarios en un sistema cuyo volumen total es de casi 19 mil. Pero la falta de agua en los embalses las tiene paralizadas. No hay registro histórico de una baja de altura tan pronunciada. Los pronósticos tampoco son alentadores: si lloviera dentro de valores lógicos durante este mes o agosto, aquellas centrales podrían retomar su funcionamiento normal para mediados del año próximo. Habrá que pasar el verano y en el verano estará instalado un nuevo gobierno.
Los desacoples en el Mercosur también intranquilizan. La Argentina depende mucho del gas boliviano y del fuel oil que en los momentos críticos envía Venezuela. La pelea entre Hugo Chávez y Lula agregó tensión. Esa pelea se aplacó, pero no nació de la nada. Hay razones políticas y económicas. Lula sospecha de las supuestas ambiciones del caudillo de disputarle el liderazgo en la región. Chávez cree que existen sectores económicos poderosos en Brasil que pretenden estorbar el ingreso de su país al bloque. De allí la demora del Congreso brasileño para avalar la determinación. Caracas tampoco está convencida de la apertura de su economía para adaptarse a los mecanismos del Mercosur. Kirchner hizo gestiones de apaciguamiento directas con Lula e indirectas con Chávez.
Kirchner retomó la iniciativa electoral con la candidatura de Cristina. Pero su Gobierno continúa borroso y rezagado respecto de viejos problemas irresueltos. Aquella candidatura de Cristina correría riesgo de enredarse en esa trampa.
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Cristina Kirchner y las mujeres empresarias

8 de Julio de 2007
Silvia Naishtat
[email protected]
Con el lanzamiento de Cristina Kirchner, Argentina entró de lleno en el año electoral. Algo que ya se siente en la economía: los que toman decisiones, que involucran millones de dólares, están más prudentes y no sólo por las luces amarillas en el área de energía y la inflación.
Pero las opiniones se encienden cuando se pregunta por Cristina Kirchner. Es curioso, mientras en Wall Street la observan con simpatía, ilusionados con cambios; en la Argentina, las mujeres empresarias con poder, que son pocas, se dividen en dos bandos. Coinciden en resaltar su formación y su “merecido” prestigio intelectual. A partir de allí, algunas consideran de que la presidencia le “queda grande” y dudan de su capacidad para el mando. Las otras creen que ya está lista para semejante reto.
Clarín las consultó y esto es lo que dijeron, suplicando el off the record:
Intelectualmente es una mujer preparada, piensa distinto. Creo que puede emprender una gestión diferente y darnos un lugar. Como lo hace en Chile Michelle Bachelet.
Es muy buena oradora pero parecería no estar dispuesta a escuchar. Entiende mejor que su marido la importancia de las relaciones internacionales.
Es exitosa y se armó de una coraza. No se le nota el típico toque femenina en la política como el de Hillary Clinton, de firmeza y calidad humana.
Le tengo confianza intelectual. Me desilusiona la excesiva preocupación por la imagen. Para ser presidenta no hace falta estar cada vez más linda.
La imagen es importante. Claro que no se le pide a una presidenta que sea como una actriz. Ojalá siga la huella de figuras como Indira Gandhi, Hillary o Bachelet.
Habrá transformación y ajustes. Con ella gana la línea Alberto Fernández-Daniel Filmus, en vez de los tradicionales pingüinos.
No creo que haya más mujeres en el gabinete. Tampoco, políticas específicas de género.
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La reelección indefinida y el nepotismo

8 de Julio de 2007
Por Mariano Grondona
La renuncia de Néstor Kirchner al derecho de pretender la reelección y la adjudicación de ese derecho a Cristina Kirchner es, por insólito, un gesto difícil de calificar. Si lo suyo hubiera sido una simple “dimisión” sin condicionamientos, sólo diríamos que el Presidente renunció a la reelección. Pero al renunciar nominó a su esposa, con lo cual lo suyo se parece más a una abdicación , término que alude a la dimisión de un rey en favor de su heredero. Otra vez, sin embargo, “abdicación” no es un término plenamente satisfactorio porque, en tanto que los reyes que abdican no vuelven, Kirchner podría volver en 2011. De este modo, el matrimonio Kirchner queda a mitad de camino entre la república y la monarquía.
Nos cuesta darle un nombre preciso a lo que el Presidente acaba de hacer porque no hay memoria de gobernantes republicanos que hayan “abdicado”. Alfonsín, en 1989, y De la Rúa, en 2001, simplemente renunciaron. El precedente más cercano a la decisión de Kirchner es el caso del gobernador de Santiago del Estero Carlos Juárez, quien “abdicó” en favor de su esposa, Nina, en 2002.
En lo que Kirchner no es insólito, porque sigue a su manera una tradición peronista, es en compartir la presidencia con su pareja. A este fenómeno podríamos darle el nombre de matrimonialismo . El diccionario llama “matrimonialista” al abogado que se especializa en cuestiones matrimoniales, pero podríamos extender esta expresión al hecho de que el peronismo ha considerado la presidencia, más de una vez, un bien ganancial.
Perón y Evita inauguraron esta tradición. El general promovió la candidatura de su mujer a la vicepresidencia, pero se opusieron sus camaradas militares. El matrimonialismo peronista continuó cuando Isabel Perón, que había sido consagrada vicepresidenta en 1973, sucedió a su marido al año siguiente, en ocasión de su muerte.
El matrimonialismo peronista es una expresión sui géneris del ascenso político de la mujer en nuestro tiempo. Antes, las mujeres de los presidentes eran simplemente “primeras damas”, lo cual quería decir que, si tenían una fuerte influencia sobre sus maridos, la ejercían en la intimidad. Después vinieron mujeres que ya no ejercieron una influencia atada a su condición conyugal sino a sus propios méritos. De la inglesa Margaret Thatcher a la alemana Angela Merkel, pasando por la chilena Michelle Bachelet, las mujeres que no deben su posición a ser “señoras de” tienden a multiplicarse.
Las mujeres del matrimonialismo peronista están a mitad de camino entre estas dos categorías. De un lado, son “señoras de”. Del otro lado, apuntan a la cima presidencial. A esta tercera categoría “mixta” pertenecen Hillary Clinton y Cristina Kirchner, con una diferencia: que en tanto que Hillary, que se inició como “señora de”, quiere imponerse ahora por sus propios méritos porque su marido ya no ejerce el poder, Cristina pretende imponerse gracias a que su marido todavía está en el poder.
De la táctica
Aunque los observadores consideraban cada vez más probable que Kirchner ungiera finalmente a Cristina como su sucesora directa desde el momento en que empezó a usar la frase “será pingüino o pingüina”, fueron sorprendidos por el momento que escogió para anunciar su decisión. Cuando las dificultades empezaron a llover sobre el Presidente con el doble impacto de la crisis energética y el amplio triunfo de Macri en la Capital, la primera presunción de los observadores fue que Kirchner demoraría todo lo posible en comunicar al país su opción entre el “pingüino” y la “pingüina”. Y así fue como supusieron que la definición presidencial vendría lo más tarde posible, a fines de agosto, cuando vencieran los plazos legales.
Pero Kirchner sorprendió a los observadores cuando, en vez de demorar su anuncio, lo adelantó dos meses. El adelantamiento obedeció a un solo objetivo: recuperar cuanto antes el centro de la escena.
El poder político consiste, entre otras cosas, en definir la agenda. Cuando irrumpieron casi al unísono la crisis energética y la victoria opositora en la Capital, Macri pasó a ocupar el centro de la escena en lugar de Kirchner. Esto, para un presidente que siempre procuró retener la iniciativa de los comentarios y los titulares, resultó intolerable. Como consecuencia del adelantamiento de su anuncio, hoy ya no hablamos tanto de Mauricio como de Néstor y Cristina. Al menos por un tiempo, el Presidente ha recuperado la iniciativa.
a la estrategia
Si el adelantamiento del anuncio de la decisión de Kirchner puede explicarse con relativa facilidad en función de estas consideraciones, aún falta explicar la decisión en sí misma, lo que cae de su peso no bien se advierte que el Presidente y su esposa no aspiran “sólo” a ocho años de poder.
Si Kirchner hubiera obtenido la reelección para él, también habría iniciado un segundo mandato en cierta forma terminal, porque desde Misiones ya se sabe que los argentinos rechazan la reelección indefinida. Un presidente eventualmente “terminal”, ¿hubiera dispuesto en tal caso de la fuerza suficiente para prolongar su poder más allá de 2011? Un Presidente que aparentemente se retira, en cambio, a cuarteles de invierno como el “primer caballero” de su esposa, ¿no estaría acaso en condiciones de intentar con ella varios períodos alternativos con la inapreciable ayuda del matrimonialismo?
Cuando inspiró la Constitución de 1853, Juan Bautista Alberdi rechazó las reelecciones consecutivas para evitar que el gobernante saliente se convirtiera frente a sus rivales en “el caballo del comisario”. Pero lo que Alberdi no pudo prever fue que el freno a las reelecciones consecutivas podría eludirse a través del matrimonialismo, ya que en su tiempo era impensable el protagonismo femenino que contemplamos hoy. Si lo hubiera anticipado, habría prohibido directamente la reelección de los presidentes a través de sus esposas.
La palabra nepote quiso decir en un principio “sobrino preferido” de un dignatario. En los tiempos en que la palabra se difundió, allá por el siglo XVI, aludía en especial a los “nepotes” de los papas en un momento en que, si la disolución de las costumbres permitían que éstos tuvieran hijos, como lo fue César Borgia del papa Alejandro VI, lo elegante no era llamarlos “hijos” sino “sobrinos”.
La disolución de la Corte papal pasó, pero no por cierto la inclinación de los hombres, eclesiásticos o no, por sus “nepotes” o familiares. Podría decirse entonces que hoy Kirchner intenta eludir la prohibición alberdiana del reeleccionismo con la ayuda inestimable del nepotismo. Primero intentó eludirla a través del gobernador Rovira, cuando éste propuso a los misioneros una reforma constitucional que lo habilitara. Pero los misioneros respondieron con un rotundo No a este proyecto que Kirchner apoyó abiertamente. El Presidente se quedó sin el antecedente que le habría permitido pasar la propuesta del campo provincial al campo nacional. Renunció entonces a impulsar la reelección indefinida de manera directa. Con la opción por Cristina, Kirchner busca ahora el mismo fin por un camino indirecto en dirección de su ambición ilimitada de poder. La candidatura de su esposa se le presenta, por ello, como el sustituto ideal de la fórmula que Misiones sepultó.
Por Mariano Grondona
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Diagraman estrategia para la campaña de Cristina

8 de Julio de 2007
La campaña de Cristina Fernández de Kirchner tendrá un tinte muy similar a la estrategia elaborada por el oficialismo en la elección ganada por la senadora en 2005 en la provincia de Buenos Aires.
La primera dama tendrá presencia diaria en actividades institucionales junto a su esposo, el presidente Néstor Kirchner, y a la vez será la protagonista principal de otros actos especialmente en el interior del país.
En el conurbano bonaerense ya se están diseñando las movilizaciones de partidarios para sostener la campaña que los verá a ambos dirigentes muchas veces por el Gran Buenos Aires.
Los escenarios serán dos: los actos de anuncios de obras públicas con la primera dama como escolta de los discursos presidenciales y los proselitistas propiamente dichos con la candidata como oradora y su esposo en función de acompañante.
La estrategia, que se viene elaborando desde hace muchos meses en la Casa de Gobierno, establece un rol muy importante para Alberto Fernández.
El jefe de Gabinete podría ser el jefe de campaña o tener un rol activo paralelo al de ese cargo, según reveló una alta fuente del oficialismo.
También en los próximos meses, Cristina continuará con sus viajes al exterior, un plan que desarrolló desde principio de este año para su instalación internacional.
El lanzamiento oficial de la campaña se realizará en nuestra Ciudad el 19 de julio, y cuatro días más tarde partirá a España, donde tendrá entre otros eventos una reunión con el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
Ese periplo se extenderá por tres días y precederá a otro que realizará desde el 30 de ese mes junto al presidente al Distrito Federal de México, donde desarrollará una visita oficial.
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Cristina y Scioli, con ventaja en la Provincia

8 de Julio de 2007
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Una medición realizada en la provincia de Buenos Aires poco después de la confirmación de Cristina Fernández de Kirchner como candidata presidencial para octubre determinó que la primera dama tiene una intención de voto del 43%, muy por encima de Elisa Carrió, su inmediata perseguidora. El territorio bonaerense parece próspero para el kirchnerismo: el sondeo arroja que Daniel Scioli, aspirante a la gobernación, alcanzaría el 48% de los votos.
El trabajo fue efectuado por la consultora Management & Fit en doce localidades de la provincia, que consultó a 1.200 personas de ambos sexos.
Aunque el 29% de la gente aún no definió su voto, la muestra arrojó datos concluyentes en favor del oficialismo. Cuando a los entrevistados se les preguntó quién se impondrá en la próxima contienda electoral, el 61% respondió que lo hará el actual Gobierno. Sólo el 27% aseguró que el poder quedará en manos de un candidato opositor y el 12% dijo no saber o prefirió no contestar.
Los encuestadores de Management & Fit hicieron algunas otras preguntas referidas al escenario político actual. ¿Piensa que Mauricio Macri debería postularse a presidente y dejar el cargo de jefe de Gobierno porteño?, se indagó. El 42% contestó que no y el 17% se mostró a favor.
Juan Carlos Blumberg, que hasta no hace tanto aparecía como el dirigente con mayores probabilidades de disputarle el puesto a Scioli, comenzó a perder poder de convocatoria. En este sondeo sólo arañó un 9%.
Ese no fue el único dato negativo para Blumberg. El 48% de los encuestados sostuvo que después de conocerse que no es ingeniero -como él afirmaba- no debería postularse a la gobernación. El 21% contestó que sí y el 31% no supo o no quiso opinar. Los encuestados se mostraron dubitativos cuando tuvieron que definir si Macri le dará el apoyo. Un 34% dijo que sí y un 32% se inclinó por el no.
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8 de Julio de 2007
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El efecto lanzamiento ya se nota en las primeras encuestas de CFK

8 de Julio de 2007
Como ocurre siempre después del anuncio, sus números mejoraron. Hoy ganaría en la primera vuelta, con mucho sobre el segundo.
Por Raúl Kollmann
La primera encuesta hecha después del anuncio de la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner muestra que la primera dama ganaría en primera vuelta con comodidad. Como suele suceder, el anuncio de una candidatura suma al principio tres o cuatro puntos más. Eso la lleva a una intención de voto del 48 por ciento. Proyectado el 11 por ciento de indecisos, la actual primera dama obtendría más de la mitad de los votos válidos emitidos. Roberto Lavagna y Elisa Carrió están en un cabeza a cabeza por el segundo puesto, aunque a enorme distancia de la senadora.
Las conclusiones surgen de un trabajo realizado por Opinión Pública, Servicios y Mercados (OPSM), la consultora que lidera Enrique Zuleta Puceiro. En total se entrevistaron 1100 personas en 65 localidades del país, respetando las proporciones entre grandes y pequeñas, además de edad, sexo y nivel económico-social. La conducción del trabajo técnico estuvo a cargo de Isidro Adúriz, Matías Zaldúa y Gustavo Di Lorenzo.
La intención de voto de Cristina Kirchner estaba en 45 puntos, según los anteriores sondeos realizados por OPSM. El lanzamiento de la candidatura produjo un avance de tres puntos, algo que sucede siempre cuando los postulantes ocupan la tapa de los diarios a raíz de que se los oficializa como candidatos. Ya en la anterior proyección, la senadora Kirchner tenía pronóstico de victoria en primera vuelta, por cuanto el sistema electoral prevé que quien saque más del 45 por ciento de los votos el 26 de octubre, gana sin ballottage. Además, la Constitución prevé la alternativa de conseguir más del 40 por ciento, pero con diez de diferencia respecto del segundo, en cuyo caso tampoco hay ballottage. Hoy por hoy, ningún opositor aparece con posibilidades de acercarse a los 30 puntos, más teniendo en cuenta que irán divididos. La mayoría de los consultores cree que todavía hay demasiados puntos sin aclarar en la oposición y que es posible que alguno de los candidatos –no está claro cuál– termine perfilándose como el principal contendiente del oficialismo. Los encuestadores que hicieron relevamientos en las últimas semanas perciben una baja en la imagen positiva de la gestión de Néstor Kirchner. Algunos hablan de cinco puntos de caída, pero eso no se verifica en la intención de voto, que no sólo depende de los problemas del Gobierno sino del comportamiento y las expectativas que crea la oposición. Hoy por hoy, no despega ninguno de los candidatos que enfrentarán a la senadora Kirchner y, sobre todo, se verifica que no logran hacer pie en los sectores de menos recursos.
El voto
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